Cristina a raudales

Estuve unos días en Abarca de Campos en casa de mis amigos Cristina y Borja. Tierra de Campos, allí no necesitan el mar, tienen el cielo. Los paisajes son cielo. Entre tanto sol, tanta nube, se me ocurrieron estos versos que dedico a Cristina Urdiales.

CRISTINA A RAUDALES

Eres un río

y como él tienes rápidos y remansos

caudalosa en la época de lluvia

casi un camino seco en la sequía

porque incluso en el yermo más férreo del estío

un hilo de agua oculto

corre bajo los cantos rodados.

Agua que te refresca y que generosa das

a la hierba sedienta de tus márgenes

pero entiéndeme, no eres cauce,

eres agua que lo abre y profundiza,

unas veces te llaman riada, otras arroyo,

siempre agua

y podrías ser ducha que repara

o aliarte con el viento y ser tormenta, me consta

aunque al final escampas

y entonces todo huele a arcilla húmeda

a manos de alfarero que modela los sueños.

Cosmogonía

Lo que nace se muere,
la estrella que se forma
se enfría,
la tortuga de Darwin no llegó a los dos siglos
ni la flor del baile sobrevivió a una noche.
También sé que la muerte casi siempre es violencia,
virus o supernova, cambios del perihelio
o puñalada que alguien asesta por la espalda,
todo es presa de un depredador que lo devora.

Veo que hay un diseño, este big-bang de artificio,
la chispa para que arda la consciencia y crear
a este poeta que divaga sobre el Universo
y se pregunta ¿qué mal hice para saberme?
Hay cierta rabia que hace mis palabras abruptas,
rabia por existir, por ser y además saberlo
rabia porque lo que amo es efimero, es la regla,
rabia por un diseño que avanza con la muerte,
rabia contra ese plan que por cálculo o error
provocó la consciencia en seres que se mueren,
el dilema del bien y del mal, la dualidad
engarzada en un círculo fluido, indestructible,
símbolo de mi rabia por ser utilizado.

Las cosas son como son, no como yo quisiera
y aunque no comprenda las razones de los hechos,
sé que todo funciona siguiendo un plan trazado.

EL viajante y sus viajes (2)

UN INGENUO EN LAS FAVELAS

A Antonio Polo

I

En las favelas somos culpables de ignorancia,
porque es delito si produce intenso dolor.
Allí mayor que el miedo es la vergüenza,
para aquel que se pierde de forma accidental.

Y es igual la vergüenza
a la larga distancia que entre amar y dar amor existe.
Y es igual a la víctima su miedo,
a las vírgenes: peldaños de obsidiana;
a nosotros: bala, soga o cuchillo.

Detrás de aquellos cerros
sólo hay desolación
y esta vergüenza que nos cubre
como la hiedra, la culpa o la lanza,
es la última patera para cruzar el estrecho

y contar cómo se unen los ladrillos con miseria.
A ver si se levantan un millón de líderes
con la luz en los ojos y la fuerza en las manos,
a ver si se levantan de una vez las favelas
y sus gentes se bajan a los valles
y recogen lo que es suyo, lo nuestro,
lo que es de todos.

II

Escuché a mi vergüenza en sus cánticos nocturnos
y también en cavernas de sal
y en los bosques domados
y en la tristeza que envuelve a La Tierra
o en su belleza forzada.

(A los dioses terribles adoramos
y escribimos la historia del estupro.
¿No pudimos seguir otras derrotas?

Si allí estaba la madre,
le manaba la leche de sus pechos,
del izquierdo los bosques y los campos,
del derecho los cielos y sus nubes).

Edipo que asesina y se asesina,
para sentir vergüenza
para seguir matando.

III

¿Nacerá la razón de la vergüenza?
¿Nacerá el bien de tanto mal?
¿Volveremos la espalda
a un paraíso después del sufrimiento,
para permanecer libres en esta tierra generosa?

¿No habría entonces un solo clamor?
El del grito de sal,
el del volcán que anuncia,
el del bosque que asiente.

Porque ha llegado el tiempo
de que escuchen y entiendan,
de quebrar el timón,
de aprender a volar,
de aventar con las alas
tantísima miseria.

SNAKE ALLEY

a José García

En el mercado de Huahsi,
donde las serpientes cuelgan desangrándose en los mostradores,
bajo el naranjo que asombra el refugio del Urriello,
en las escaleras mecánicas de una gran estación,
frente a la cancela de la casa
donde alguien compone al piano conciertos para cuerda,
en mi despacho lleno de recuerdos prestados,
en esos lugares, cuando cierro los ojos,
estoy solo y presiento que algo me traspasa.
Mas si vuelvo a abrirlos, me lleno de tumulto,
de otros que se parecen a mí cuando cierran sus ojos,
porque también están solos como umbrales de lluvia.

¿A quién se parece esa presencia que intuyo?
¿A un padre o una madre que yacen solitarios?
¿ a un vacío que tuviéramos que llenar entre todos?
¿ a un sentimiento que nos llama de vuelta a un lugar que no es sitio,
a un tiempo que no es suceder?

Hay ritos que rasgan los velos de los dormitorios,
nos hacen soñar lo que sueña la piedra, el agua,
el heno, la luz anciana de una explosión estelar;
hay dogmas que usan los velos de lienzo,
pintan espesos paisajes que nos ciegan y confortan;
hay ciencias desvalidas cuando intentan rasgarlos,
porque no tienen uñas para arañar profundo,
cortando la tela y la pared.

Yo sigo parpadeando, desde la entrega al rechazo,
sin sentirme igual a otro, jugando a enemigo de una presencia,
sin elegir el rito, rehuyendo el dogma,
exilado de la cueva donde dibujan cacerías.
Lo hago por inercia – ni siquiera como un pájaro migratorio-
como un cuerpo que se precipita.
Y es posible que todo fuera más sencillo
si aceptase que también soy el otro y lo inexplicable,
la casa donde alguien compone,
la serpiente que cuelga desangrándose.

EL VIAJERO RECOGE UN LAZO DE PAPEL ATADO EN LA RAMA DE UN CIRUELO A LAS PUERTAS DEL TEMPLO DE KAMAKURA, Y AL ABRIRLO, CON SORPRESA, SE ENCUENTRA UN MANTRA EN PORTUGUÉS Y LO HACE SUYO.

Hoy he comido perro.
¡ Ay pobre perro!

  • Estaba bueno el pobre perro -.

Ahora mi alma será devorada
en su camino al cielo.

UNA MAÑANA EN EL MERCADO

Rojos labios sobre el hielo, luces al día robadas, los símbolos del calígrafo enloquecido en el aliento de las palabras.

Verberan los asentadores un rap, cobre y poliuretano. Se alejan dos marinos abrazados por los laberintos del agua.

Mar trasvinado de los muelles a esta madrugada sedienta, antes del sushi, antes de ti.

CORTESANAS

Tiene sonrisa de cerezo en flor,
ojos de otoño,
manos que habitan
un love-motel de pieles apenadas,
corazón de armadillo
sobre el asfalto.

Está cansada Mama San y no lo sabe.

Está cansada y le urge su destino,
y entre tanto se alienta
con la risa de Nara y de Katsura,
y a Nara y a Katsura
se les secan los ojos
en el rio-kan y su piel apenada.

Una recibirá el hielo y la noche,
otra la seda y la flor del cerezo,
las manos de alquiler
que atienden a Sin-Ichi,
y un corazón como un armadillo angustiado.

NIKKO

tu pecho nieva sobre
el fû-tô donde
el valle se reúne y
rompe el silencio

GINZA TOKYU HOTEL

Nada que hablar cuando la lengua pesa sobre el pecho:
es el cansancio, y a él me rindo sin condiciones;
vuelvo al hotel, pido la llave de ese cuarto
que siempre tiene un número distinto,
cárcel inmensa y dulce, soledad y distancia.
Tan grande como Tokio y su bahía,
o las innumerables dimensiones de los sueños,
con carreteras superpuestas, templos consagrados al sinto,
pero también con refugiados niños y niños que asesinan,
y los cerezos que ya no florecen en Marzo.

Afuera, anegaban los trajes grises la estación de Shinyuku.
Entre esos miles encontré una cara conocida, sin nombre,
quizá fue mi reflejo, pero estábamos tantos y éramos tan parecidos.
Entonces fue cuando corrí a buscar un taxi,
“Konichua, Ginza Tokyu Hoteru, dozo”, agotado y sin mí.

Y en el jardín de Hama-rikyu, bajo las torturadas ramas
de un pino negro se cobijan doce generaciones de jardineros,
y mi asombro, que olvidó resguardarse en mis ojos.
Salí de allí siguiendo a la manada: gente amable de caminar ordenado,
que me arrastró inconsciente por calles sin aceras, por rincones sombríos,
hasta el lugar donde reposo tanta belleza.

Nada que hablar cuando la lengua pesa sobre el pecho,
vuelvo a la dulce cárcel, siempre cálida,
con los retazos del día enganchados en mi traje,
y me refugio decidido a no compartir,
y me refugio decidido a no abrir a un ángel azul.

TERMINAL ONE

Entre las blancas sedas de mujer
se acomodan los negros sacos de hombre,
como encajes que cubren un diván,
que extraviado florece en esta playa,
llamada Singapore Terminal One.

Su presencia, – en la sala de los sueños
a deshora, del tránsito y del viaje,
de la gente que espera una llamada,
y pasa sin dejar huella, recuerdo,
o sombra, en Singapore Terminal One –

ha traído el ecuador exuberante,
y el sabor compartido de ese fruto
que es sexo de mujer, carne de piña.

Y el ruido de los muelles carcomidos,
lejos de Singapore Terminal One.

EL VIAJANTE Y SUS VIAJES (1)

El viaje ha sido una parte importante de mi vida. Cuando era joven, el viaje era sinónimo de vagabundeo. Mi héroe era Larry Darrell, el protagonista de “El filo de la navaja” de William Somerset Maugham. Larry (somos casi amigos) lo describe muy bien cuando le preguntan qué es lo que quería hacer y él responde “holgazanear”.  Exactamente, no hacer nada especial y que todo lo fuera. Andar por este mundo conociendo gente, paisajes, culturas, religiones. Observarlo todo sin prejuicios, como un receptor. ¿Para qué? Pues realmente no lo sabía. Sin embargo, desde muy joven supe que todo lo demás era una realidad de cartón-piedra.

Después, “la vida” me atrapó en su rueda y de holgazanear pasé a fichar. Pero “la vida” te ofrece lo que tú quieres a su manera. Mi trabajo suponía viajar y viajar mucho. Realmente no tenía nada que ver con aquel holgazanear de Larry Darrell, eran viajes intensos de trabajo con reuniones, comidas, todo tipo de transporte y una habitación que cada día era diferente. Debo de haber estado en más de 40 países y, creo que sólo en 4 estuve de vacaciones. Parece una maldición, pero no lo es en absoluto. Es la forma más cercana al concepto supremo del viaje. El turismo no es viajar. El turista nunca se integra en el paisaje, es una aparición que se desvanece. Hacer turismo es como ver un documental en tres dimensiones. El viajante es de otra estirpe. Tiene que comunicarse con el nativo, entender no sólo sus palabras si no su espíritu. Se juega mucho en ello si quiere cerrar un negocio. Por eso me gusta tanto Asia. Allí eres analfabeto y la llave de esa comunicación necesaria es la empatía. Tienes que dejar tus principios y costumbres a un lado y aprender de nuevo.

He seleccionado algunos poemas relacionados con el viaje. En muchos de mis poemas, independientemente del tema, el viaje está presente de forma directa o como imagen del fluir de la vida. Los he dividido en dos partes, en esta primera elegí los poemas relacionados con el viajero.

EL VIAJE

Dicen que los viajeros tienen ojos de arena,
y entre la gente fueron siempre extraños,
porque ninguna piel, ningún lugar,
les ofreció esperanza.

Dicen que cuando quedan detenidos,
sin ganas, sin dinero o sin salud,
se sientan en cualquier rincón de un sueño,
y mueren de tristeza.

Dicen que el viaje es una gran mezquita de oro,
de donde parten
los áridos senderos de uno mismo.

JET LAG

Salimos hacia a algún lugar lejano,
y es el tránsito el fin que no el destino,
bambalina que realza
las inmóviles horas.

En el útero cálido del cielo
la azafata regala sonrisas y licores,
mientras a nuestro paso
despiertan las estepas azuladas.

Mañana la ciudad, ahora recuérdame
lo que sé de sus calles,
para que deje atrás lo cotidiano,
y camine por ellas igual que antes hacía,
pues mi alma necesita
más tiempo que mi cuerpo,
para llegar y sentir que ha llegado.

Leí que al viajero siempre le precedía su alma,
y así le recibían las ciudades
de acuerdo con su rango,
porque el alma anunciaba a sus espías
a un peregrino, un príncipe, o un mercader.

Eso debió de ser en otras épocas,
ahora abandono el cuerpo en cualquier sillón de hotel,
y allí la espero,
porque ella llega tarde y tropezando,
con las noticias viejas
de mi llegada.

TRANSPARENTE

(Jet lag 2)

En este lugar fuera de mi tiempo,
a doce mil kilómetros de ti,
donde nadie conoce mis excusas,
he robado unas horas a los biógrafos.

Es lo mejor del viaje,
cuando llegas
y no estás todavía.

Me imagino balsero en alta mar
que no recuerda
ni cuándo ni por qué desanudaron las amarras.
Nadie espera mi vuelta, a nadie espero
y voy dejando a mi paso
un rastro imperceptible
mientras las bicicletas que recorren las calles
esquivan mi inseguro caminar
ignorándome.

Nadie se acerca,
todos sonríen como autómatas.
A nadie le preocupa que los cuervos
aniden en las cumbres de Metrópolis.

Es lo mejor del viaje,
cuando llegas
y terminas por creerte transparente.

EL RELOJ QUE EL MARINO ALÍ BEY ENCONTRÓ EN LA COSTA DE LOS PIRATAS, Y LOS ENSUEÑOS Y HORAS DESCONOCIDAS QUE PULEN SU ESFERA

Hoy ha llamado a la puerta el que dibuja un sueño, lo talla o lo funde, lo engarza y lo vende,
hoy ha venido el que elige el sueño en la cueva del decomiso, entre tantos otros en venta,
hoy me dijeron que vale tanto un verso como el vidrio y el cobre.

Sobre mi mesa hay pueblos de pescadores, que siguen mirando al desierto,
y hay cacatúas violáceas que comen agujas de reloj;
porque me han traído el ensueño y la hora desconocida,
y a los viajeros, sus largas historias, encantamientos y acrobacias.

Es una esfera fría en la mano y en los labios que sobre ella se apoyan.
Es imperfecta en su curvatura, donde le dieron un punto de apoyo,
para poder dejarla en la mesa, y mirarla y ponerse a soñar.
Es una esfera, y teje como las viejas, al descuido, extraños pensamientos.
¿Cuál debería ser su nombre, el de alguna famosa embaucadora, o cualquier otro,
pájaro sobre el vientre de las mujeres, acaso pájaro del mar?

¡Oh, qué belleza había en las manos del artífice cuando trabajaban !
Cómo las imagino engarzando ensueños y horas,
nombres que vienen sin ser llamados, campos de aguas aceitosas y azules,
nombres que vuelven, y un horizonte que no pierde su color al ser alcanzado.

Hay un objeto sobre mi mesa o una multitud de pescadores,
viejas que ya no tienen un cielo en su vientre donde volar,
sueños paseando desde las cosas a las fronteras.
Es una esfera fría que enseña cómo se fabrican las horas,
sin explicar por qué las agujas batallan,
el origen de su misterio.

AÑORANZA

pasó el avión
y la urraca volando
yo estaba en tierra

¡Ay, amor! ¿Hay amor?

Hoy voy a elegir la parte buena. Casi siempre elijo la mala, que es como termina todo. Hoy del amor elijo el deslumbramiento. El momento en que la virulencia de la descarga hormonal hace que perdamos la cabeza. Ahora, cuando leo estos versos de “Poesía 2000-2006” exclamo ¡vaya, estaba para el psicólogo! ¡Qué pereza volver a esos placeres! No por rechazar el placer en sí que es gustoso, es por lo que duele y el destrozo que el amor deja cuando se acaba.

I

Sabíamos los dos nuestro deseo
aunque yo conociera sólo el mío
y tú el tuyo
y así, de esa manera,
nunca nos encontrábamos.

II

Buscabas el reposo en la montaña y algo más,
y yo el amor, arriba, donde nace el río.
y no nos dimos cuenta de que tanta música
y tanto poema
eran una disculpa.

Allí, arriba, donde nace el río
jugamos inconscientes
hasta que despertamos con las manos desbocadas.

III

Me venciste con besos traicioneros en la espalda.
Abriste un manantial bajo mi cuello,
del que me brota un agua que diría sangre nueva y abundante.

IV

Choto mate, despacio, choto mate, llévame por la corriente
de ese cálido río que desborda tus manos.
Deja algo para luego, no lo quieras todo
esta primera noche.

Deja que flote lentamente
que tarde la rutina en alcanzarme.

V

Entraste con tu lengua
y diste a los sonidos
la humedad del agua.

VI

“Prolonga este momento,
no dejes que termine. Haz que dure
lo que dura la espera
que te es tan familiar.
No pienses en finales luminosos,
que después te dan sueño.”

Eso es lo que me digo
cuando interpreto el cuerpo que me ofreces
como una partitura escrita sobre carne,
cuando sigo la cálida humedad de su ritmo,
cuando encuentro, por fin, su melodía.

Después, si al despertar,
siento tu desnudez ajena
o tu piel impensable playa,
cierro los ojos, dejo que mi mano
encuentre su camino; es como el barro:
desea el agua para no secarse.

VII

No es metáfora que nos amáramos en un río
ni que tus manos fueran de espuma,
tampoco que escribieras partituras con mi nombre
ni que se marchitase una rosa mientras dormíamos.
Nada es metáfora en mis palabras.

Que los cerezos se disfrazaran de acebos a tu paso
y los muros que albergaran a un triste emperador
despertaran sonrientes
mientras señalabas las estrellas
que nacían en mi cuerpo,
esto,
esto tampoco es metáfora.

VIII

Como un tronco de olivo que se enraíza en mi pene,
crece tu cuerpo y parecen tus uñas
las flores blancas que ahora son frutos
en los campos vareados por mis manos.

Como colinas veladas por la bruma,
crecen tus pechos y parece tu pelo
grito de guerra, danza que ilumina
de sombras las paredes.

Como los pájaros del Amazonas
cantan tus labios y brillan como luciérnagas,
mientras busco la raíz que te sostiene
y se prolonga, raíz, por tu espalda.

IX

sobre los párpados
descansaban los labios
sobre los labios
el cuello descansaba
sobre los senos

De “Poesía 2000-2006”

Imágenes del libro «Shunga L’art d’aimer au Japon» de Marco Fagioli (Ed. Octavo Franco Cantini, 1997)

¡Ay, amor! ¿Hay amor? Y aún así, cuando escuchas a Silvio Rodríguez, corres el riesgo de desearlo.

Hijos

No les he escrito muchos poemas, pero alguno hubo y los he querido reunir aquí. Los hijos…

Nuestra especie es tan soberbia que termina siendo estúpida. En general se piensa que los seres humanos somos libres, independientes, elegimos si queremos tener pareja, hijos o qué camino tomar. Y, si bien tenemos grados de libertad, hay una ley superior a la voluntad de cualquier humano. La evolución de las especies y su supervivencia. Nacemos para cumplirla, es nuestra correa, sólo somos libres de movernos por el patio lo que la cuerda nos permita.

APUESTAS CIEGAS

Los hijos son apuestas ciegas,
nadie puso sus fichas
ni eligió en qué mesa,
fue un crupier, quizá  un mago
y creímos que eran nuestros.

Y al final nos devoran, como crías de araña
se deleitan con una luciérnaga ovillada.

Nadie sabe si fue un buen padre,
solo después, si el hijo sobrevive a su amor.

De «Mudanza»

Sin embargo, nacen y ya no son opción, son seres vivos que dependen de ti. Ser padre es la tarea más complicada que existe. Es ser catedrático de universidad sin haber terminado primaria. Afortunadamente, los hijos crecen, sobreviven y terminan «matando» al padre. En ese momento, yo descubrí que mis hijos eran personas valiosas, buenos compañeros de viaje. Aquí están los poemas que les dediqué:

NO PIERDAS EL SABOR DE LA AMBROSÍA

A Rafa

La vida
me susurra bajo la piel.
Su rocío sobre la sábana
aunque tiene forma de niño
es como un vórtice que se ahonda
cada día. Se ve en sus ojos
negros de sima. Después solo
cuando las preguntas se acaban
recapacitas y no entiendes.
.
Y aún así es la vida la luz fresca
ante una forma inacabada
es viento eterno dominado
por puntas de flecha que buscan
el corazón de sus arqueros
es también el ala de un dios
aventando generaciones
sin que podamos percibir
su lentísimo movimiento.

Y tú ahora eres sólo vida
que olvidarás cuando seas hombre
que olvidarás sin saber cuándo, como el humo
se desvanece en un instante indefinido.

De «La Torre Dinamitada»

MEA CULPA

a Julia

Se está haciendo mayor a pesar mío,
se está haciendo a ella misma, a ninguna otra.
Y va a ser la que cambie mis esquemas infantiles,
ella en primer lugar,
– ya volverá – te dicen pero nunca lo hacen,
porque se saben expulsados.

Y debe ser así,
pues así es con los pájaros,
y aunque con ellos sea más rápido, más frío,
más eficaz,
con ella no hay indiferencia,
sino el desgarro de saberse
en el error de nuevo,
el error de mi padre
y el de mi abuela que se murió tan temprano,
el error de creerme exactamente alguien,

y no ser nada más que ellos,
parte de ellos y un algo del azar.

Se está haciendo a su forma,
y yo siempre protesto por sus cambios continuos
como un viejo ogro lleno de amargura.

De «Diccionario de Días»

FÉNIX 

a Ana

estas confusa
crees que no eres nada
y eres el Fénix

De «108 Senryu»

LA ESFERA ARMILAR

A Ana

Cuando las ranas callan y los pájaros comienzan su canto y después todo se ilumina;

cuando al calor retorna el silencio y sólo queda el monólogo del río, el parloteo de los árboles o el peso de un cuerpo exhausto – si acompañan agua, viento o suerte -;

cuando al caer de la tarde se llenan los caminos de niños que batallan con sus sombras;

cuando las estrellas iluminan los campos de la noche y los péndulos vuelven a cortar el espacio,

cuando en los sueños se entremezcla lo que se ha aprendido y lo que se imaginó;

cuando las ranas se convocan en los humedales y no dejan de croar hasta que todo se ilumina,

cuando al calor retorna,

cuando los pájaros

De «Poesía 2000-2006»

Y a todos ellos les dediqué los dos que siguen:


A NUESTROS HIJOS

Si leéis estos versos perdonadme
por el extraño don que recibisteis
el del bambú agitado por el viento,
– pero es inevitable -: conformaros
con los días de calma.
Aprended del silencio y de la luz
y no temáis aquello que os conmueve.

Si vuestros ojos ven, que sea intensamente,
si vuestros oídos oyen, que escuchen – sólo eso -,
si vuestra es la palabra, compartidla.
Y no afectéis el gesto si os brindan los laureles,
ni creáis sufrir más que los héroes antiguos.

Escuchad con amor estas palabras,
no las menospreciéis como a un poema,
escuchadlas, son ciertas
y es lo único que os dejo.

De «Diccionario de Días»