La física se ha dedicado a estudiar cómo funcionan las cosas. La física cuántica se especializó en estudiar el microcosmos, con la esperanza de entender el Universo. Se definieron cuatro fuerzas elementales: las dos fuerzas nucleares, la fuerza electromagnética y la gravedad. Nuestro conocimiento ya nos permite manipular en cierto grado las tres primeras y, a no mucho tardar, aprenderemos a manipular la gravedad.
Imaginemos que nuestro grado de conocimiento se desarrolla hasta el punto de que fuéramos capaces de manipular las cuatro fuerzas a escala ahora inimaginable: detener o controlar la evolución de nuestra estrella, plegar el espacio-tiempo. Todo esto es, por ahora, ciencia ficción, pero no olvidemos que la literatura de ciencia ficción es realmente literatura de anticipación. Estoy convencido de que esos logros se conseguirán en nuestro planeta o en cualquier otro de los habitados, donde es posible que ya lo hayan hecho.
Es decir que la inteligencia, la consciencia y la voluntad podrían influir de forma determinante en la historia del Universo o de los universos. Por eso pienso que las fuerzas elementales están incompletas, al menos falta una que en el origen del Universo no existía, pero que aparece a lo largo de su evolución. Y es la consciencia, que cuando nace la vida nace con ella y posee inteligencia y voluntad. Esta quinta fuerza, en un principio de efectos insignificantes, crecerá, crece exponencialmente a medida que la consciencia de un ser vivo aumenta, y el número de seres crece, hasta crear sociedades, civilizaciones y civilizaciones conscientes. Y partiendo de la certeza de que en el Universo hay abundancia de planetas con vida y, con la misma certeza, de planetas donde la consciencia apareció y se desarrolló, es más que posible que esa consciencia, en algunos de ellos, ya esté influyendo en las cuatro fuerzas elementales de la física. Estas razones me hacen pensar que habría que incluir una quinta fuerza en el pensamiento cuántico. En mi poema “la fórmula” ya apunté la idea que ahora intento desarrollar.
Esta fuerza sería la Consciencia Universal y no me resisto a buscarle una fórmula, que aunque no afecta a mi idea, viste mucho.

donde:
C: Consciencia Universal.
P: Número total de planetas en el Universo.
Hi: Número total de habitantes en el planeta i.
σi,j: Nivel de consciencia individual del habitante j en el planeta i.
Para que sea más fácil de entender, podemos dividir la ecuación en sus dos componentes:
- Consciencia Planetaria (Cplaneta): representa el sumatorio de las consciencias de todos los individuos que residen en un planeta específico.

- Consciencia Universal (C): es el sumatorio de los resultados de cada planeta y los suma entre sí.

Podemos completar la fórmula añadiendo algunos factores de corrección, la consciencia individual de dos individuos no es lineal, cuando pensamos en equipo, la suma de nuestros conocimientos es siempre mayor que la suma aritmética de los conocimientos individuales, lo mismo ocurre con la consciencia, por lo tanto, añadiría un factor de sinergia (γ). También se podría considerar la consciencia no biológica, la hipótesis Gaia, pero como me cuesta creer en ella, no la incluiré. Para introducir el factor de sinergia (γ), debemos transformar la suma lineal en una función donde la interacción entre las partes genere un valor añadido. En sistemas complejos, la sinergia implica que la consciencia colectiva crece de forma no lineal (exponencial o multiplicativa) a medida que los individuos se conectan.
Con el factor de sinergia, la fórmula quedaría así:

donde γi es el exponente de sinergia planetaria. En lugar de una suma simple, elevamos el sumatorio de los habitantes de un planeta a una potencia. Si γi = 1, la consciencia es puramente aditiva. Si γi > 1, existe una resonancia colectiva (el grupo es más consciente que la suma de sus individuos). Esto se conoce como la inteligencia de enjambre.
Y, por último, también podría ocurrir una sinergia entre los planetas conscientes a través del cosmo. Para incluir esta posibilidad, introducimos un factor de sinergia universal (γu) que multiplica la suma de todos los planetas. De esta manera, la Consciencia Universal sería:

Disculpa querido lector de mi página, buscas versos y te ofrezco fórmulas. Fórmulas que presentan varias dificultades, la primera es cómo medir sigma, la consciencia individual, la segunda es determinar o relacionar el valor C con su efecto sobre las fuerzas elementales. Desde luego no son lo más importante de mi argumentación ya que, al fin y al cabo, lo que intenta decir es que en algún momento se despertará una consciencia universal capaz de dominar a las primeras cuatro fuerzas elementales, capaz de gobernar el Universo.
Y, para mí, lo trascendente es saber qué sentido tiene el nacimiento de la consciencia en el Universo. El Big Bang se expandió como una energía informe, en la que ni siquiera había átomos, era un plasma caótico del que surgió una primera organización de la masa y la energía, el primer átomo, el hidrógeno y, a partir de él, todos los átomos que Mendeleiev recogería en su famosa tabla. Y de esos átomos nacieron las estrellas, los planetas, las galaxias… el Universo que ahora vamos desentrañando.
Esa perfecta organización que mantiene unidas las piezas de un sistema planetario o de un cúmulo de galaxias, surge de un estado cuántico inicial que es puro azar y de ese azar en lo microscópico nace en lo macro una organización perfecta, que hace pensar a muchos en un plan establecido por un Dios omnipotente.
Yo no creo que ese Dios exista (y no me refiero a los centenares de dioses creados por los seres humanos para escapar del terror que nos produce nuestra mortalidad ), porque un ser omnipotente que creara un ser consciente, consciente de su fragilidad y su segura muerte, sería un Dios omnipotentemente sádico. Y, sin embargo, es indudable que lo que aparece en el Universo, sus cuatro fuerzas elementales, por ejemplo, tiene una razón, una función determinada: juntar las partículas subatómicas para que aparezcan átomos, y después estrellas, estabilizar los sistemas planetarios, y así sucesivamente hasta llegar a la inimaginable dimensión del Universo actual.
Y, en este Universo aparece la consciencia, que considero una quinta fuerza elemental nacida de las otras cuatro fuerzas, nacida para algo que, sin duda, es tan trascendente como la función de las otras fuerzas. Un Dios omnipotente no necesita nada que lo complete, ninguna compañía que lo entretenga, y, si la creara tal como la conocemos y sufrimos, sería, como ya he dicho, de un sadismo infinito. Si la consciencia nace y crece y se extiende en la miriada de planetas habitados, es seguro que tiene un sentido en la evolución del Universo, que “le sirve” para algo, porque lo que no sirve para nada no existe o se extingue.
En mi opinión, el Universo “quiere” ser consciente y nuestras pequeñas consciencias son los escalones que formarán la gran consciencia universal. Solo a través de la vida el Universo podrá ser consciente. Hay creencias que pregonan que lo insensible, los cristales, los planetas, las estrellas son conscientes, en fin, que el Universo ya es consciente. Es Dios. Entonces, para qué originar vida consciente, con voluntad para hacer. Insisto, sería de una crueldad inconcebible, innecesaria. Lo inerte no es consciente, la consciencia solo es posible en los seres vivos. El Universo inerte sería una placenta donde se gesta la consciencia.
La consciencia no crece solo con el número de seres conscientes, es necesario que esos seres aumenten su consciencia, pues el saberse vivo no es suficiente, es necesario saberse vivo y conocer la razón de esa vida y aceptar que aunque nuestra consciencia individual, por muy poderosa que pudiera llegar a ser, se extinguirá cuando se disgreguen nuestros átomos. Dejará sitio a nuevas consciencias, en cuerpos nuevos que suban un escalón más en esa escalera hacia la Consciencia Universal. Ser conscientes se logra con gran esfuerzo, porque requiere de un exigente y tenaz entrenamiento mental, y de una gran generosidad por saber que nuestro esfuerzo no repercutirá en nosotros mismos sino en la abstracta Consciencia Universal.
Esos seres conscientes y generosos formarán sociedades conscientes que evolucionarán a civilizaciones conscientes. Se podría pensar que tanta generosidad no es propia de un ser vivo condenado a muerte, que es mejor el carpe diem, quemar las velas y los prostíbulos y las tabernas, disfrutar hasta morir de tanto disfrute porque eso es lo que te vas a llevar ¿ A dónde?
En realidad no se trata de generosidad, sino de la única forma de que las civilizaciones sobrevivan, porque, como ya he dicho, lo que no tiene utilidad en el Universo se extingue. Y las civilizaciones no conscientes no la tienen. Se extinguen de diversas formas, matándose en guerras absurdas por conseguir un trozo más grande de la tarta, bien sea de su planeta o de una confederación interplanetaria, o agotan sus mundos hasta hacerlos inhabitables y desaparecen con ellos como lo hace una estrella que termina su vida y deja un agujero negro que lentamente libera su energía y su materia para que sea mejor utilizada.
“seremos conscientes
para que nazca el Ser
que hubiéramos querido
como nuestro creador”

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