Aniversario

Hoy, exactamente a las 23 horas y 13 minutos, hace un año nos dejaste. Esa noche subí mis sentimientos al blog. Hoy vuelven a estar a flor de piel.

¡Un año¡ ¡Y todo sigue igual, mamá!

Durante este año he seguido hablando con ella, cuando mi perro hacía una gracia, se lo comentaba. A veces nos tomábamos un tercio, de los que ella gustaba. En realidad, yo me bebía los dos. Tú no te lo puedes tomar, mamá, y no la vamos a tirar, verdad. No hijo, disfruta, pero luego me tienes que llevar a la residencia. No, mamá, ahora no necesitas estar en la residencia, te puedes quedar aquí todo el tiempo que quieras.

A las nueve de la mañana, todos los días me asalta el pensamiento “nohellamadoamamá”, porque es la hora a la que hablábamos cada día. Dicen que no es bueno aferrarse a los muertos, que hay que pasar el luto. Pues, a mí no me da la real gana. No es necesario que me expliquen que ella se fue para siempre, tan loco no estoy. Pero no estoy lo suficientemente cuerdo para borrarla de mi vida – no hacerla partícipe de la misma, es borrarla – y siempre estaremos juntos. Siempre es el lapso que me quede. Ya sabes, mamá, te voy a contar todo lo que vaya pasando, así no te aburres y me haces compañía.

Ahora vamos a tomarnos un tercio para celebrarlo, ¡A tu salud, mamá! Pero hijo, qué bruto eres, !Dios mío, qué habré hecho yo para merecerlo¡

Tiempo de adviento

Tiempo de adviento

Cómo os podría amar a alguna de vosotras

ni aunque vuestra nariz fuera la perfección

imaginada en piedra busto desfigurado

de una venus de un dios apolíneo un efebo.

Ni siquiera si vuestra sonrisa anticipara

mil y una noches o una larga noche de insomnio

no es porque no conozca el amor su perversa

química soy un gólem que él pone en el mercado

claro que lo conozco temo su retirada

como bárbaras hordas que salan la campiña

y esa tierra soy yo y no estoy en barbecho.

He borrado en mi agenda cualquier convocatoria

dedicada al amor llegó el tiempo de adviento

necesito curar los fríos sabañones

que un campo sin cosechas enracimó en mis manos

el momento de estar tranquilamente solo

de acordar con la vida un armisticio justo

y necesito tiempo mucho mucho tiempo

que tengo que robaros mis generosas damas.

Miedo

Miedo

Me llamaron a filas y en un mes

me convertí en soldado, obedecía

automáticamente cualquier orden.

Yo estaba recogido entre los pliegues

del traje de campaña o del autómata

que accionaba mis pasos y esperaba

el refugio del sueño para entrar

otra vez en mi cuerpo abandonado.

Cuando juré bandera me sentí

libre con condiciones sin saber

por qué hasta que un sargento ¿o un brigada?

se despidió no vuelvas y si vuelves

no será necesario que te explique

que solo eres una orden que acatar.

El miedo es un chasquido es una impronta

con el miedo se mueven los ejércitos

pero es solo un ejemplo ¿o a nosotros

no nos mueven tirando del mismo hilo?

Es difícil luchar contra un fantasma

un recuerdo olvidado que se esconde

hasta que a una señal toma el control.

¿Cuántos miedos se ocultan en mis actos?

¿Cómo puedo evitar a los que asustan

con pandemias con armas bio-ilógicas

armas de destrucción masiva ¿o no?

Para que el miedo cale en nuestros huesos

hay muchos que cooperan pocos saben

las reglas de ese juego y los demás

creen que es justo lo que hacen ni lo piensan.

Esto no es nuevo siempre ha sido así

aunque hoy asusta más ese fantasma

porque es más poderoso más feroz.

Madrigal

Madrigal de Gutierre de Cetina, leído por Luis Prendes en 1966

Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Amar la vida

Amar la vida

todo lo que ha nacido

quiere seguir viviendo

el fresno y el castaño

el pino y el alerce

el ratón y el murciélago

los pájaros del día

también la ameba informe

y el que más el humano

porque quiere vivir

esta vida y la eterna

si fuera de otra forma

la vida perdería

su razón de existir

si no enraíza el alerce

si no anidan los pájaros

y no vuela el murciélago

no habría una palabra

que pudiera nombrarles

ni darwinianos cambios

que llegaran al hombre

todo lo que ha nacido

debe seguir viviendo

y esparcir la semilla

para que se transforme

y después hacer sitio

reciclar su sustancia

para un nuevo formato

quiere seguir viviendo

pero un día se seca

el árbol más antiguo

es diseño de un dios

quizá una fuerza cósmica

una belleza auténtica

un diseño perverso

a los ojos de seres

ungidos de consciencia

que se saben mortales

quieren seguir viviendo

como la ameba quiere

y ya no hay inocencia

sino un deslumbramiento

un golpe en la mandíbula

un saco de preguntas

que al no tener respuesta

alimenta el misterio

nace la ciencia el arte

nacen las religiones

y la filosofía

nada es del todo cierto

y viven en la rabia

Y si aman esta vida

no es solo porque es bella

todo lo que ha nacido

quiere seguir viviendo

y no tiene otra opción

si fuera de otra forma

la vida no tendría

lugar en este plan

en el que son la cera

sobre la que arde el pábilo

Fotografía de Alfonso Arias

Romance sonámbulo

Romance sonámbulo de Federico García Lorca, leído por Fernando Guillén en 1968.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde… ?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

***

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

***

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

***

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Fernando Guillén

Federico García Lorca