Sinfonía

Nebulosa Velos del Cisne, fotografía de Fernando Abalos

A Xavier Llamas

Y no importa si estás bien o estás mal,

es agradable el ritmo de la música

que está en todo, no en vano todo vibra.

Y si fuera estridente algunas veces,

es aviso de un cambio de cadencia,

una transformación, un remolino

en un río muy grande que murmura

más grave que la aguda realidad.

Incluso cuando creo que no la escucho

y parece que todo está en silencio,

aún queda algún sonido imperceptible,

plumas que se desprenden de unas alas

que poderosas baten lentamente

las notas de infinitas sinfonías.

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Estiercol

Las convicciones nacen cuando somos jóvenes

y cuando dejamos de serlo

el escepticismo trepó por los tobillos

y nos llegó hasta el mentón.

Aun así, el más escéptico conserva

las convicciones de la juventud,

las sigue, aunque no tenga fe en ellas,

las defiende en silencio, solo para sus ojos,

porque ante tanta mierda,

pensar que todavía cree en ellas,

lo tranquiliza, le da un respiro antes de volver

a pisar el estiércol.

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Estar solo

Me mentiría descaradamente

si dijera que siento amargura por mi soledad,

que fue algo inesperado,

que nunca imaginé que llegaría.

Porque lo que soy es inexplicable

sin una inquebrantable decisión de encontrarla

y, ahora, que al fin estamos juntos, siento melancolía.

Sí, de la intensa pasión de un buen polvo

y de sus consecuencias imprevistas,

de vivir Casablanca y escuchar el piano de Sam

imaginando ser ellos, su mano en mi mano,

alegrías que no sopesan

lo pesado de una ruptura,

el desengaño,

el intenso dolor del desengaño,

la pérdida que al menos da término al dolor,

dolor,

dolor.

Ahora todo el dolor es sinsentido

nada puedo perder pues de nadie dependo

nadie me desengaña porque a nadie he engañado

solo estoy yo

que ya sobrepasé la edad del vértigo

cuando el futuro no ofrece esperanza

y, sin embargo, estoy feliz,

con el tiempo agotándose en silencio,

más intensas me suenan las campanas de mi aldea.

Hago planes a largo plazo, tres, a lo sumo, cuatro semanas,

procuro dar sentido al sueño, al despertar.

Me acompañan la música, las nubes que crecen en el bosque,

las estrellas y el río que murmura cuando la noche está más callada.

Estoy en un castillo, una isla virgen, deshabitada y defendida por los bajíos

de náufragos y de piratas.

Protegido en un campo de fuerza solitaria

contra malvadas alienígenas.

Y aquí florezco al ritmo del jardín

y converso conmigo mismo,

me recuerdo,

me convenzo de que no estuvo mal,

de que he vivido sin perder el tiempo

y concluyo,

concluyo que merezco estar tranquilo

porque muy pronto tendré que mover

pieza en esta partida

que se me hace tan corta.

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el rostro

cuál será el rostro de mi biografía

uno que para siempre

irá unido a mi nombre

como el de aquella niña abrasada por el napalm

el del sabio arrugado con melena asustada

el del hombre y su puro

el del bigote a cepillo del tirano

o el de un dios coronado con espinas

todos ellos tuvieron otros rostros

más amables más jóvenes o en llanto

y uno de ellos

sería el que tenían de sí mismos

cuál será el de mi nombre

yo elegiría el de hoy

algo ajado y despierto

lavado con el barro tallado con la luz

viejo indudablemente pero aún no derrotado

Porque en los sueños no hay tiempo ni espacio

estoy muerto
todos estamos muertos

y qué más da

universo infinito
tiempo infinito
y nosotros suspiros


y qué más da


yo reto al infinito
una muerte pequeña
por su muerte infinita
aunque esta vez escondo
mis sueños en la manga
son cartas son enigmas
me dan la libertad

eta carinae

A María Alcocer que con una palabra crea nebulosas.

Eta Carinae: nombre de una estrella y de la nebulosa en la que se encuentra, Está localizada en la constelación de la Quilla (Carina).