La bufanda

creo que soy un muerto viviente
o un muerto que no espera
o un muerto

con pedazos de carne
colgando de los pómulos
un muerto hecho a retazos
un muerto incorruptible

así me veo
y cuando cosquillea un miembro
lo duermo con ungüentos
no fuera contagioso
y me despierte el cuerpo
a una historia que siempre acaba
con un muerto
un tiro
un cáncer
un tranvía en silencio

otro invierno
me gusta la bufanda
que rodea mi cuello sin sangre
y calienta mi pecho vacío

Ilustración de Pedro Díaz del Castillo

La bufanda

Las manos

Una mano se ofrece transparente

más allá del alcance de mi brazo.

Otra que supe amante me incrimina

y si intento tocarla se desprende

su piel como corteza centenaria.

Hay otra, más cercana, que nació

entre mis dedos y ahora los rehúye.

Hay tantas otras manos que olvidé

incluso las que siempre están ahí,

las mías que inconscientemente muevo,

las únicas que tengo para alzarme.

Fugaces tus ojos

A ella

¡Ay! fugaces tus ojos,
buscando en los míos respuesta,
tatuaron tu vientre en mis noches
y ahora apenas despierto,

apenas sé quién eres
y ya mi cuerpo te reclama
como si tuviera memoria
de un éxtasis futuro.

Apenas sé qué siento
y mi boca huye de mi boca,
y mi piel me abandona, vela
que arranca el temporal

y vuela sobre el cauce
de tu espalda. Sueño y tu cuerpo
sueña con lenguas que recorren
tus entrañas, con hojas

de acanto que eyaculan
en tu nuca, con sueños húmedos
que te hipnotizan y disfrazan
la estrategia del celo.

Joker

cuando meten a Dios por medio
siento que me hacen trampa
que sacan de la manga un comodín
incontestable como la sonrisa
beatífica en sus rostros

y no es ése mi juego en mi baraja
no existen comodines
trío y pareja es full y no hay un joker
en el que refugiarse

Nieve

A Ana Gutierrez-Semprún Urdiales

los sonidos del bosque se ecualizan
el idioma del cuervo es un hacha y golpea
el crujir de los pinos vencidos por la carga
no oculta el de mis pasos
y nada se interpone a los ladridos
que llegan desde un lienzo vaporoso

el cielo de las almas buenas debe ser así
pero sin frío pues nos las imaginamos
en sandalias con túnicas de lino
y rostros somnolientos
un lugar incoloro
con excelente acústica

en la nieve soñamos bien despiertos
porque no somos ángeles soñamos
como corzos atentos al peligro

Érase una vez

A Inés Estebaranz

Quieres que te cuente un cuento, un cuento
que no sea el de María Sarmiento,
que no tenga siseñores con patas verdes,
que no juegue a ni que sí ni que no
sino todo lo contrario.

Te defraudan los mayores – sus prisas,
sus ausencias, su cambiante alegría –
también ellos escucharon los mismos cuentos
y parece que olvidaron su magia.

En tus ojos asombrados no ofreces tregua.
Por favor abuelo, cuéntame un cuento
y algo tendré que ofrecerte,
una historia, una leyenda
que se cuenta al extranjero recién llegado,
y esconde la verdad con princesas rescatadas
porque si yo te contase…

Quieres que te cuente un cuento… 

                                                                            érase una vez
un país imaginario, una casa de madera,
una familia y dos gatos que hablaban.