Dunas

Dunas

dunas dunas hermosas dunas

que se parecen a otras dunas

siempre igual al norte al sur

allá donde mire hay dunas

¿para qué dar un paso más

hacia las dunas si ya he llegado?

Tú y yo

Tú y yo de Alfonsina Storni, leído por Gemma Cuervo en 1967

Mi casa está llena de mirtos,
la tuya está llena de rosas;
¿Has visto a mis blancas ventanas
llegar tus palomas?

Tu casa está llena de lirios,
la mía sonríe amapolas.
¿Has visto rodando en mis patios
ramas de tus frondas?

De mármoles blancos y negros
tu casa vetusta se adorna,
y mármoles blancos y negros
llevan a mi alcoba.

Si luces enciende tu casa
mi casa de luz se corona.
¿No sientes llegar de la mía
sonidos de loza?

De día, de tarde, de noche
te sigo por selvas y frondas.
¿No hueles que exhalan mis labios
profundos aromas?

De día, de tarde, de noche
te sigo por selvas y frondas.
¿No sientes que atrás de tus pasos
se quiebran las hojas?

¿No has visto regadas tus plantas,
de frutas cargadas las moras
abiertas las sendas, las ramas
henchidas de pomas?

Cuidando tu casa en silencio
me encuentra despierta la aurora.
Cuidando en silencio tus plantas,
podando tus rosas.

Tu casa proyecta en mi casa
de tarde, alargada, su sombra,
nunca miraste sus muros
cargados de rosas.

Igual a tus patios mis patios
que surcan iguales palomas,
y nunca has mirado mi casa,
cortado mis rosas.

Igual a tus lirios mis lirios
que iguales octubres enfloran…
y nunca has mirado mi casa,
cortado mis rosas…

Alas

Alas

cuando me devolvieron

mis alas

caí en la cuenta

mi soledad construida

como piel

de alguna aleación impenetrable

me había transformado

en un hombre

de acero

un hombre solitario

el único testigo

de mis propias hazañas

héroe desconocido

dentro de su armadura

del que no cantarían

juglares

mandolinas

eléctricas guitarras

ya puedo volar mis alas buscarán

la atmósfera impalpable inhabitada

o el bullicio del bosque

donde apenas hay riesgo de encontrarse con alguien

porque temo la mano

portadora del fuego

que deshaga

lo que soldé con hilo

de una materia oscura

temo mi piel descalza

su traición

se abrirá al primer rayo

como la flor hambrienta

y entonces estaré otra vez

totalmente desnudo

a merced de esa mano

que deseo

que temo

De la florida falda

De la florida falda, de Luis de Góngora, leída por Ángel María Baltanás en 1966

De la florida falda

que hoy de perlas bordó la alba luciente,

tejidos en guirnalda

traslado estos jazmines a tu frente,

que piden, con ser flores,

blanco a tus sienes y a tu boca olores.

Guarda de estos jazmines

de abejas era un escuadrón volante,

ronco, sí, de clarines,

mas de puntas armado de diamante;

púselas en huida,

y cada flor me cuesta una herida.

Más, Clori, que he tejido

jazmines al cabello desatado,

y más besos te pido

que abejas tuvo el escuadrón armado;

lisonjas son iguales

servir yo en flores, pagar tú en panales.

El Unicornio

A Álvaro Muñoz Robledano

El unicornio

Un hombre imagina otros mundos

busca uno mejor

un mundo extenso

donde los unicornios pacen en los campos

o un mundo de agua

donde las especies más brillantes

no se refugian en los abismos

o sólo de aire

donde las aves duermen suspendidas en la nada.

Y entonces su mundo le parece bien

aunque no tiene unicornios

contiene casi todo

lo que puede imaginar.

Pero sigue imaginando

ya no le interesan bellas panorámicas

sino saber cómo son los que las habitan

si se comunican cantando

o se devoran en una cadena de mantis

intentando encontrar la forma

perfecta que compense su existencia.

Imagen: Oleo sobre lienzo de Alessandro Padovanino, siglo XVII.

Mi suerte

Mi suerte

Cada mañana vuelvo a respirar

renazco sin memoria y necesito

recordar aprender todo de nuevo

mi desmemoria cubre lo que sé

de una capa de cera que el calor

del día ablanda y hace casi líquida

entonces salgo a ver como despierta

el mundo cada día es distinto

lo que sucede es nuevo irrepetible

lo sé por lo que escribo reconozco

mi letra en los papeles de mi mesa

y más tranquilo al ver que no se trata

de aquella maldición de la marmota

adopto la estrategia de las flores

y mi cáliz se llena de rocío

que apacigua la sed de las abejas

siento que en cierta forma su aguijón

rasga el velo que cubre mi memoria

y por esa hendidura los recuerdos

escapan en desorden convocados

por una flor de lis pintada en piedra

el canto de los pájaros el ruido

de una granja en el valle una campana

el violento color del algarrobo

 o el paso de un avión que labra el cielo.

Y camino en la niebla y me deslumbro

cuando la luz se filtra en algún un claro.