“108 senryū”

Después de editar todos mis libros anteriores en formato electrónico, le toca ahora a una novedad: “108 senryū”. Ha salido en papel y en libro electrónico.

Para su edición se contó con un proyecto de financiación en Verkami. No sabéis cuánto agradezco la colaboración de los 53 mecenas.

Ahora, si no pudiste participar en el proyecto y quieres tener el libro, lo puedes conseguir en AMAZON en formato electrónico o, el libro en papel.

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Lo que empezó siendo un proyecto solitario, en el que, al fin, me enfrenté a la rítmica japonesa del 5/7/5, terminó en un trabajo a cuatro bandas con Sebastian Fiorilli, Pedro Díaz del Castillo y Alfonso Arias.

Pedro Díaz del Castillo ha maquetado el libro, le ha añadido unos hermosos sellos creados por él, Sebastian Fiorilli ha dado el toque más senryū a los poemas originales, con una ironía y sorpresa en su vídeo que son el alma de un senryū y  Alfonso Arias  envuelve el ambiente de exotismo susurrante. Y con la guinda de un prologuista de excepción, Álvaro Muñoz Robledano.

El núcleo inicial fueron mis poemas, 108 senryū que como escribo en el prólogo “Desde hace más de veinte años viajo a Japón con frecuencia. Fui como comerciante, …, a las veinticuatro horas estaba enamorado de Japón y ese amor y admiración, con algunos matices, ha continuado hasta ahora.

Los paisajes, la comida, los onsen (balnearios), el sake y el sochu, su educación exquisita aunque turbadora —allí hasta una puñalada se da sonriendo— y sus mujeres. En fin, que a los pocos años de viajar a Cipango, estaba casado con una mujer de Nagakute y tenía suegros y sobrinos japoneses. Naturalmente, siendo poeta me interesé por su poesía” y me ha costado muchos años enfrentarme al ritmo-estructura de sus poemas basados en versos de cinco-siete-cinco sílabas. “La posibilidad de decir algo coherente y bello en tan poco espacio era un reto para un español que necesita y gusta de muchas palabras para decir algo o nada. Esos poemas eran como la gota de perfume que se obtiene después de macerar una buena cantidad de rosas. El haiku, qué hermoso nombre, de Basho, Issa y otros clásicos habla de la naturaleza en cuatro pinceladas y produce con sus tres versos un fuerte impacto estético. Pero a decir verdad, lo sentía lejano, algo natural puesto que nuestra cultura y nuestra forma de ver la vida es muy diferente a la de los japoneses.”

“En el haiku está el zen, el vacío —aunque no hay que confundirlo con el vacío nihilista de Occidente. Cuando el poeta habla de la luna llena que se refleja en un estanque, la luna no es luna ni el estanque es estanque, tampoco el poeta existe. Él se ha fundido con la luna, es luna y la luna es él mismo. El poeta se hace uno con la naturaleza.

Y ¿entonces qué hacer para trabajar con ese ritmo-estructura tan breve y sugerente? Afortunadamente, la literatura japonesa me ofreció la solución. Existe un poema con la misma estructura y ritmo que el haiku, que se ajusta más al pensamiento occidental. Es el llamado haiku humano o haiku de los vulgares y de forma mucho más bella senryū (sauce de río). El senryū es tan breve como el haiku, no utiliza herramientas retóricas que no están a nuestro alcance y permite hablar de las miserias y grandezas humanas sin desvanecer la voz del poeta.

Los ciento ocho poemas que se recogen en este libro, son fundamentalmente senryū, aunque alguno de ellos se pueda aproximar a un haiku – yo también tengo momentos místicos. Son ciento ocho porque ciento ocho son los pecados budistas y las campanadas que se tocan el día de fin de año y éste es el periodo de tiempo que he dedicado a esta obra”.

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17 sílabas

Y a este núcleo, un libro, se unió la creatividad de Sebastian Fiorilli y Alfonso Arias para crear un vidoclip resumen del libro. Este vídeo viene incluido en el libro a través de un código QR.

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Fénix

 

 

Poesía 2000-2006

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Ya tenéis a vuestra disposición “Poesía 2000-2006”. Lo podéis encontrar en Amazon haciendo click en la portada. Es un libro de poemas de 110 páginas re-editado en formato Kindle. Como casi todos mis libros, está dividido en 3 partes: Cuatrocientos Versos, La Línea de Fractura y El hombre en el Zaguán, más un poema largo donde balbuceo sobre un lugar llamado Utopía.

Podéis acceder a un avance del libro en los vídeos siguientes:

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PRÓLOGO

En seis años hay muchos días, llenos de horas, que hay que transitar siempre con uno mismo. A veces las palabras se reúnen como al azar, se comunican entre sí, se llaman, quedan, hacen cosas juntas. Y hay quien compila esas reuniones, las desentraña de su ser, adecenta y expone. Entre las manos del lector cuatro libros de encuentros.

He utilizado la palabra compila, pero muy bien podría haber usado esta otra más sugerente: constela. Porque a pesar de las diferencias temáticas entre los cuatro conjuntos de textos, todos ellos gravitan en un delicado equilibrio respecto a los demás. Quizá por esta división, aunque abarcan un lustro, es difícil apreciar una evolución. Si bien, se puede intuir una tendencia, o más bien una tensión, hacia la prosa poética en detrimento del verso. Esa pulsión, ese querer contar, va empujando los poemas hacia el relato. Se produce entonces un maravilloso equilibrio entre lo lírico y lo narrativo que dota a los versos de una suspensión, de un estatismo orientales; esta impresión la acentúan ciertas imágenes que, por su detallismo y belleza inconmovibles, viajan hacia el imaginario japonés.

Y es que lo oriental es un sol hacia el que crece esta poesía. Sembrada en una suerte de placidez rítmica, un tempo que invita al paladeo, a la meditación, a un tipo de sabiduría antigua que germina desde la observación y el auto-análisis, desde la conciencia del otro. En algunos poemas es evidente y en otros aún incipiente, pero en todos hay algo de esa serenidad de lo que fluye, la sensual rueda de los cuerpos en su eterno estar siendo con las palabras que en el poema se detienen. Es en La línea de fractura donde más observable resulta esta circularidad, que en este caso viene a ser un camino hacia lo Uno por el reverso de lo erótico.

No sé si por influencia oriental también le viene la línea filosófica, de cuestionamiento existencial, que despunta en El hombre en el zaguán. El hombre duda ¿sale o entra? ¿se puede permitir seguir esperando? Esta línea ya existía en otro poemario, Diccionario de días (1999), aquí inseparable de otra reflexión –idéntica, en realidad– sobre la creación poética. Parece que en estos versos las preguntas por qué escribo y por qué soy son la misma pregunta. La memoria interfiere en el presente, no lo deja ser futuro. Y sólo queda la imaginación como forma de proyectarse en él, apoyado en el quicio de una puerta, la imaginación y el futuro, el pasado y la memoria, y una pregunta que se repite envuelta en distintas palabras.

Sin embargo, cuando la pregunta nace de la injusticia, de la observación del mal ya no hay tantas dudas. Es aquí donde brotan el otro lado del mundo y del hombre. Y puede que ésta sea la mayor originalidad de Rafael Pérez Castells: toda la espiritualidad no evita que sea un hombre tenazmente comprometido. Hay denuncia en Cuatrocientos versos, con crudeza y sin piedad. Y hay denuncia, pero también esperanza, en esa exquisita rareza que es En busca de una isla habitada. Un sueño utópico, una tierna invitación a la rebeldía, canto a la imaginación como productora de realidades… Hubo un tiempo en que por estas cosas a los poetas los desterraban. Cuando uno pensaba que no quedaban utopistas, sólo sueños, se encuentra un hombre que cree en los sueños y además los canta.

Pero si hay una cualidad destacable por encima de cualquier otra –y que no tiene precio– es que la lectura transpira sinceridad. Estas palabras no son un escudo tras el que se esconde nadie. Más allá de densidades formales y recursos, cuando el poeta es capaz de convertir la ficción poética en expresión sincera, cuando la expresión y lo expresado son un solo jirón que la voz ata a su mástil, entonces el lector navega. Entiéndase, no se tratar de negar la sinceridad de otros estilos, sino de rastrear las marcas que deja en éste concreto. Se infiere de un lenguaje pulcramente sencillo; se escucha en cadencias tranquilas, pausadas, capaces de trasfundir tiempo y espacio en una sola irrealidad. Se explica en ese querer contar, voz reencarnada de cadenas de generaciones de bardos y visionarios. Se revela cuando la imagen es luminosa, aunque natural en sus términos, porque entonces es cuando el poeta está rozando su máxima aspiración con los dedos, la de re-originar la aparición de la palabra: y el mundo se re–crea al ser nombrado.

Instantes recreados con la paciencia, la destreza del que poda los bonsáis, con la devoción del que colecciona retiradas, con el asombro del que se creía mayor para volver a creer en el espíritu del árbol ante el cual la muchacha se detiene y reza.
Son seis años llenos de viajes al otro lado del mundo, de segundos, trayectos en los que al volver puede no reconocerse nada, de minutos, esperas en terminales, de horas y la soledad de un hotel, de días viviendo sólo del recuerdo. Pero también años de días enteros de una felicidad que ya parecía imposible, de paredes de papel y cojines sobre el suelo, de minutos detenido porque la belleza lo alcanza, ramas que se mecen sólo para su mirada durante un segundo.

Antonio Rómar.

Diccionario de días

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Ya tenéis a vuestra disposición Diccionario de días.  Lo podéis encontrar en Amazon haciendo clik en la portada. Es un libro de poemas de 64 páginas re-editado en formato Kindle. Está dividido en 3 partes: viajes, amor y soledad, en las que encontramos poemas como Jet lag  , Lunes o Sin argumentos.

Un jurado presidido por D. Ángel González y compuesto por D. José Manuel Caballero Bonald, D. Jesús García Sánchez, D. Luis Tejero, D. Basilio Rodríguez Cañada, D. Felipe Benítez Reyes y D. José Ramón Trujillo concedió a este libro el Premio Sial de Poesía 1999.

Podéis acceder a un avance del libro en los vídeos siguientes:

 Sin argumentos

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PRÓLOGO

La poesía de Rafael Pérez Castells rezuma cosmopolitismo. El cosmopolitismo de su libro anterior, “La torre dinamitada” (1997) es, o así lo creo yo, culturalista, y no se diferencia del que aparece en los poemas de muchos compañeros suyos de generación.

El cosmopolitismo de este “Diccionario de días” es, sin embargo, completamente biográfico, como lo era el Paul Morand – lo que no quiere decir en absoluto que la poesía de Pérez Castells tenga que ver con la de Morand. La primera parte de este nuevo libro se titula, “ Días de viaje”, y en ella Rafael guía nuestros pasos por Japón, Singapur o Damasco. Nos habla del comercio moderno, que, en lo esencial, es el de siempre, y nos ofrece, entre otras maravillas, una desconcertante y muy poética reflexión sobre el jet lag. En estas primeras páginas, hay favelas y parques de atracciones, modernos edificios de negocios y mercados callejeros. Hay pasado y hay presente, y todo lo contempla Pérez Castells con los ojos de quien se ve obligado a viajar, no con los de quien viaja porque sí o porque viajar está de moda.

Poesía dura, sin concesiones, la de Rafael Pérez Castells, que continuamente se pone a sí mismo bajo la luz de un potente foco, para iluminar los pliegues más recónditos de su espíritu. Poesía introspectiva y, en consecuencia, muy a menudo, poesía desolada, en la que algunos recursos generacionales (la conmiseración, la ironía) son como licores fuertes que se administran sin rebajar su graduación.

Rafael Pérez Castells quiere, por medio de su poesía, ponerse de acuerdo consigo mismo y con el mundo, o, al menos, reconocerse, que viene a ser la condición necesaria para lograrlo. En este sentido, como se sabe, el ejercicio de la poesía puede obrar milagros o resultar del todo inútil. Pero, mientras tanto, en el empeño, lo que sí consigue Pérez Castells es conmover a sus lectores con un puñado de hermosos poemas, que es a lo máximo que puede aspirar cualquier poeta. A mí, por lo menos, me ha emocionado la lectura de muchas páginas de “Diccionario de días”, porque en ellas he encontrado grandes dosis de verdad y un vigor expresivo poco frecuente.

Julio Martínez Mesanza.