Rage, rage against the dying of the light

Me permito traducir este impactante poema de Dylan Thomas y si pincháis en la foto escucharéis la tremenda fuerza poética en su voz.

Do not go gentle into that good night

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

From The Poems of Dylan Thomas, published by New Directions. Copyright © 1952

No entres gentilmente en esa buena noche

No entres gentilmente en esa buena noche,
la vejez debería arder y delirar al final del día;
rabia, rabia contra la muerte de la luz.

Aunque los sabios, al final, saben que la oscuridad es lo correcto,
porque sus palabras no habían escindido ni un rayo, ellos
no entran gentilmente en esa buena noche.

Los buenos, antes de la última ola, lloran vivamente,
sus frágiles actos podrían haber bailado en una verde bahía,
rabian, rabian contra la muerte de la luz.

Los salvajes que atraparon y cantaron al sol en su vuelo,
y aprendieron, aunque tarde, que le ofendieron en su camino,
no entran gentilmente en esa buena noche.

Los serios, cerca de la muerte, que ven con ciega mirada,
los ojos ciegos que podrían brillar como meteoros y ser alegres,
rabian, rabian contra la muerte de la luz.

Y tú, mi padre, allí en la triste altura,
maldíceme, bendíceme ahora con tus feroces lágrimas, te imploro.
No entres gentilmente en esa buena noche.
Rabia, rabia contra la muerte de la luz.

 

Takuboku en Kushiro 

Ishikawa Takuboku 

 


Llegamos a Kushiro al anochecer, aunque hacía frío y llovía salimos a pasear para ver las luces del muelle. Tengo la memoria de Dory (Buscando a Nemo) y sólo cuando me di de bruces con su estatua, recordé que mi amado Takuboku estuvo aquí. Este poeta japonés, tuvo una vida breve, murió con 26 años, aún así escribió hermosos poemas que le hicieron inmortal.

 

Puerto en la noche

Ishikawa Takuboku quiso vivir de sus versos y así le fue. Cuando comprobó lo imposible de su empeño y ante la premura de alimentar a su esposa y a su hijo, abandonó Tokio y se fue a Hokkaido donde trabajo como periodista en varias ciudades. En Kushiro apenas vivió 6 meses y en invierno, a principios del siglo XX esta ciudad no debía ser muy confortable en los meses fríos, todo se cubre de nieve y el mar se hiela.  Allí trabajó para el Kushiro Shinbum, el periódico local. Para Takuboku, Kushiro era el destierro, pero como poeta, sublimó su desesperación en hermosos tanka ( poema compuesto de cinco versos de 5/7/5/7/7 moras) y en los brazos de su amante. Que se sepa, al menos, tuvo dos en la isla de Hokkaido. De Kushiro se llevó una tuberculosis que acabaría con su vida.

Edificio del periódico Kushiro Shinbum

En Kushiro, Takuboku escribió veinticinco tankas, he traducido 8 de ellos con la ayuda de mi mujer, Mine Kawakami. Traducir poemas de otros idiomas siempre es reescribir el poema, pero si es del japonés el tema se complica aún más. Hay traducciones de los poemas de Takuboku al inglés que podría haber utilizado, sin embargo una doble traducción, con seguridad, hubiera generado unos versos que con suerte se parecerían a los del autor en el título y, en este caso, ni siquiera tienen título.

Puente sobre el río Kushiro

La ciudad de Kushiro le ahijó y por toda ella hay referencias al poeta, la Avenida Takuboku, el parque donde iba a llorar su destierro, la casa donde trabajaba su amante, el edificio del periódico, el puente que cruzaba a diario…en todos esos lugares se pueden encontrar monolitos o carteles que recuerdan su presencia. Yo creo que los alcaldes de Kushiro no han leído a Takuboku, si lo hubieran hecho sabrían que detestaba este lugar y probablemente no sería su hijo predilecto, o a lo mejor ellos también lo detestan.

I

En el mar del norte,
los niños que persiguen
a las ballenas
son admirables. Se alegran
al vislumbrar los témpanos.
 
II

Tomando sake
en un lejano país
del fin del mundo,
lagrimas de tristeza
son como las del sake.

 III

Recién llegado
estoy en la estación
del fin del mundo.
La nieve ilumina
la ciudad melancólica.

 IV

La tinta helada.
La acerco al fuego exiguo.
Saltan mis lágrimas
bajo la tenue luz
que ilumina la mesa.

 V

Sobre la cima,
escuchando el oleaje
del mar lejano,
absorto en su sonido
estoy pensando en ti.

 VI 

Como un insecto
que es amante del fuego,
voy a la casa
cálida e iluminada
de forma habitual.

 VII

En la bahía
no hay olas en febrero,
pintada de blanco,
los barcos extranjeros
oscilan suavemente.

 VIII

Como si fueran
los dioses encarnándose
en la distancia,
así, los montes de Akan
en la nieve amanecen.

Taducción libre de seis poemas de Brian Patten

 

Hay poetas cercanos, todos los tenemos. Alguno bien pudiera ser hermano de versos que no de sangre y, sin embargo, más hermano que los que llevan tu apellido. En mi caso  Ángel González, Jaime Sabines, Brian Patten, Neruda, Thomas, Dámaso Alonso, Biedma, Álvaro Muñoz-Robledano y tantos otros.

Hace algunos años traduje seis poemas de uno de ellos, Brian Patten que os ofrezco para que los disfrutéis, cada uno es sorprendente y de una fuerza poco común.

Os aconsejo escuchar su voz: “La voz de Brian Patten

A TRAVÉS DE TODO TU RAZONAMIENTO ABSTRACTO

De regreso una tarde a través de campos desiertos,
cuando los pájaros, adormilados en su sueño
lo tienen todo pero te han olvidado,
te paras, y por un momento te estremeces vivo.

Algo ha pasado a través tuyo
que altera e ilumina: O,
la comprensión de lo que se ha ido y era real.
Un mensaje desolado y sin cifrar susurra
a través de todos los nervios.

“Te preocupaste por ella, por amor te preocupaste”

Algo ha pasado un dedo
por todo tu razonamiento abstracto.
Del amor te protegiste fuera del amor
pero seguía filtrándose la parte humana,
tú, aturdido y desequilibrado.

Desprevenido, golpeado tan repentinamente por la identidad de otro,
¿cómo puedes aferrarte a alguna revelación?
Te has movido con demasiado cuidado por tu vida
¡La luz dentro de ti siempre está cubierta
por tus propios dedos protectores!

PIEZA DE BAILE

Él dijo:

“Quedémonos aquí
ahora que este lugar se ha quedado vacío
y practiquemos entre nosotros dulce pornografía
mientras los invitados se van
y entra el amanecer
con el sigilo de un extranjero.

No vacilemos
por lo que sabemos
o por lo frío que se ha vuelto este lugar.
Desenganchemos nuestras mentes
y dejemos revolcarse libremente
al loco, descuartizado cocodrilo de amor”

Así hicieron,
y después él tomó un autobús y ella un tren
y todo lo que había entre ellos, entonces
fue lluvia.


NO HAY TAXIS LIBRES

Es absurdo no saber
adónde ir.

Te vistes las calles como un abrigo.
Ciertas casas son amigas, ciertas casas
no pueden visitarse nunca más.
Todos los viejos líos de amor acechan en los portales, detrás de las ventanas
Las mujeres envejecen. La dejadez florece.

Has rechazado numerosas invitaciones,
dejado a los teléfonos sin respuesta, dicho “No”
a los pocos que te necesitaron.
Encallado en una isla de tu propia invención
has apartado mensajes, anhelos.

Qué inútil es saber que donde quieres ir
es ningún sitio concreto.
Los trenes no te llevarán allí,
Los autobuses rojos pasan deslizándose sin parar,

no hay taxis libres.

UNA BRIZNA DE YERBA

Pides un poema
Y te ofrezco una brizna de hierba.
Dices que no es bastante.
Tú pides un poema.

Yo digo que esta brizna de hierba lo será.
Se ha vestido de escarcha,
Es más inmediata
Que cualquier imagen que se me ocurra.

Dices que no es un poema,
que es una brizna de hierba y la hierba
no es lo suficientemente buena.
Te ofrezco una brizna de hierba.

Estas indignada.
Dices que es demasiado fácil ofrecer hierba.
Es absurdo.
Cualquiera puede ofrecer una brizna de hierba.

Tu pides un poema.
Y así, yo te escribo una tragedia
Sobre como una brizna de hierba
Se vuelve más y más difícil de ofrecer,

Y sobre como a medida que envejezcas
Una brizna de hierba
Se vuelve más difícil de aceptar.

VESTIDA

Vestida eres una criatura diferente.
Vestida eres discreta, educada y llena de amistades.
Vestida eres casi seria.
Hablas del mundo y de todos sus desastres
como si de verdad te conmovieran.
Vestida prolongas las ilusiones.

Los guardarropas están llenos de tus disfraces.
El vestido para ser desabrochado sólo en la oscuridad.
El vestido que siempre parece se te fuera a caer.
El vestido no-me-toques, el vestido qué-caro,
el vestido que se arroja sin cuidado.
Vestida eres una criatura diferente.

Te indignan las miradas que te echan,
los ojos que gatean sobre ti,
que se alimentan de los fragmentos que has permitido
estar desnudos.
Vestida estas prisionera de las etiquetas,
encapsulada en las modas.
Vestida eres una criatura diferente.

Con la misma facilidad que en los dormitorios,
en los campos ensuciados de cascotes
los vestidos se te caen.
En el cuarto trasero donde nunca llega la fiesta
Los vestidos se te caen.
Con ayuda o sin ella, zafia o fácilmente,
Los vestidos se te caen y entonces
Se te caen todas las flores de pacotilla.
Desnuda eres una criatura diferente.

A TIEMPO POR UNA VEZ

Estaba sentado, pensando en nuestro futuro
y de cómo había superado la amistad
tantas noches hinchadas de pena.

Estaba sentado en una habitación que daba a un jardín
y me invadió la calma,
la amargura me abandonó.

Estaba tan cerca del paraíso como difícilmente volveré a estar.

Estaba pensando en el caos
que nos habíamos causado el uno al otro
y era increíble que hubiéramos sobrevivido.

Estaba pensando en nuestro futuro
y en lo que haríamos juntos
y adónde iríamos y cómo,

cuando llegó la noche
enterrándome poco a poco
y tú entraste en la habitación

temblorosa y con el rostro solemne,
a tiempo por una vez.