De la florida falda

De la florida falda, de Luis de Góngora, leída por Ángel María Baltanás en 1966

De la florida falda

que hoy de perlas bordó la alba luciente,

tejidos en guirnalda

traslado estos jazmines a tu frente,

que piden, con ser flores,

blanco a tus sienes y a tu boca olores.

Guarda de estos jazmines

de abejas era un escuadrón volante,

ronco, sí, de clarines,

mas de puntas armado de diamante;

púselas en huida,

y cada flor me cuesta una herida.

Más, Clori, que he tejido

jazmines al cabello desatado,

y más besos te pido

que abejas tuvo el escuadrón armado;

lisonjas son iguales

servir yo en flores, pagar tú en panales.

El Unicornio

A Álvaro Muñoz Robledano

El unicornio

Un hombre imagina otros mundos

busca uno mejor

un mundo extenso

donde los unicornios pacen en los campos

o un mundo de agua

donde las especies más brillantes

no se refugian en los abismos

o sólo de aire

donde las aves duermen suspendidas en la nada.

Y entonces su mundo le parece bien

aunque no tiene unicornios

contiene casi todo

lo que puede imaginar.

Pero sigue imaginando

ya no le interesan bellas panorámicas

sino saber cómo son los que las habitan

si se comunican cantando

o se devoran en una cadena de mantis

intentando encontrar la forma

perfecta que compense su existencia.

Imagen: Oleo sobre lienzo de Alessandro Padovanino, siglo XVII.

Mi suerte

Mi suerte

Cada mañana vuelvo a respirar

renazco sin memoria y necesito

recordar aprender todo de nuevo

mi desmemoria cubre lo que sé

de una capa de cera que el calor

del día ablanda y hace casi líquida

entonces salgo a ver como despierta

el mundo cada día es distinto

lo que sucede es nuevo irrepetible

lo sé por lo que escribo reconozco

mi letra en los papeles de mi mesa

y más tranquilo al ver que no se trata

de aquella maldición de la marmota

adopto la estrategia de las flores

y mi cáliz se llena de rocío

que apacigua la sed de las abejas

siento que en cierta forma su aguijón

rasga el velo que cubre mi memoria

y por esa hendidura los recuerdos

escapan en desorden convocados

por una flor de lis pintada en piedra

el canto de los pájaros el ruido

de una granja en el valle una campana

el violento color del algarrobo

 o el paso de un avión que labra el cielo.

Y camino en la niebla y me deslumbro

cuando la luz se filtra en algún un claro. 

Aniversario

Hoy, exactamente a las 23 horas y 13 minutos, hace un año nos dejaste. Esa noche subí mis sentimientos al blog. Hoy vuelven a estar a flor de piel.

¡Un año¡ ¡Y todo sigue igual, mamá!

Durante este año he seguido hablando con ella, cuando mi perro hacía una gracia, se lo comentaba. A veces nos tomábamos un tercio, de los que ella gustaba. En realidad, yo me bebía los dos. Tú no te lo puedes tomar, mamá, y no la vamos a tirar, verdad. No hijo, disfruta, pero luego me tienes que llevar a la residencia. No, mamá, ahora no necesitas estar en la residencia, te puedes quedar aquí todo el tiempo que quieras.

A las nueve de la mañana, todos los días me asalta el pensamiento “nohellamadoamamá”, porque es la hora a la que hablábamos cada día. Dicen que no es bueno aferrarse a los muertos, que hay que pasar el luto. Pues, a mí no me da la real gana. No es necesario que me expliquen que ella se fue para siempre, tan loco no estoy. Pero no estoy lo suficientemente cuerdo para borrarla de mi vida – no hacerla partícipe de la misma, es borrarla – y siempre estaremos juntos. Siempre es el lapso que me quede. Ya sabes, mamá, te voy a contar todo lo que vaya pasando, así no te aburres y me haces compañía.

Ahora vamos a tomarnos un tercio para celebrarlo, ¡A tu salud, mamá! Pero hijo, qué bruto eres, !Dios mío, qué habré hecho yo para merecerlo¡

Tiempo de adviento

Tiempo de adviento

Cómo os podría amar a alguna de vosotras

ni aunque vuestra nariz fuera la perfección

imaginada en piedra busto desfigurado

de una venus de un dios apolíneo un efebo.

Ni siquiera si vuestra sonrisa anticipara

mil y una noches o una larga noche de insomnio

no es porque no conozca el amor su perversa

química soy un gólem que él pone en el mercado

claro que lo conozco temo su retirada

como bárbaras hordas que salan la campiña

y esa tierra soy yo y no estoy en barbecho.

He borrado en mi agenda cualquier convocatoria

dedicada al amor llegó el tiempo de adviento

necesito curar los fríos sabañones

que un campo sin cosechas enracimó en mis manos

el momento de estar tranquilamente solo

de acordar con la vida un armisticio justo

y necesito tiempo mucho mucho tiempo

que tengo que robaros mis generosas damas.

Madrigal

Madrigal de Gutierre de Cetina, leído por Luis Prendes en 1966

Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.