Aria de amor eterno

                                                      

Mi cuerpo es tu cuerpo como te pertenece tu pelo y el vestido que te cubre y la música que sale de mis manos.

Tu cuerpo es mi cuerpo como estos versos lo son y mi gorra y mi peculiar narcisismo,

lo sé cuando gimes y tus gemidos se acompañan con los míos.

No hay mayor placer que dártelo sin urgencia, como si creciera la hiedra entre tus piernas

ni más deseada entrega que el desarmarme en tus labios siempre nuevos.

Tenemos mucho tiempo, el tiempo suficiente

para que nuestras raíces se enreden como las de los álamos en el río.

Fotografía de Alfonso Arias “Paputxi”

Aria de amor eterno

La librería

dormir es como entrar

en una librería

primero te adormeces repasando

los lomos de los libros

me suelo detener en la sección de aventuras

yo sólo busco un sueño intrascendente

donde pueda vivir lo que no soy

y asumo el riesgo

de que la historia pueda enmarañarse

si tengo apnea o cambio de postura

de vez en cuando sacas un libro de su estante

lo hojeas lo devuelves

lo hojeas

hasta que eres consciente de que ya has elegido

porque el sueño ahora es real

después cuando despiertes solo quedarán sombras

no recordarás

el título y muy poco de su trama

sólo que algún papel tenías

quizá el protagonista

o puede que un lector

La librería

Sueños de juventud

cuando era joven yo también soñé

y no hace tanto que dejé de hacerlo

soñé mientras sentí

que el tiempo era infinito

sabía que no lo era pero así lo sentía

hasta que una mañana desperté estaba solo

y tuve la certeza de que el tiempo se acaba

ya solo sueño cuando estoy dormido

después vivo no miro el reloj ni el calendario

hasta no distinguir los días

y que todos parezcan uno

me refugio en la noche

donde todo es posible

hasta burlar tu suerte

El espejo

Me desnudé de ti

y todas las mañanas

el espejo del baño

me descubre mi cuerpo

desnudo del tuyo.

El espejo

La bufanda

creo que soy un muerto viviente
o un muerto que no espera
o un muerto

con pedazos de carne
colgando de los pómulos
un muerto hecho a retazos
un muerto incorruptible

así me veo
y cuando cosquillea un miembro
lo duermo con ungüentos
no fuera contagioso
y me despierte el cuerpo
a una historia que siempre acaba
con un muerto
un tiro
un cáncer
un tranvía en silencio

otro invierno
me gusta la bufanda
que rodea mi cuello sin sangre
y calienta mi pecho vacío

Ilustración de Pedro Díaz del Castillo

La bufanda

Las manos

Una mano se ofrece transparente

más allá del alcance de mi brazo.

Otra que supe amante me incrimina

y si intento tocarla se desprende

su piel como corteza centenaria.

Hay otra, más cercana, que nació

entre mis dedos y ahora los rehúye.

Hay tantas otras manos que olvidé

incluso las que siempre están ahí,

las mías que inconscientemente muevo,

las únicas que tengo para alzarme.