a Vicente Sueiras
Camino sin saber adónde voy
y no me importa,
sólo quiero sentirme caminante,
observar a mi cuerpo caminando
paso a paso, prestándole atención
a este cuerpo al que apenas hago caso,
fijarme en como el pie levanta el vuelo
y el dedo gordo,
como un gatillo,
dispara la pisada
y sentir el talón como el martillo de un juez
golpeando en el suelo.
Camino sin saber adónde voy
y no me importa,
solo quiero abrazar este cuerpo, esta máquina,
un Ferrari de carne y hueso
que acciona con maestría los músculos precisos
para que no me caiga a cada paso
y así camino,
rodeado de árboles de troncos húmedos,
de húmedas hojas caídas de sus ramas
y del viento colmado de fragancias.
Y, ahora, sí importa,
porque descubro que al sentir mi cuerpo
siento más claramente el aire
que porta los sonidos de este bosque
y los múltiples verdes de sus hojas
que son arcoíris de un planeta verde
regado por arroyos caudalosos
que cantan cual tenores en La Scala.
Camino sin saber adónde voy,
pues no voy a lugar alguno
que un GPS pueda indicar.
Camino hacia adentro,
atravesando mi propio Himalaya
para cruzar la bruma que me impide
ver este Shangri-La que me rodea.
Descubre más desde Rafael Pérez Castells
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
