La lengua de los dioses

Es demasiado grande el universo, para poner a un dios que lo gobierne.

No soy capaz, ni entiendo,

ni intuyo cómo hacer que nos escuche.

Hay otros dioses más cercanos, familiares,

cada galaxia es dios, cada planeta,

nuestra Tierra no es solo roca, viento y agua,

es vida, innumerables vidas

que se pierden, que cambian y se adaptan,

que fluyen como un río hacia el océano

y todas ellas

son energía viva,

desde la energía de un virus

a la de una ballena,

es la misma energía en cada ser

que fluye como un río hacia la inteligencia,

hacia la mente de un dios más cercano,

su cuerpo es roca, viento y agua,

su corazón es hierro y níquel,

es nuestra madre Tierra,

la que puede enseñarnos la lengua de los dioses.

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Bilis negra

Melancolía, dicen que eres difusa,

triste y que en tu sosiego perdiste el interés

y yo te siento intensa, tierna

y aunque me intranquiliza tu mirada,

me seduce el camino al que me invitas.

Eres intemporal, sabia y conoces

el fin de todas nuestras ilusiones,

pero aun así las alimentas.

Fuiste negra bilis,

aciago nombre

que te impusieron por miedo a lo extraño,

al que difiere,

por un agrio racismo filosófico,

porque todos alaban la alegría, el fervor,

engañosas imágenes,

espejos en la arena de un desierto

y yo te reivindico

como la única estrella segura al navegante.

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Sinfonía

Nebulosa Velos del Cisne, fotografía de Fernando Abalos

A Xavier Llamas

Y no importa si estás bien o estás mal,

es agradable el ritmo de la música

que está en todo, no en vano todo vibra.

Y si fuera estridente algunas veces,

es aviso de un cambio de cadencia,

una transformación, un remolino

en un río muy grande que murmura

más grave que la aguda realidad.

Incluso cuando creo que no la escucho

y parece que todo está en silencio,

aún queda algún sonido imperceptible,

plumas que se desprenden de unas alas

que poderosas baten lentamente

las notas de infinitas sinfonías.

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Estiercol

Las convicciones nacen cuando somos jóvenes

y cuando dejamos de serlo

el escepticismo trepó por los tobillos

y nos llegó hasta el mentón.

Aun así, el más escéptico conserva

las convicciones de la juventud,

las sigue, aunque no tenga fe en ellas,

las defiende en silencio, solo para sus ojos,

porque ante tanta mierda,

pensar que todavía cree en ellas,

lo tranquiliza, le da un respiro antes de volver

a pisar el estiércol.

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Truco sin trato

Me he pasado la vida amándola y, al tiempo,
pensando que me habían dado el timo.
Me habían engañado sin esconder las manos,
sin distraerme con una voz hipnótica
sin sutilezas.
Colocando a la muerte en el paisaje
como cualquier accidente orográfico,
un abuelo que muere y ya no está
¿A dónde fue el abuelo mamá? Al cielo
¿Y dónde?
sabía que en el cielo había estrellas y galaxias
y un vacío inmedible,
cualquiera sabe el cielo que pensaba mi madre.
Me habían engañado
sin sutilezas, con una verdad
rotunda, cierta, un pilar de granito
que prefería fuera un trampantojo
y no lo único real en todo el escenario.

Viví aparentando desgana
porque la vida es frágil, es cristal de Bohemia
que rompe cualquier loco desalmado,
cualquier enfermedad o la vejez,
ese invento genético que convence a los vivos
de que es mejor morir que ir envejeciendo.
Pero en amores no hay certezas, solo amor,
y la vida consiguió el mío.
La vida me ponía,
me dejaba llevar por su avalancha sin resistirme,
un trozo más de nieve helada dando tumbos.
Da igual, porque la vida es tan suya
que quisieras que a cada tumbo se detuviera
y nunca lo hace.
Permanece el recuerdo que se apaga
con los murmullos de otros nuevos.
Un día volverá inesperadamente,
al agacharte a recoger lo caído,
estará en la colilla del tabaco que fumabas entonces.
Son pistas, con frecuencia se nos pasan,
y casi siempre son del mismo caso.

En su anarquía la vida es un hilo resistente,
aunque veamos puntadas aleatorias,
el hilo tiene principio y final
y resistió en su recorrido
tirones, torceduras,
nudos gordianos, sin romperse.
Solo con extenderlo se desvela
la causalidad de cada puntada.
Pude dar otras, pero fueron esas que di,
pude tomar caminos diferentes
a otros lugares
todos hubieran tenido sentido
pero solo lo va teniendo el mío a medida que lo recorro.

Nada está escrito, y si lo está es pasado.
Lo que se va escribiendo depende de la técnica,
unos cuidan sus actos, sus dichos, su pensar,
para llegar al lugar que deseaban,
otros sueltan amarras y se dejan arrastrar por el viento.
Cada cual su derrota, con el ojo avizor y la mano en el cuchillo,
viajar confiado, si no acorta el viaje, lleva al desengaño
a culpar a la vida de nuestra mala suerte
que ya está echada.
Los golpes se reciben, se analizan y se dejan sanar.
En segundo o, mejor, en tercer plano,
el dolor es anuncio en los megáfonos, notificación,
y, si no compromete los cimientos,
en el edificio se sigue trabajando.

Yo quiero continuar
mientras pueda gozar de mis sentidos.

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Estar solo

Me mentiría descaradamente

si dijera que siento amargura por mi soledad,

que fue algo inesperado,

que nunca imaginé que llegaría.

Porque lo que soy es inexplicable

sin una inquebrantable decisión de encontrarla

y, ahora, que al fin estamos juntos, siento melancolía.

Sí, de la intensa pasión de un buen polvo

y de sus consecuencias imprevistas,

de vivir Casablanca y escuchar el piano de Sam

imaginando ser ellos, su mano en mi mano,

alegrías que no sopesan

lo pesado de una ruptura,

el desengaño,

el intenso dolor del desengaño,

la pérdida que al menos da término al dolor,

dolor,

dolor.

Ahora todo el dolor es sinsentido

nada puedo perder pues de nadie dependo

nadie me desengaña porque a nadie he engañado

solo estoy yo

que ya sobrepasé la edad del vértigo

cuando el futuro no ofrece esperanza

y, sin embargo, estoy feliz,

con el tiempo agotándose en silencio,

más intensas me suenan las campanas de mi aldea.

Hago planes a largo plazo, tres, a lo sumo, cuatro semanas,

procuro dar sentido al sueño, al despertar.

Me acompañan la música, las nubes que crecen en el bosque,

las estrellas y el río que murmura cuando la noche está más callada.

Estoy en un castillo, una isla virgen, deshabitada y defendida por los bajíos

de náufragos y de piratas.

Protegido en un campo de fuerza solitaria

contra malvadas alienígenas.

Y aquí florezco al ritmo del jardín

y converso conmigo mismo,

me recuerdo,

me convenzo de que no estuvo mal,

de que he vivido sin perder el tiempo

y concluyo,

concluyo que merezco estar tranquilo

porque muy pronto tendré que mover

pieza en esta partida

que se me hace tan corta.

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