Cantabria

Os ofrezco una pequeña selección de lo que han visto mis ojos en Cantabria. Hubo más, sólo son algunas pinceladas.

 

San Vicente de la Barquera
San Vicente de la Barquera

 

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Piedrasluengas

 

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Fontibre

 

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Santa María de Liébana

 

sorolla
Sorolla en Oyambre

 

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Mar de Castilla

 

 

frio
Frío en Potes (pesadilla)

 

frío-móvil
frío sin gasolina
sin abrigo ni guantes
despierto en un paisaje helado

 

Oyambre

 

estrellas fósiles
me recuerdan los días
en que había luz

Pinturas rupestres
Pinturas rupestres

La Torre de Babel

No importa no entender el idioma, escuchar la poesía en japones, árabe, urdu o hindi a algunos nos engatusa. Es el ritmo, la entonación, la palabra que, si bien es incomprendida, sugiere un misterio, eso es el alma de la poesía. Y cuando digo que engatusa a unos pocos, me refiero en mi entorno hispánico, porque, como se ve en los vídeos de la India, allí mucha gente está abducida y participa del vaivén de los versos.

Me contaron una historia en la Ciudad de México. Jaime Sabines llenaba un Auditorio Nacional, al lado del Bosque de Chapultepec, y ponían altavoces en el exterior para que lo escucharan la gente que había quedado fuera. La poesía mueve a la Humanidad, aunque en algunos lugares – mi querida España – su fuerza sea escasa, sin embargo enraizada. No perdamos la esperanza, esta tierra siempre fue de buenos bardos.

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Tritón con acordeón

Juan Carlos Mestre es una sirena, aunque por razones de sexo, más bien sería un tritón, un Dios Tritón asirenado, que en lugar de caracola se acompaña con su acordeón, porque su voz calma o agita las olas por sí misma. Su sonido envuelve al espectador que entra en el poema y se pierde en la voz. Mestre sería capaz de embelesarnos leyendo las Páginas Amarillas, tal es la capacidad de su voz para atraparnos. Y cuando en un mismo ser se une la materia orgánica con un espíritu despierto y sensible, ocurre una singularidad desnuda, separada de nuestro espacio-tiempo, que se llama belleza.

Disfrutad de este juglar.

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El león y el susurro del viento

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Jesús Urceloy y yo

 

De las mejores voces de mi entorno, de ésas que escuché en directo, la de Jesús Urceloy. Tiene un inmenso poderío y, a su vez, es capaz de leer a un volumen casi inaudible sin que el oyente pierda una sílaba de su discurso poético. Recuerdo la presentación de la Profesión de Judas en La Librería del Centro un martes 16 de noviembre de 2012. En aquel entonces la reseñé así:

 

«LA VOZ

 

Ayer 16 de noviembre de 2012, Jesús Urceloy presentó su doble libro “La Profesión de Judas/Misa de Réquiem” en la librería  “Centro de Arte Moderno” de la calle Galileo de Madrid. Debería hablar de la excelente y cuidada edición del libro, editado por la propia librería, del que sólo se han impreso 100 unidades, de la despiadada belleza de los versos de Urceloy, de la cálida, hermosa y entregada presentación de Sebastián Fiorilli, pero no, sólo quiero hablar de la voz. La Voz que nace del pecho de Jesús Urceloy.

            Los que seguimos a este gran poeta y generoso maestro de poetas, conocemos el torrente de su voz, su habilidad para usarla en poemas trágicos, cómicos o medio-pensionistas. Recuerdo su lectura de León Felipe, en Libertad 8 hará ya más de diez años – o veinte, quién sabe-, el vigor de los versos del poeta republicano encontró justo recitador. Urceloy nos embargó de energía revolucionaria en los 40 minutos que estuvo leyendo “Auschwitz”, “Como tú” “Deshaced ese verso..”. Otras veces nos deleita con el humor del soneto a la vaca y – el maestro Urceloy- no se corta un pelo y muge con la resonancia precisa. Y otras con la espectacular y divertidísima lectura de su cuento “Pingüinos” que tuve la oportunidad de disfrutar el la reunión del PAN en Morille el pasado mes de julio. Urceloy siempre se entrega al verso, lo respeta profundamente, lo ama y no se permite en ninguna ocasión fallarle. Mima la voz que debe usar con cada verso y la modula de acuerdo al ambiente en el que ha de leerlo, porque un mismo poema se puede leer de varias formas, sin que por ello se le falte al respeto. Usa su cuerpo irrepetible, lo entrega y en resonancia con las palabras, puede hacernos toser de risa cuando se mimetiza con un inmenso pingüino imperial o nos abruma con la pesadumbre del dolor y el desánimo. Su voz, su cuerpo y su mirada. Todo para que aquello que lea cale en huesos y cerebros ante un público deseoso de buena poesía.

            Ayer Urceloy nos enseño una nueva habilidad: el susurro. Ayer nos susurró los versos, jugó con nuestros cuellos y orejas, que se extendían como antenas: el yunque, el lenticular y el martillo se hicieron huesos de vidrio, para no perder ni una sílaba ni una cesura. La Voz jugó con nosotros de forma delicada. Los versos de La Profesión de Judas fueron duros aldabonazos que escuchamos en silencio, o eso creímos. El volumen de la voz de Urceloy fue bajando a medida que se internaba en la Misa de Réquiem para terminar siendo un susurro en su último poema. Y digo que creímos escuchar en silencio el comienzo de la Profesión de Judas, porque aún no sabíamos lo que era el silencio. Urceloy creo dos mundos complementarios, su voz que se iba desvaneciendo y el silencio que crecía al mismo ritmo. Sobre el silencio de Judas vino el silencio helado del “Introitus” y finalmente el silencio absoluto llegó con el último verso de “In paradisum (libera me)”. Entonces supimos lo que es escuchar poesía en silencio. ¡Y todo ese juego sin que perdiéramos una sílaba, una inflexión!

            Terminó el poema. Siguieron el silencio y el recuerdo del susurro durante diez o quince segundos y comenzamos a aplaudir, eran aplausos fuertes, no apresurados, quizá sobrecogidos: se prolongaron 4 o 5 minutos. Nadie gritó un “bravo” o un “monstruo, que eres un monstruo”, nadie quiso quebrar el susurro que Jesús Urceloy había dejado flotando en el silencio.

Rafael Pérez Castells»

Os ofrezco unas imágenes que valen más que mis palabras.

tomelloso

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Sigue el proyecto 108 senryū en

verkami

Takuboku en Kushiro 

Ishikawa Takuboku 

 


Llegamos a Kushiro al anochecer, aunque hacía frío y llovía salimos a pasear para ver las luces del muelle. Tengo la memoria de Dory (Buscando a Nemo) y sólo cuando me di de bruces con su estatua, recordé que mi amado Takuboku estuvo aquí. Este poeta japonés, tuvo una vida breve, murió con 26 años, aún así escribió hermosos poemas que le hicieron inmortal.

 

Puerto en la noche

Ishikawa Takuboku quiso vivir de sus versos y así le fue. Cuando comprobó lo imposible de su empeño y ante la premura de alimentar a su esposa y a su hijo, abandonó Tokio y se fue a Hokkaido donde trabajo como periodista en varias ciudades. En Kushiro apenas vivió 6 meses y en invierno, a principios del siglo XX esta ciudad no debía ser muy confortable en los meses fríos, todo se cubre de nieve y el mar se hiela.  Allí trabajó para el Kushiro Shinbum, el periódico local. Para Takuboku, Kushiro era el destierro, pero como poeta, sublimó su desesperación en hermosos tanka ( poema compuesto de cinco versos de 5/7/5/7/7 moras) y en los brazos de su amante. Que se sepa, al menos, tuvo dos en la isla de Hokkaido. De Kushiro se llevó una tuberculosis que acabaría con su vida.

Edificio del periódico Kushiro Shinbum

En Kushiro, Takuboku escribió veinticinco tankas, he traducido 8 de ellos con la ayuda de mi mujer, Mine Kawakami. Traducir poemas de otros idiomas siempre es reescribir el poema, pero si es del japonés el tema se complica aún más. Hay traducciones de los poemas de Takuboku al inglés que podría haber utilizado, sin embargo una doble traducción, con seguridad, hubiera generado unos versos que con suerte se parecerían a los del autor en el título y, en este caso, ni siquiera tienen título.

Puente sobre el río Kushiro

La ciudad de Kushiro le ahijó y por toda ella hay referencias al poeta, la Avenida Takuboku, el parque donde iba a llorar su destierro, la casa donde trabajaba su amante, el edificio del periódico, el puente que cruzaba a diario…en todos esos lugares se pueden encontrar monolitos o carteles que recuerdan su presencia. Yo creo que los alcaldes de Kushiro no han leído a Takuboku, si lo hubieran hecho sabrían que detestaba este lugar y probablemente no sería su hijo predilecto, o a lo mejor ellos también lo detestan.

I

En el mar del norte,
los niños que persiguen
a las ballenas
son admirables. Se alegran
al vislumbrar los témpanos.
 
II

Tomando sake
en un lejano país
del fin del mundo,
lagrimas de tristeza
son como las del sake.

 III

Recién llegado
estoy en la estación
del fin del mundo.
La nieve ilumina
la ciudad melancólica.

 IV

La tinta helada.
La acerco al fuego exiguo.
Saltan mis lágrimas
bajo la tenue luz
que ilumina la mesa.

 V

Sobre la cima,
escuchando el oleaje
del mar lejano,
absorto en su sonido
estoy pensando en ti.

 VI 

Como un insecto
que es amante del fuego,
voy a la casa
cálida e iluminada
de forma habitual.

 VII

En la bahía
no hay olas en febrero,
pintada de blanco,
los barcos extranjeros
oscilan suavemente.

 VIII

Como si fueran
los dioses encarnándose
en la distancia,
así, los montes de Akan
en la nieve amanecen.

Hokkaido 

Esta isla está al noreste de Japón. Es la segunda en tamaño y la más hermosa y salvaje. Su nombre significa la isla del mar del norte. Es la tierra del pueblo Ainu, y su naturaleza es exuberante y peligrosa. Muchas zonas están deshabitadas y el invierno cubre su superficie con varios metros de nieve. Sus bosques son refugio de osos y sus aguas de focas, orcas y ballenas. Y en sus isakayas (pequeños restaurantes) se come el mejor pescado que se pueda imaginar .