Invitación al viaje

No he viajado nunca más lejos de mis lentes,

aunque en mi maleta haya estampas orientales,

mas mi indignidad reconoce la pureza

como el mayordomo descubre al impostor.

Pureza en el sordo grito de los mudos

que anuncia que la más certera de las verdades

volverá a nacer en cualquier ciudad dorada

para convocar la conciencia de los actos.

Entonces las manos respirarán como ciervos

y no habrá manera de dar con el número de los alzados.

Cuando las manos se cuenten como espigas

ya nadie podrá malograr la cosecha.

Serán como olas dispuestas a alejarse,

para volver y deshacer cualquier engaño.

No soy la voz pura – quizá el viejo cotilla

que ha escuchado algunos rumores o ha tenido un sueño –

tampoco el cartero que lleva la respuesta;

soy viento cambiante que mezcla voces confusas.

Tan confundido que aún no estoy seguro

de si existe una isla en la peste o hay que crearla

y hacerla crecer más allá de la avaricia,

el hambre, el silencio que extiende su dominio.

Vuelvo a imaginar que no estoy solo,

que podríamos ser libres,

banco 8

que el fuerte y el sabio son alguien que conozco,

y quisiera que este sueño no fuera más que un anticipo,

algo que presentía.

(fragmento del poema “En busca de una isla habitada” del libro Poesía 2000-2006)

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