Las manos

Una mano se ofrece transparente

más allá del alcance de mi brazo.

Otra que supe amante me incrimina

y si intento tocarla se desprende

su piel como corteza centenaria.

Hay otra, más cercana, que nació

entre mis dedos y ahora los rehúye.

Hay tantas otras manos que olvidé

incluso las que siempre están ahí,

las mías que inconscientemente muevo,

las únicas que tengo para alzarme.

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