Falsa calma

¿Qué hay bajo esa montaña cubierta por el bosque?

¿el corazón ardiente de un volcán?

y bajo el mar en calma

¿no habrá un maelstrom agazapado?

Nunca tuve la paz y la belleza

que me rodean hoy en día,

sin embargo mis sueños repiten su argumento,

y cada noche pierdo a alguien que amaba

en la estación o el aeropuerto

de esa ciudad sin nombre,

que me recuerda a otra

en la que alguna vez estuve.

Después deambulo por sus calles

perseguido por mafias tenebrosas.

Noches de marejada,

de trenes que no alcanzo,

¡qué extraños sueños cuando vivo días

de calma y de belleza!

Ayer soñé que huía de una casa

donde un gurú hablaba a sus devotos.

Mientras cruzaba el jardín escuché

sus murmullos, sus ojos empujándome,

echándome a la calle para dejar constancia

de que yo no era el que me iba.

Y siempre soy el que se va,

el que se pierde en calles atestadas,

donde la soledad es más palpable,

donde vislumbro el velo que separa

lo real de la verdad.

Noches de marejada

en las que finjo no entender,

estos días de calma y de belleza

no invitan a rasgar el velo,

porque hay quien dice que el que lo hace 

deja de ser mortal.

Siameses

a ti

Tu sonrisa

 y el brillo de tus ojos

 delatan a la gata

 que juega con su presa.

 Y yo acepto el envite,

 me gusta ser el topo

 que acepta su destino.

 Más tarde cambiaremos los papeles

 y seremos los dos

 cazadores y presas.

 Es difícil, da vértigo

 investigar las raíces del amor,

 puede ocurrirte como al matemático

 que pretendió encontrar

 los sólidos cimientos de su ciencia

 y, al no encontrarlos, se perdió a sí mismo.

 Es menos arriesgado

 sentir y no pensar

 que estás sintiendo.

 Soy adicto a tu piel

 y no me importan los motivos,

 porque cuando tus ojos se entrecierran

 y el placer descompone tus facciones,

 siento que ya no soy

 y pienso

 en la complicidad de los siameses,

 dos cuerpos compartidos que son uno.

 Es un suspiro, tan breve, un instante

 del que me quedaría suspendido

 toda una eternidad.

 A veces es más sabio

 no tratar de entender con la razón,

 pues solo lleva a la locura.

 Intuyo que sentirte es suficiente

 y con ello me basta y me conformo. 

El mal y el bien

Alguien me dijo «el mal siempre derrota al bien, 

el mal anida en nuestro corazón, 

aunque sea una esquirla,

una esquirla minúscula 

clavada en él”

Y ¿quién la dejó allí?,

porque yo os aseguro que no lo hice en el mío.

¿Quién soy para juzgarme

cuando alguien puso en mí el bien y el mal?

Pero me engaño,

porque sé que ambos conviven conmigo

y puedo y debo hacerlo,

aunque no me apetezca hurgar

en la esquirla que crece en mi interior.

Y este miedo, este pánico

a levantar la costra de mi herida,

me hace pensar que

para saber del mal, también del bien,

hay que indagar lejos, tan lejos

como están las estrellas

que nunca brillarán en nuestra noche.

Ambos están unidos allá afuera, 

pero también tan cerca, 

que si mis manos – como espadas –

me desventraran, los sorprenderían 

amorosamente encamados

en mi sangre, en mis músculos,

en ese corazón del que decimos

que es bueno o malo y es las dos cosas al tiempo.

El Libro dice que somos a imagen

y semejanza de un Dios compasivo,

como yo soy a veces,

pero si somos semejantes,

Él también debería ser vengativo y cruel

o quizá lo diabólico

es otro Dios hermano

que en una guerra fratricida,

nos infectan con odio y con amor.

Todo parece ser un desatino,

demasiado perverso y complicado,

como una espada colgada de un pelo,

cuando se necesita una navaja

para afeitar la barba de los dioses.

Del caos nacimos,

buenos y malos 

pero conscientes.

Ya iremos aprendiendo,

nosotros solos,

que lo correcto es necesario,

será mucho más fácil 

sin la letal influencia de unos dioses

improbables, que nadie ha visto

y casi todos dicen

que de ellos saben.

Locura

“Hay un Dios que nada se asemeja a las criaturas mortales,

ni en cuanto al cuerpo ni en cuanto a la mente”.  Jenófanes

Quiero perder el juicio

para ver y dejar atrás

la razón evidente,

rasgar el velo, 

la realidad

y ver el cuerpo desnudo del Ser,

por definir de alguna forma

a un cuerpo que no lo es,

que no viste una túnica, un sombrero.

Quiero volverme loco,

pues racional ya no doy a entender

más allá del fulgor de las estrellas

que aunque sean lejanos soles,

podrían solo ser

un trampantojo escénico.

Quiero olvidar lo que conozco,

ese susurro que, desde la concha,

apunta lo que debo recitar,

porque si bien es palabra certera,

ciertamente me ciega

y oculta al tramoyista detrás del escenario.

Pero también dudo que la locura

me permita entender la física

cuántica del misterio. 

Veo lo justo

para no tropezar,

no soy un elegido, quizás un escalón

para que otros asciendan la escalera infinita.

Arena entre los dedos

¿Quién eres?, ¿el amor que llevo dentro?

¿Un impulso que quiere inundar del azul

el valle encajonado entre tus pechos?

Pero, ¿acaso eres alguien?, ¿o soy yo 

que, harto de derramar 

el amargo licor de esta locura,

termino imaginándome

ser un desierto estéril

donde el amor se pierde

como la arena escapa entre los dedos?

 No sé quién eres,

 y me prometo no buscarte más,

 no soporto la pérdida,

 pero es en vano, pues ahí sigues,

 enterrado en mi pecho,

 dispuesto a retoñar

 como un río que anegue

 las llanuras nilóticas

 de una piel impecable.

 No, no y no.

 ¡Qué bien se vive solo!, 

y así me miento.

duda

si para estar en paz

hay que anular al ego

hay que buscar la salvación

hay que llorar en un valle de lágrimas

y evitar lo evidente

parecería nuestra vida

una gincana envenenada

un invento de un sádico

y prefiero pensar que tal ser no es posible

que todo es fruto del azar

que la iluminación es salirse del juego

y disfrutar del dulce resplandor de la vida*

*estas palabras no son mías, son de Tito Lucrecio Caro.