¡Ay, amor! ¿Hay amor?

Hoy voy a elegir la parte buena. Casi siempre elijo la mala, que es como termina todo. Hoy del amor elijo el deslumbramiento. El momento en que la virulencia de la descarga hormonal hace que perdamos la cabeza. Ahora, cuando leo estos versos de “Poesía 2000-2006” exclamo ¡vaya, estaba para el psicólogo! ¡Qué pereza volver a esos placeres! No por rechazar el placer en sí que es gustoso, es por lo que duele y el destrozo que el amor deja cuando se acaba.

I

Sabíamos los dos nuestro deseo
aunque yo conociera sólo el mío
y tú el tuyo
y así, de esa manera,
nunca nos encontrábamos.

II

Buscabas el reposo en la montaña y algo más,
y yo el amor, arriba, donde nace el río.
y no nos dimos cuenta de que tanta música
y tanto poema
eran una disculpa.

Allí, arriba, donde nace el río
jugamos inconscientes
hasta que despertamos con las manos desbocadas.

III

Me venciste con besos traicioneros en la espalda.
Abriste un manantial bajo mi cuello,
del que me brota un agua que diría sangre nueva y abundante.

IV

Choto mate, despacio, choto mate, llévame por la corriente
de ese cálido río que desborda tus manos.
Deja algo para luego, no lo quieras todo
esta primera noche.

Deja que flote lentamente
que tarde la rutina en alcanzarme.

V

Entraste con tu lengua
y diste a los sonidos
la humedad del agua.

VI

“Prolonga este momento,
no dejes que termine. Haz que dure
lo que dura la espera
que te es tan familiar.
No pienses en finales luminosos,
que después te dan sueño.”

Eso es lo que me digo
cuando interpreto el cuerpo que me ofreces
como una partitura escrita sobre carne,
cuando sigo la cálida humedad de su ritmo,
cuando encuentro, por fin, su melodía.

Después, si al despertar,
siento tu desnudez ajena
o tu piel impensable playa,
cierro los ojos, dejo que mi mano
encuentre su camino; es como el barro:
desea el agua para no secarse.

VII

No es metáfora que nos amáramos en un río
ni que tus manos fueran de espuma,
tampoco que escribieras partituras con mi nombre
ni que se marchitase una rosa mientras dormíamos.
Nada es metáfora en mis palabras.

Que los cerezos se disfrazaran de acebos a tu paso
y los muros que albergaran a un triste emperador
despertaran sonrientes
mientras señalabas las estrellas
que nacían en mi cuerpo,
esto,
esto tampoco es metáfora.

VIII

Como un tronco de olivo que se enraíza en mi pene,
crece tu cuerpo y parecen tus uñas
las flores blancas que ahora son frutos
en los campos vareados por mis manos.

Como colinas veladas por la bruma,
crecen tus pechos y parece tu pelo
grito de guerra, danza que ilumina
de sombras las paredes.

Como los pájaros del Amazonas
cantan tus labios y brillan como luciérnagas,
mientras busco la raíz que te sostiene
y se prolonga, raíz, por tu espalda.

IX

sobre los párpados
descansaban los labios
sobre los labios
el cuello descansaba
sobre los senos

De “Poesía 2000-2006”

Imágenes del libro “Shunga L’art d’aimer au Japon” de Marco Fagioli (Ed. Octavo Franco Cantini, 1997)

¡Ay, amor! ¿Hay amor? Y aún así, cuando escuchas a Silvio Rodríguez, corres el riesgo de desearlo.

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