Siameses

a ti

Tu sonrisa

 y el brillo de tus ojos

 delatan a la gata

 que juega con su presa.

 Y yo acepto el envite,

 me gusta ser el topo

 que acepta su destino.

 Más tarde cambiaremos los papeles

 y seremos los dos

 cazadores y presas.

 Es difícil, da vértigo

 investigar las raíces del amor,

 puede ocurrirte como al matemático

 que pretendió encontrar

 los sólidos cimientos de su ciencia

 y, al no encontrarlos, se perdió a sí mismo.

 Es menos arriesgado

 sentir y no pensar

 que estás sintiendo.

 Soy adicto a tu piel

 y no me importan los motivos,

 porque cuando tus ojos se entrecierran

 y el placer descompone tus facciones,

 siento que ya no soy

 y pienso

 en la complicidad de los siameses,

 dos cuerpos compartidos que son uno.

 Es un suspiro, tan breve, un instante

 del que me quedaría suspendido

 toda una eternidad.

 A veces es más sabio

 no tratar de entender con la razón,

 pues solo lleva a la locura.

 Intuyo que sentirte es suficiente

 y con ello me basta y me conformo. 


Descubre más desde Rafael Pérez Castells

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario