La quinta fuerza (3)

(La poesía como entrenamiento de la consciencia)
Imagen: El caminante sobre el mar de nubes de Caspar David Friedrich

A Pilar García Orgaz

Cuando, a veces, me preguntan ¿cómo es que un científico escribe poesía?, siempre contesto que las dos actividades son herramientas del conocimiento. Y,  ahora,  añado que también  lo son para fortalecer nuestra consciencia. Además, no es tan raro que un científico desarrolle  alguna actividad  artística. Por poner algunos ejemplos, Einstein, Pitágoras, Leonardo da Vinci, Ramón y Cajal, Herschel,  Borodín, Feynman, Lovelace y, si nos centramos en la poesía, Goethe,  Lomonósov,  Darwin (el padre de Charles),  Hoffman (premio nobel de química),  Elson,  Blas Cabrera,  Bronowski, Lewis Thomas y tantos otros que la lista sería cansina. 

 La poesía (el arte en general,  aunque me centre en la poesía que es el arte que practico) y la ciencia son complementarias,  la primera usa el lenguaje simbólico y la metáfora y la  segunda el lenguaje experimental.  La poesía activa las áreas cerebrales del significado, la analogía y la emoción. La metáfora no es un adorno es una herramienta para potenciar la consciencia. Einstein decía que las ecuaciones son para la mente y la poesía es para el alma.

 La poesía es un instrumento de atención, percepción y transformación interior. Un poema amplía la atención porque se lee despacio, preferiblemente en voz alta para disfrutar de su ritmo, porque es ambiguo y a cada lector le puede sugerir ideas y sentimientos diferentes. La poesía no explica, despierta.

Cuando escribimos poesía, nos damos cuenta de su magia. Los ladrillos imprescindibles que construyen un poema son el ritmo y los elementos lingüísticos como la metáfora, pero también los símbolos y las imágenes. Hay que decir mucho con pocas palabras, Vicente Huidobro decía que el adjetivo si no da vida, mata. La poesía debe tener sangre en sus venas, tiene que ser vivida, si no es así, los poemas son simples ejercicios que terminan aburriendo.

 Una poesía sin ritmo, es prosa poética. El ritmo es una característica imprescindible del poema, acerca la poesía a la música (por eso las canciones son poemas y no relatos). En mi experiencia, cuando analizo un proto-poema, lo primero que miro es su ritmo, sé que me dará pistas de a dónde se dirige el poema. Las más de las veces, cuando empiezo un poema, no sé a dónde me llevará, no conozco el final. Y sé que su ritmo lleva el mensaje oculto y si quiero avanzar y desvelar lo que me corroe por dentro tengo que revisar ese ritmo.

Es un proceso mágico, de pronto ves que un verso tiene un ritmo diferente al de los demás, entonces me paro, porque en esa situación pueden ocurrir dos cosas. La primera es que ese verso sea de otro poema, proceda de una idea o un sentimiento que no pertenece al cuerpo del poema que estoy escribiendo,  y hay que eliminarlo o guardarlo en un cajón. La mayoría de las veces, esto es lo que ocurre pero hay una segunda posibilidad. Puede suceder que ese verso abra una puerta diferente al poema, que sea una bifurcación del camino que está pidiendo a gritos sitio y que requiere otro tono, otro ritmo. Así aparece una estrofa distinta en su color pero complementaria. Un arco iris tiene seis colores (el añil no existe, es un invento de Newton) y es uno. Lo mismo ocurre con un poema, puede necesitar varios colores, varios ritmos.

 Lo que más me emociona, cuando escribo un poema, es cómo la idea, el sentimiento, se va aclarando cuando ajusto el ritmo. El ritmo en nuestro idioma se basa fundamentalmente en los acentos y la métrica, aunque las pausas, el encabalgamiento, la repeticiones, también son parte de él. Y la rima, claro, sobre todo cuando el poema es una canción ( más tarde comentaré mi relación con ella). Ajustar el ritmo es un dolor de cabeza, mejor dicho de la mente. Normalmente hay que cambiar una palabra para ajustarlo,  y no es tan fácil.  Todos hemos tenido alguna experiencia similar cuando estamos organizando nuestra casa, el salón por ejemplo. Cambiamos un cuadro y eso nos fuerza a mover una lámpara y la lámpara un sofá y el sofá una mesa…  al final hemos cambiado el salón completo.

 Buscar una palabra para sustituir a otra es una situación similar. No vale cualquier palabra, porque puede cambiar el espíritu del poema.  Pero si estás atento, si no has desconectado con la emoción primera que te sugirió el poema,  terminas encontrando la palabra que, probablemente, te obligará a cambiar bastantes más cosas, incluso mover los versos de un sitio para otro hasta que suene un clic rotundo en tu cabeza, un eureka esto era, sí esto era.

 Por eso escribo poemas, porque sé que es una actividad comprometida, una palabra, las palabras no están vacías, significan imágenes, ideas y emociones, hay que tratarlas con respeto, cada palabra tiene su razón y lugar en el poema. Y cuando se unen varias palabras y surge la metáfora te deslumbra y te ilumina al tiempo. Las metáforas hacen reflexionar al lector sobre el significado que pretende el poeta, la sentimos y nos damos cuenta de que nos atrapa en un abanico de significados. Y para el poeta, como acabo de decir, es iluminación pues en la metáfora está el conocimiento que buscaba en sus versos, ampliado con significados inesperados. Y eso no se logra sin el compromiso con la palabra, sin que el poeta se desnude, se viviseccióne con ese bisturí, y si no está dispuesto a ello cae en la mentira, la vacuidad y el narcisismo.

 En resumen, cuando escribimos o leemos poesía nos enfrentamos a la profundidad de la palabra. Esta deja de ser percibida de forma rutinaria, ya no la leemos automáticamente, como cuando leemos un periódico, nuestra atención se hace profunda,  la sopesamos en todos sus aspectos, su significado léxico, connotativo (la emoción de la palabra), contextual, figurado, simbólico, poético….  las palabras tienen muchos significados dependiendo de su entorno. Hablamos con palabras y, con frecuencia, creemos haber dicho algo concreto y hemos desvelado mucho más. 

 Y el ritmo ayuda a reducir la dispersión de nuestra mente. Si leemos un soneto en endecasílabos acentuados en sexta, se produce la musicalidad de un mantra que relaja nuestro sistema nervioso. No es un efecto casual, el ritmo es un medio para captar nuestra atención. Y aprovechando el soneto, en el que su ritmo se apoya además en la rima, quiero decir que , en mi opinión, la rima no es un elemento básico de la poesía. Solo en la canción o en las composiciones clásicas es necesaria. Yo no la uso en mis poemas porque, cuando se golpea mucho el tambor, no deja escuchar la música sutil del poema.

Cuando se escribe o se lee poesía se practica la consciencia. Es una buena manera de ejercitarla, son unas mancuernas perfectas para fortalecer el músculo de la consciencia. Pero las mancuernas deben tener peso, y este peso es el alma del poeta que se ofrece en sus versos. Sin alma, las mancuernas no pesan y el poema será inútil para ejercitar nuestra consciencia.

El poeta ejercita la consciencia al levantar el edificio del poema y el lector al descubrir cómo el poeta compuso la arquitectura y plasmó la información. Ambos ejercicios tienen similitud con la meditación. En la meditación intentamos apagar el ruido de nuestra mente, observando cómo nos bombardean los pensamientos: tengo que pintar la cocina, tengo que hacer esto y lo otro, por qué se enfadó la persona que amo, tengo que llamar al fontanero…  es un ruido agotador que nos hace creer que somos lo que pensamos. Y no, no lo somos. En la meditación ejercitamos mirar a esos pensamientos desde fuera, observar cómo fluyen y desaparecen y vuelven a aparecer otros que dejamos fluir. Nosotros somos el rio, nuestros pensamientos son los peces que nadan en él. Dejando fluir los pensamientos terminamos en un remanso del río donde solo hay agua, donde solo hay yo.

El ejercicio de la poesía es similar en cuanto que para escribirla necesitamos concentrarnos, dejar fluir las ideas para captar las que se ajustan al mensaje  que queremos expresar. Como en la meditación, domesticamos nuestra mente. Y de igual manera,  el lector debe leer el poema con una mente limpia de prejuicios, una mente abierta a ser fecundada por el ritmo y las palabras de otro ser pensante.

 Y para terminar, el ejercicio de la consciencia se realiza de maneras diversas, como artista, como místico, como científico, como artesano… como seres conscientes de que cualquier actividad que realizamos la hacemos despiertos al mundo que nos rodea, liberados de esa parte de nuestro ego que nos ciega.

La quinta fuerza (2)

(Sobre la consciencia)

Lo primero es advertir al incauto lector de que no soy maestro de nada y, sí, aprendiz de muchas materias. Tened la certeza de que lo que escribo no tiene mayor valor que el de la sinceridad de mis pensamientos. Y si mis palabras despiertan en vosotros la curiosidad, me sentiré agradecido y a la vez preocupado por si llegaráis a creer que escondo una sabiduría que no poseo.

En la primera parte de esta divagación traté sobre la quinta fuerza elemental, la consciencia. Quiero aclarar que no hablo de conciencia sino de consciencia. La primera se refiere a la ética de nuestro comportamiento. La segunda, a nuestro estado de lucidez. Son términos diferentes y complementarios. Un ser verdaderamente consciente tiene conciencia, si no la tuviera sería la encarnación del diablo. Quede claro que a lo que me voy a referir a partir de ahora es a la consciencia consciente: a los seres que buscan luz.  La consciencia nos viene dada con la vida, aunque en una cantidad justa para saber que somos y que somos distintos de los otros. Somos yo, y yo soy el yo soy.

La conciencia se adquiere con la educación y, también, con el crecimiento de nuestra consciencia. A medida que esta crece, si no somos seres diabólicos, la conciencia también crece. La conciencia es la parte más sencilla, una vez que se adquiere no necesita de mucho trabajo, solo hace falta ser coherente y vivir de acuerdo a ella. Sin embargo, la consciencia crece y no conocemos sus límites. Y, aquí viene la pregunta,   ¿cómo crece la consciencia?  Una primera respuesta es sencilla, la consciencia crece igual que nuestra musculatura, ejercitándola. Y, ¿cómo la ejercitamos?, los músculos los podemos tocar, crecen y se fortalecen haciendo ejercicio, con unas mancuernas, caminando, montando en bicicleta… haciendo cualquier deporte, ya se sabe “mens sana in corpore sano”.  Pero la consciencia ¿dónde está? ¿Cuáles son las mancuernas que la fortalecen?

Mi formación científica me inclina a las explicaciones de la neurociencia: la consciencia aparece cuando interactúan muchas partes del cerebro de forma coordinada y, ahora fantaseo, se puede extender y quizás trascender al propio cuerpo. Los budistas creen que la consciencia no está contenida en el espacio y es previa a la mente y al cuerpo, yo, que no llegó a la altura de la suela de la zapatilla de Buda, pienso que todo está contenido en el espacio-tiempo, incluso la consciencia. Pienso que al igual que no vemos la gravedad, solo observamos sus efectos, tampoco vemos la consciencia, solo su producto que somos nosotros, nuestra mente pensante que nos dice “existes”. La tendencia antropocéntrica de los seres humanos nos hace pensar que nuestra consciencia está fuera de la “sucia” energía-materia, y decidimos que nuestro yo es espíritu, es alma.

La física, ya define a tres de las fuerzas elementales como cuánticas, es decir formadas por unidades infinitamente pequeñas, mejor dicho unidades muy pequeñas, porque como Demócrito definió hace 2.300 años, nada es infinitamente pequeño, y en los últimos años, se comienza a entrever que la gravedad también puede estar formada por partículas cuánticas. Por tanto, si afirmo que la consciencia es una quinta fuerza elemental, no veo otra estructura posible más que una estructura cuántica, como las de las otras fuerzas elementales.

La segunda pregunta, el cómo fortalecer esta consciencia cuántica, es más sencilla de responder. No hay más que volver los ojos hacia Buda y el budismo, que  desarrolló técnicas muy eficientes para el trabajo con la mente: la meditación, o las meditaciones pues hay diferentes formas de practicarla, observando nuestra respiración, repitiendo mantras, visualizando los colores de los siete chakras…  También la atención plena (mindfulness) de origen budista, que fue introducida en occidente en los años 70 del pasado siglo por el Dr. Kabat-Zinn, y la respiración consciente y el silencio, mucho silencio para dejar de vivir automáticamente y hacerlo con consciencia plena. No es mi intención, en este artículo, enseñar estas técnicas, hay cientos de libros, vídeos y podcast que enseñan cómo practicarlas. También hay maestros, aunque maestros verdaderos hay pocos. La elección de un maestro o maestra es muy delicada. Hay indeseables que utilizan el hambre de conocimiento, el misticismo, para enriquecerse de forma impropia. No creo que Jesucristo o Buda pidieran dinero por sus enseñanzas. Intento imaginar a Jesucristo en el Sermón de la Montaña diciéndole a Pedro “pasa la escudilla y el que no pague un denario, échalo de mi lado” y no me cuadra. Con esos maestros o maestras lo mejor es poner tierra de por medio. 

Aparte de estas herramientas desarrolladas para fortalecer nuestra atención, también tenemos la cultura que nos libra de la ignorancia y de caer en manos de iluminados. Las artes, la filosofía y la ciencia no son enemigas del misticismo. Las artes son un atajo a lo místico,  la experiencia estética se salta el razonamiento lógico para conectarnos directamente con lo inefable.  Al contemplar una obra maestra o una pieza musical, se puede experimentar el éxtasis (queda claro que no hablo del reguetón),  el guirigay de nuestra mente se silencia un instante.  El lenguaje místico suele ser paradójico porque intenta describir realidades que están más allá de las palabras. El arte utiliza el símbolo y la metáfora para comunicar lo que el lenguaje literal no puede. Este paralelismo hace que el arte nos acerque a lo místico. Y la filosofía y la ciencia son la brida que sujeta y refrena un misticismo dislocado.

La ciencia es hija de la filosofía, cuando no había instrumentos ni laboratorios donde investigar, el ser humano pensaba sobre el sentido de la realidad, en el bien y en el mal, en cómo razonamos y cómo es el cosmos que nos rodea. Al principio los filósofos eran también científicos, Pitágoras, Aristóteles, Descartes… En el siglo XIX la ciencia se separa de su madre, la filosofía, y comienza su propio camino,  el del pensamiento científico. Esta nueva forma de abordar el conocimiento es uno de los grandes logros de la humanidad y trae otra luz que nos previene de la oscuridad y de la superstición.  Cuando escribo, otra luz, es porque sigue existiendo la primera, la filosofía que no debemos descuidar.

Aunque está en cuestión si existe un método científico, si es seguro que hay un pluralismo metodológico que tiene unos rasgos comunes en todas la áreas de la ciencia:  el control empírico, que implica que las teorías tienen que comprobarse experimentalmente, y la actitud crítica, la ciencia no confirma creencias, la ciencia no tiene fe y sabe que muchas veces se equivoca, la ciencia vive en la duda. Es cierto que algunos científicos desarrollan una enfermedad del intelecto que se llama cientifismo, que se resume en afirmar que la única forma de conocimiento es la ciencia. Y se confunden, hay otra forma, complementaria, de adquirir conocimiento y  es la consciencia.

Sin embargo, la reacción actual contra el cientifismo, el acientifismo, me parece más preocupante y peligrosa. Considerar la ciencia como algo perverso me sorprende profundamente. Que en el siglo XXI haya gente que cree que la Tierra es plana, o que las vacunas son malas y la tecnología diabólica, y no se paran a pensar que a principios del siglo XX la esperanza de vida en España era de 30-40 años (ahora está en 83) y la mortalidad infantil  era de 1 cada 14 niños (ahora es de 1 cada 1800), me parece perturbador. Es un retroceso a lo más oscuro de la Edad Media.

La ciencia no es incompatible con el misticismo y éste no lo es con la ciencia. Es agotador que los seres humanos busquemos siempre los extremos: cientifismo contra acientifismo, o una herramienta o la otra, cuando las dos son complementarias y nos hacen más conscientes. La ciencia ha demostrado que los métodos de trabajo mental como la meditación y el mindfulness tienen efectos evidentes sobre el cerebro y sobre el desarrollo del cerebro. La ciencia hizo su trabajo, demostrar una teoría con la experimentación.  La mística ya lo sabía pero la ciencia nos dió detalles de la forma en que la práctica de la meditación modifica el lóbulo frontal del cerebro y , seguramente, ese conocimiento será útil para la mejora de una técnica que estaba restringida al misticismo.  Sin embargo, la ciencia se lleva mal con la religión, porque la religión parte de un término conocido como fe que es absolutamente contrario al pensamiento científico. Como ya he dicho, en la ciencia no existe la fe, existe la experimentación y la demostración de las teorías a base de medir los efectos de esa teoría y comprobarlos.  La ciencia no tiene fe, lo que mueve a la ciencia es la duda, repito. Por eso, veo muy complicado que un científico serio tenga fe.

La ciencia no es una herramienta diabólica, per se.  Pero si el científico no tiene ética, no tiene conciencia, su trabajo científico se convierte en una herramienta peligrosa. Tenemos bastantes ejemplos en el siglo XX.  A principios de ese siglo, el premio nobel Fritz Habber desarrolló junto con Carl Bosch un proceso para obtener nitrógeno del aire que cambiaría la agricultura del mundo. De pronto, un nutriente escaso como era el nitrógeno, componente básico de los fertilizantes, pasó a ser increíblemente abundante. Aquel hallazgo permitió incrementar la producción agrícola espectacularmente, evitando hambrunas y permitiendo el crecimiento de la población humana a una velocidad inimaginable pocas décadas antes. Pero Habber, también, participó en la mejora y creación del gas mostaza.  No solo mejoró su producción, sino que se fue al campo de batalla en la Primera Guerra Mundial para comprobar sus efectos. Y para terminar de compensar el beneficio que proporcionó a la Humanidad con su proceso para sacar nitrógeno del aire, inventó el gas Zyklon B con el que los nazis exterminaron a millones de judíos en las cámaras de gas. Fue un horrible sarcasmo pues Habber era judio. Es uno de los ejemplos de un científico sin ética, pero hay bastantes más, por desgracia.

Otro que me perturbó mucho es el de Einstein. Yo admiraba a Einstein, hasta que visité el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, un lugar en el que la gente entra hablando y sale muda, absolutamente muda de la impresión tremenda que produce en los visitantes. Allí se evidencian los horrores de la energía nuclear cuando no hay ética.  Lo que más me impactó en el museo – sin aminorar el horror que exibe – fue la carta de 1939 de Einstein a Roosevelt en la que advertía al presidente estadounidense del potencial nazi para crear bombas atómicas, y le urgía a acelerar el proyecto Manhattan. Einstein se arrepintió de haber firmado esa carta, cuando el horror de las dos ciudades barridas del mapa y de los cientos de miles de muertos y enfermos por la radiación pesaron sobre su conciencia. Es difícil juzgar desde el futuro, sin haber vivido aquella época, pero, sin duda, es otro ejemplo de ciencia sin ética.  La energía nuclear no es mala per se,  puede solucionar todos nuestros problemas energéticos, sobre todo cuando terminen de ser operativas las plantas de energía de fusión, incluso nos puede salvar de algún asteroide que pudiera impactar en la Tierra.  La ciencia no es mala, los que son malos somos los seres humanos cuando la utilizamos para el horror.

No todos podemos ser físicos cuánticos o estar en primera línea de la bioquímica, la astronomía o de la matemática pero creo que es importante para el desarrollo de la consciencia estar enterado de por dónde anda la ciencia,  el rechazo a la ciencia es un gran error que puede llevarnos a creencias absurdas y al  fundamentalismo de las religiones y de las sectas.

El desarrollo de nuestra consciencia no es posible sin la coherencia, la coherencia es la ética aplicada a nuestra forma de vivir.  Es muy difícil la consciencia conciente si nos dedicamos a labores como la fabricación de armas o a hacer dinero con la especulación, por poner dos ejemplos. Hay que tener disciplina en nuestra vida, hay que ser coherentes, sin esa coherencia todo lo que hagamos en la evolución de nuestra consciencia será narcisismo. 

La consciencia también se desarrolla con el arte, como ya he escrito. Y entre las artes, la literatura es una gran herramienta porque usa la palabra, que es el cimiento del pensamiento humano, y la escribe permitiendo que perdure y, así, nos sea posible conocer las ideas de los profetas, de los pensadores como Lucrecio, Aristóteles, Galileo, Kant, Marx… de todos los que han utilizado su cerebro para entender el Universo, nuestra mente, sus pensamientos y sus emociones. Y la música que es la palabra escrita de la magia. Todo este conocimiento nos ayuda a huir de la estupidez y de la maldad.

***

 Mientras escribo estas líneas me invade la tristeza, el desánimo de unos meses complicados y pienso que a mí qué me importa la consciencia, aunque sea una consciencia cuántica. Me invade la rabia del dolor, del pequeño dolor de estos días y el desánimo de saber que estoy más cerca cada día de que mis átomos se dispersen en el éter. Y dentro de un rato, volveré a la carga, como en la montaña, a medio camino, incluso cerca de la cima, te asalta ese desánimo,  porque tus fuerzas desaparecen y el aire no llega a tus pulmones. Y entonces sigo subiendo, sin fuerzas, sin aire, porque quiero ver el horizonte desde la cúspide de esa montaña. No entiendo por qué, es algo que me empuja hacia arriba y que cuando vuelvo al llano me colma. Así es el trabajo para conquistar la consciencia, es esa generosidad que decía en el primer capítulo la que me empuja a pensar y a trabajar en ella. Buscar una luz que te ilumine sabiendo que para ti se apagará, pero con la ilusión de que esa luz sirva a los que te siguen. Y a veces, esa ilusión parece ilusa.

La quinta fuerza

La física se ha dedicado a estudiar cómo funcionan las cosas. La física cuántica se especializó en estudiar el microcosmos, con la esperanza de entender el Universo. Se definieron cuatro fuerzas elementales: las dos fuerzas nucleares, la fuerza electromagnética y la gravedad. Nuestro conocimiento ya nos permite manipular en cierto grado las tres primeras y, a no mucho tardar, aprenderemos a manipular la gravedad.

Imaginemos que nuestro grado de conocimiento se desarrolla hasta el punto de que fuéramos capaces de manipular las cuatro fuerzas a escala ahora inimaginable: detener o controlar la evolución de nuestra estrella, plegar el espacio-tiempo. Todo esto es, por ahora, ciencia ficción, pero no olvidemos que la literatura de ciencia ficción es realmente literatura de anticipación. Estoy convencido de que esos logros se conseguirán en nuestro planeta o en cualquier otro de los habitados, donde es posible que ya lo hayan hecho.

Es decir que la inteligencia, la consciencia y la voluntad podrían influir de forma determinante en la historia del Universo o de los universos. Por eso pienso que las fuerzas elementales están incompletas, al menos falta una que en el origen del Universo no existía, pero que aparece a lo largo de su evolución. Y es la consciencia, que cuando nace la vida nace con ella y posee inteligencia y voluntad. Esta quinta fuerza, en un principio de efectos insignificantes, crecerá, crece exponencialmente a medida que la consciencia de un ser vivo aumenta, y el número de seres crece, hasta crear sociedades, civilizaciones y civilizaciones  conscientes. Y partiendo de la certeza de que en el Universo hay abundancia de planetas con vida y, con la misma certeza, de planetas donde la consciencia apareció y se desarrolló, es más que posible que esa consciencia, en algunos de ellos, ya esté influyendo en las cuatro fuerzas elementales de la física. Estas razones me hacen pensar que habría que incluir una quinta fuerza en el pensamiento cuántico. En mi poema “la fórmula” ya apunté la idea que ahora intento desarrollar.

Esta fuerza sería la Consciencia Universal y no me resisto a buscarle una fórmula, que aunque no afecta a mi idea, viste mucho.

donde:

C: Consciencia Universal.

P: Número total de planetas en el Universo.

Hi: Número total de habitantes en el planeta i.

σi,j: Nivel de consciencia individual del habitante j en el planeta i.

Para que sea más fácil de entender, podemos dividir la ecuación en sus dos componentes:

  • Consciencia Planetaria (Cplaneta): representa el sumatorio de las consciencias de todos los individuos que residen en un planeta específico.
  • Consciencia Universal (C): es el sumatorio de los resultados de cada planeta y los suma entre sí.

 

Podemos completar la fórmula añadiendo algunos factores de corrección, la consciencia individual de dos individuos no es lineal, cuando pensamos en equipo, la suma de nuestros conocimientos es siempre mayor que la suma aritmética de los conocimientos individuales, lo mismo ocurre con la consciencia, por lo tanto, añadiría un factor de sinergia (γ). También se podría considerar la consciencia no biológica, la hipótesis Gaia, pero como me cuesta creer en ella, no la incluiré. Para introducir el factor de sinergia  (γ), debemos transformar la suma lineal en una función donde la interacción entre las partes genere un valor añadido. En sistemas complejos, la sinergia implica que la consciencia colectiva crece de forma no lineal (exponencial o multiplicativa) a medida que los individuos se conectan.

Con el factor de sinergia, la fórmula quedaría así:

donde γi   es el exponente de sinergia planetaria. En lugar de una suma simple, elevamos el sumatorio de los habitantes de un planeta a una potencia. Si γi = 1, la consciencia es puramente aditiva. Si γi > 1, existe una resonancia colectiva (el grupo es más consciente que la suma de sus individuos). Esto se conoce como la inteligencia de enjambre.

Y, por último, también podría ocurrir una sinergia entre los planetas conscientes a través del cosmo. Para incluir esta posibilidad, introducimos un  factor de sinergia universal (γu)  que multiplica la suma de todos los planetas. De esta manera, la Consciencia Universal sería:

Disculpa querido lector de mi página, buscas versos y te ofrezco fórmulas. Fórmulas que presentan varias dificultades, la primera es cómo medir sigma, la consciencia individual, la segunda es determinar o relacionar el valor C con su efecto sobre las fuerzas elementales. Desde luego no son lo más importante de mi argumentación ya que, al fin y al cabo, lo que intenta decir es que en algún momento se despertará una consciencia universal capaz de dominar a las primeras cuatro fuerzas elementales, capaz de gobernar el Universo.

Y, para mí, lo trascendente es saber qué sentido tiene el nacimiento de la consciencia en el Universo. El Big Bang se expandió como una energía informe, en la que ni siquiera había átomos, era un plasma caótico del que surgió una primera organización de la masa y la energía, el primer átomo, el hidrógeno y, a partir de él, todos los átomos que Mendeleiev recogería en su famosa tabla. Y de esos átomos nacieron las estrellas, los planetas, las galaxias… el Universo que ahora vamos desentrañando.

Esa perfecta organización que mantiene unidas las piezas de un sistema planetario o de un cúmulo de galaxias, surge de un estado cuántico inicial que es puro azar y de ese azar en lo microscópico nace en lo macro una organización perfecta, que hace pensar a muchos en un plan establecido por un Dios omnipotente.

Yo no creo que ese Dios exista  (y no me refiero a los centenares de dioses creados por los seres humanos para escapar del terror que nos produce nuestra mortalidad ), porque un ser omnipotente que creara un ser consciente, consciente de su fragilidad y su segura muerte, sería un Dios omnipotentemente sádico.  Y, sin embargo,  es indudable que lo que aparece en el Universo, sus cuatro fuerzas elementales, por ejemplo, tiene una razón, una función determinada: juntar las partículas subatómicas para que aparezcan átomos, y después estrellas, estabilizar los sistemas planetarios, y así sucesivamente hasta llegar a la inimaginable dimensión del Universo actual.

Y, en este Universo aparece la consciencia, que considero una quinta fuerza elemental nacida de las otras cuatro fuerzas, nacida para algo que, sin duda, es tan trascendente como la función de las otras fuerzas. Un Dios omnipotente no necesita nada que lo complete, ninguna compañía que lo entretenga, y, si la creara tal como la conocemos y sufrimos, sería, como ya he dicho, de un sadismo infinito. Si la consciencia nace y crece y se extiende en la miriada de planetas habitados, es seguro que tiene un sentido en la evolución del Universo, que “le sirve” para algo, porque lo que no sirve para nada no existe o se extingue.

En mi opinión, el Universo “quiere” ser consciente y nuestras pequeñas consciencias son los escalones que formarán la gran consciencia universal. Solo a través de la vida el Universo podrá ser consciente. Hay creencias que pregonan que lo insensible, los cristales, los planetas, las estrellas son conscientes, en fin, que el Universo ya es consciente. Es Dios. Entonces, para qué originar vida consciente, con voluntad para hacer. Insisto, sería de una crueldad inconcebible, innecesaria. Lo inerte no es consciente, la consciencia solo es posible en los seres vivos. El Universo inerte sería una placenta donde se gesta la consciencia. 

La consciencia no crece solo con el número de seres conscientes, es necesario que esos seres aumenten su consciencia,  pues el saberse vivo no es suficiente, es necesario saberse vivo y conocer la razón de esa vida y aceptar que aunque nuestra consciencia individual, por muy poderosa que pudiera llegar a ser, se extinguirá cuando se disgreguen nuestros átomos. Dejará sitio a nuevas consciencias, en cuerpos nuevos que suban un escalón más en esa escalera hacia la Consciencia Universal. Ser conscientes se logra con gran esfuerzo, porque requiere de un exigente y tenaz entrenamiento mental, y de una gran generosidad por saber que nuestro esfuerzo no repercutirá en nosotros mismos sino en la abstracta Consciencia Universal.

Esos seres conscientes y generosos formarán sociedades conscientes que evolucionarán a civilizaciones conscientes. Se podría pensar que tanta generosidad no es propia de un ser vivo condenado a muerte, que es mejor el carpe diem, quemar las velas y los prostíbulos y las tabernas, disfrutar hasta morir de tanto disfrute porque eso es lo que te vas a llevar ¿ A dónde?

En realidad no se trata de generosidad, sino de la única forma de que las civilizaciones sobrevivan, porque, como ya he dicho, lo que no tiene utilidad en el Universo se extingue. Y las civilizaciones no conscientes no la tienen. Se extinguen de diversas formas, matándose en guerras absurdas por conseguir un trozo más grande de la tarta, bien sea de su planeta o de una confederación interplanetaria, o agotan sus mundos hasta hacerlos inhabitables y desaparecen con ellos como lo hace una estrella que termina su vida y deja un agujero negro que lentamente libera su energía y su materia para que sea mejor utilizada.

“seremos conscientes

para que nazca el Ser

que hubiéramos querido

como nuestro creador”

de cristal y porcelana

en sus labios amor 

es una copa de cristal de bohemia 

que al caer rebota en el suelo y el aire 

la desintegra 

en sus labios 

nunca sentí lo que siento a tu lado 

es la vajilla que resbala 

de una bandeja y esparce en el suelo 

una miríada de teselas 

en sus labios 

quisiera estar contigo para siempre 

es un espejo 

que se rompe en la acera durante la mudanza 

palabras frágiles palabras de cristal y porcelana 

te amo lo siento gracias y perdona 

palabras que se dicen para reconciliarse 

y que en sus labios suenan

como un adiós 

dolor

tanto dolor

que no encuentro metáfora

o sinónimo

que lo convierta en verso

mi perro

su fantasma pasea por la casa

mi amor

la razón única para cruzar

esta edad la del vértigo

se desvaneció mientras yo dormía

y el agua de sus besos

fue arena al despertar

intento comprender lo que ha ocurrido

intento descubrir cuál fue el error

que cometí y causó este desastre

y no lo encuentro

mi pequeño mi blanco mi sedoso compañero

lo dejé en buenas manos

era viejo mi perro no veía

y no pudo evitar aquella tabla

con un sms pedí su sacrificio

era el día en que mi hijo celebraba su unión

con la mujer que amaba

y ese mar de emoción me quebró

como a mi perro

fue un accidente la vida es así

y mi amor despertó una mañana

y me habló como se habla a los extraños

yo perdí los estribos y contesté con ira

ella no dijo nada

nada solo miraba

y me arrepiento

no sabéis cuánto

no sabéis cuánto

dicen que no hay casualidad

sino causalidades

que lo que nos ocurre lo deciden

las estrellas

y los ángeles

todo está escrito

y pienso que mejor fuera la suerte

tan mala

tan arbitraria

pues si creyera que el cosmos me pone a prueba

yo lo maldeciría

una mil tantas veces

que de puro cansancio me aborrecería

y así al liberarse mi alma

podría ser viento

que se dispersa en la tormenta

el tiempo sana

el tiempo sana

digo para matar al tiempo

una vez más