ADIOS MIQUITO

Hoy, ahora que te has ido – me lo acaba de decir Javier – te dedico madre, este poema que titulé Obituario, pensando en tu trance. Pero salió un poema en YO y, sin embargo, dejé el título.

Mientras escribía, sonaba el segundo movimiento de la VII de Beethoven. Una vez la escuchamos tú y yo en el Real, yo tendría 15 o 16 años. Recuerdo que te gustó y a mí también, y no solo porque a ti te gustara, aunque aquello influyera lo suyo. He escuchado esa música en varias películas y siempre resuena como banda sonora cuando mi emoción se desborda. Y esta música inspiró el poema.

Hace un rato me llegó un Whatsapp con unas fotos que Mine tomó, mientras paseábamos por La Navata . Las fotos nos resumían y nos hermanaban.

 

Así que decidí dejar también el poema, sí, sí, debajo de ese título. Aunque no sea tu obituario, tampoco es el mío. Es el nuestro, el que en las fotos, los dos admiramos, tú, la que me diste la vida y yo – tu niño – ya abuelo, a tu lado, alumbrados por un camino y sus cielos.

Sé que tú entenderías estos versos. Sé que añadirías como estrambote, qué habré hecho yo para que Dios me haya dado un hijo como éste. Y que yo te respondería, mamá, no me digas que soy el Hijo de Dios y así comenzaríamos a hablar de creencias. Probablemente acompañados de dos tercios de cerveza y unas patatas fritas.

Ahora ya sabes más que yo, te adelantaste. Ahora sabes quién de los dos tenía razón, si tu suspirado cielo o mi ansiada nada. En todo caso, no tardaré en alcanzarte y, entonces, los dos celebraremos al que de nosotros hubiera acertado.

Con todo mi amor a la niña que llamaban Miquito y que de mujer fue Alicia.

 

OBITUARIO

a Alicia Castells

La vida es bella
aunque la perdamos
y por eso le tengo un gran respeto,
estaré preparado
para reconocer el día exacto
en que otro día más
es un día de sobra,
porque la muerte es vida
y de ese grial el vino
no se deja, se apura,
porque verla como viene
es digno de admirarse,
por la avenida, el camino o la trocha
siempre elegante el paso,
con un sin sexo que seduce al miedo.
En el fondo del vaso, fraccionada
igual que una vidriera un día de agua,
a lo lejos, cimbreante, a paso firme,
se acerca luminosa.

No me perdonaría
que llegara ese día en el que ayer
su andar me pareciera más hermoso.
Quedarme con la copa levantada
mirando como el vino se cuartea
sobre el vidrio.

 

 

 



Imágenes: Mine Kawakami

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