Vacío

querían saltar por la borda
y huir al igual que las ratas
saltar al océano
mas no había océano solo un vacío
y nada se puede saber del vacío

algunos saltaron
temían la peste impregnada
en traviesas y mástiles
saltaron y fueron vacío
y nada se puede saber de ellos

convertí mi cabina en castillo
no dejé que la peste pasara
y de mi soledad hice un foso
en el que me consumo
es posible que ya sea vacío
porque ahora apenas sé nada de mí

Los astrónomos

a Darío Beaká

Tengo curiosidad
por saber si alguien ve
el color de la luz
que me fue concedido
por las criaturas cósmicas.

Ojos que tantas veces
no miran pero intuyen
o también son profundos
y abarcan tu existencia.
Ojos como el destello
del hierro cuando fragua.

Tantos ojos que alguno
pudiera ver la luz,
decirme su color,
si brilla o es opaca.

CRUCIGRAMA

Si
Observo
Las
Estrías
Del
Alma
Detenidamente

Mientras
Insomne
Sueño
Tiempos
Esencias
Ritos
Ígneos
Oscuros

Yace
Olvidado

Aquel
Muchacho
Ofuscado
Romántico

Los pájaros

Los pájaros que pierden las alas ya no vuelan
y siguen siendo pájaros,
igual que el visionario que un día se deslumbra
todavía conserva
el hábito del vuelo.

En los tiempos vacíos la duda debilita,
y por esa razón, queremos ver,
queremos distinguir en las visiones
una luz, una sombra omnipresente,
queremos componer
con palabras cercanas un canto general.

Y qué mejor manera de sestear la tristeza
que volver a intentar lo nebuloso,
el pulso de los pájaros
que sostienen el mundo.
¿Quién no busca el extraño vendaval
que asciende y se distancia?
¿Quién, si no murió ya, duerme en sus sueños?

Esperancitas

Esperanza por qué, si no hay razones
y sin embargo, vivo de esperanzas,
esperancitas, más bien, para el viaje,
encontrar lo perdido, que ella esté,
que la lluvia se atrase y llegué al cine.

La vida es un casino
y nadie hace saltar la banca.
Entran despreocupados,
seguros de su suerte
y si aguardas afuera, cuando salen
desnudos, sin mirada, todo es pérdida.

En un casino sobran los curiosos
¡abran juego, señores!
un jugador juega aunque le hagan trampas,
se sabe perdedor desde un principio
y le aburren los juegos sin ardides.


Esperanza por qué, me voy contento
si sorprendo a la vida en un renuncio

Diáspora

Mis hijos son valientes,
capitanes de naves singulares,
decidieron surcar océanos diversos.

Una, la más temprana, navegó de grumete al oscuro norte
donde aprendió del aún más oscuro corazón de los hombres.
Se amotinó contra un capitán tuerto del alma y manco de compasión.
Lo lanzó por la borda y cambió el rumbo en busca de aguas tranquilas,
donde hay islas feraces
que alientan a construir palacios de madera,
sin puertas y rodearlos de auroras.

La segunda navega en solitario,
capitana de sí misma persiguió una estrella,
y atada a lo más alto del mástil acarició su destello,
su barco la seguía despegando de las olas.
En las cantinas húmedas de algunos puertos,
corre de boca en boca la leyenda
de un navío que corta las olas del céfiro,
con velas que parecen bandadas de albatros.

El tercero, dudó en perseguir su destino
hasta una noche en que anidó en sus sueños.
Salió de madrugada al bosque,
sus brazos eran hachas,
y con ellos cortó madera de tejo para construir una nave
que cruzara los mares que separan a los hombres.

Mis hijos son valientes, eso es indudable,
hoy ofrecí a los dioses más ancianos
cien piedras recogidas en cien playas
para que protejan su rumbo
y no pierdan su destino.