¿Se jubilan los que hacen castillos encantados?

Hoy hablo por nosotros, todos los que me habitan,

son tantos que no sé si el que empezó esta frase

es el mismo que ahora habla.

Aunque en mi día a día

me creo razonable,

soy compulsivamente emocional,

las emociones dicen o susurran,

después las decisiones van ganando coherencia

o se vuelven enigmas de nuestra biografía.

Sin vestido de cóctel  

la lógica nos agua el vino,

necesitamos la emoción

como una droga,

como la hierba que busco en los ojos

de los paseantes con los que me cruzo.

Hoy verán en los míos emoción,

hoy comencé a levantar un castillo,

cuando nos dicen descansad,

bien merecido lo tenéis,

disfrutad la pensión y moríos de tedio,

yo he comenzado a construir un castillo.

Quién puede jubilarse de su vida,

somos lo que hemos hecho,

y si no hicimos nada, nada somos,

un día dicen estáis jubilados,

¿jubilados de qué,

si no sabemos hacer otra cosa?

Alguno es hábil haciendo dinero,

otro lo es con la ciencia,

aquel, el que es pintor,

qué quiere usted, ¿que deje de pintar?

o yo, poeta al que nadie hace ni caso,

a quién molesta que no me jubile.

Por eso voy a construir un castillo,

en donde recibir

al músico que toca sin parar,

hasta que nace una nueva canción,

al que escribe los diálogos que tiene con sus otros

 o al que viene a acodarse en la ventana del cielo

y en su ensimismamiento me descubre

que otro universo especula en sus ojos.

Un lugar donde la humana ternura

nada tenga que ver con lo romántico,

light, all you need is light, deslumbramiento, emoción.

Y pensamos sin duda emocionarnos,

es la única manera de olvidar,

y de seguir creando, divirtiéndonos

con lo que siempre hicimos,

y pensamos seguir haciendo

a escondidas, guardando las monedas,

no mucho tiempo, hay prisa

por levantar almenas y terrazas,

y solo hemos nivelado el terreno

donde voy a construir un castillo encantado.

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La lengua de los dioses

Es demasiado grande el universo, para poner a un dios que lo gobierne.

No soy capaz, ni entiendo,

ni intuyo cómo hacer que nos escuche.

Hay otros dioses más cercanos, familiares,

cada galaxia es dios, cada planeta,

nuestra Tierra no es solo roca, viento y agua,

es vida, innumerables vidas

que se pierden, que cambian y se adaptan,

que fluyen como un río hacia el océano

y todas ellas

son energía viva,

desde la energía de un virus

a la de una ballena,

es la misma energía en cada ser

que fluye como un río hacia la inteligencia,

hacia la mente de un dios más cercano,

su cuerpo es roca, viento y agua,

su corazón es hierro y níquel,

es nuestra madre Tierra,

la que puede enseñarnos la lengua de los dioses.

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Bilis negra

Melancolía, dicen que eres difusa,

triste y que en tu sosiego perdiste el interés

y yo te siento intensa, tierna

y aunque me intranquiliza tu mirada,

me seduce el camino al que me invitas.

Eres intemporal, sabia y conoces

el fin de todas nuestras ilusiones,

pero aun así las alimentas.

Fuiste negra bilis,

aciago nombre

que te impusieron por miedo a lo extraño,

al que difiere,

por un agrio racismo filosófico,

porque todos alaban la alegría, el fervor,

engañosas imágenes,

espejos en la arena de un desierto

y yo te reivindico

como la única estrella segura al navegante.

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Sinfonía

Nebulosa Velos del Cisne, fotografía de Fernando Abalos

A Xavier Llamas

Y no importa si estás bien o estás mal,

es agradable el ritmo de la música

que está en todo, no en vano todo vibra.

Y si fuera estridente algunas veces,

es aviso de un cambio de cadencia,

una transformación, un remolino

en un río muy grande que murmura

más grave que la aguda realidad.

Incluso cuando creo que no la escucho

y parece que todo está en silencio,

aún queda algún sonido imperceptible,

plumas que se desprenden de unas alas

que poderosas baten lentamente

las notas de infinitas sinfonías.

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Estiercol

Las convicciones nacen cuando somos jóvenes

y cuando dejamos de serlo

el escepticismo trepó por los tobillos

y nos llegó hasta el mentón.

Aun así, el más escéptico conserva

las convicciones de la juventud,

las sigue, aunque no tenga fe en ellas,

las defiende en silencio, solo para sus ojos,

porque ante tanta mierda,

pensar que todavía cree en ellas,

lo tranquiliza, le da un respiro antes de volver

a pisar el estiércol.

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Truco sin trato

Me he pasado la vida amándola y, al tiempo,
pensando que me habían dado el timo.
Me habían engañado sin esconder las manos,
sin distraerme con una voz hipnótica
sin sutilezas.
Colocando a la muerte en el paisaje
como cualquier accidente orográfico,
un abuelo que muere y ya no está
¿A dónde fue el abuelo mamá? Al cielo
¿Y dónde?
sabía que en el cielo había estrellas y galaxias
y un vacío inmedible,
cualquiera sabe el cielo que pensaba mi madre.
Me habían engañado
sin sutilezas, con una verdad
rotunda, cierta, un pilar de granito
que prefería fuera un trampantojo
y no lo único real en todo el escenario.

Viví aparentando desgana
porque la vida es frágil, es cristal de Bohemia
que rompe cualquier loco desalmado,
cualquier enfermedad o la vejez,
ese invento genético que convence a los vivos
de que es mejor morir que ir envejeciendo.
Pero en amores no hay certezas, solo amor,
y la vida consiguió el mío.
La vida me ponía,
me dejaba llevar por su avalancha sin resistirme,
un trozo más de nieve helada dando tumbos.
Da igual, porque la vida es tan suya
que quisieras que a cada tumbo se detuviera
y nunca lo hace.
Permanece el recuerdo que se apaga
con los murmullos de otros nuevos.
Un día volverá inesperadamente,
al agacharte a recoger lo caído,
estará en la colilla del tabaco que fumabas entonces.
Son pistas, con frecuencia se nos pasan,
y casi siempre son del mismo caso.

En su anarquía la vida es un hilo resistente,
aunque veamos puntadas aleatorias,
el hilo tiene principio y final
y resistió en su recorrido
tirones, torceduras,
nudos gordianos, sin romperse.
Solo con extenderlo se desvela
la causalidad de cada puntada.
Pude dar otras, pero fueron esas que di,
pude tomar caminos diferentes
a otros lugares
todos hubieran tenido sentido
pero solo lo va teniendo el mío a medida que lo recorro.

Nada está escrito, y si lo está es pasado.
Lo que se va escribiendo depende de la técnica,
unos cuidan sus actos, sus dichos, su pensar,
para llegar al lugar que deseaban,
otros sueltan amarras y se dejan arrastrar por el viento.
Cada cual su derrota, con el ojo avizor y la mano en el cuchillo,
viajar confiado, si no acorta el viaje, lleva al desengaño
a culpar a la vida de nuestra mala suerte
que ya está echada.
Los golpes se reciben, se analizan y se dejan sanar.
En segundo o, mejor, en tercer plano,
el dolor es anuncio en los megáfonos, notificación,
y, si no compromete los cimientos,
en el edificio se sigue trabajando.

Yo quiero continuar
mientras pueda gozar de mis sentidos.

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