Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.
Sólo es sueño
Me has dejado el vacío,
el que hay en un hotel
con ventanas tapiadas,
y en sus habitaciones me refugio
para jugar con Hypnos o con Tánatos.
Y me siento culpable, creerás
que es castigo
y, mujer, simplemente,
me has dejado con sueño, mucho sueño
y no puedo cerrar
los párpados si piensas que es venganza
cuando es sólo eso, sueño y
necesito dormir en cualquier sitio,
hasta que el tiempo cambie.
Necesito olvidarme de quién era
para que me habite otro.
Primer amor
Autora: Carmen Conde
Voz: Nuria Espert
¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia!
Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
sin haberlo soñado, sin que nunca
un ligero esperar prometiera la dicha.
Esta dicha de fuego que vacía tu testa,
que te empuja de espaldas,
te derriba a un abismo
que no tiene medida ni fondo.
¡Abismo y solo abismo
de ti hasta la muerte!
¡Tus brazos!
Son tus brazos los mismos de otros días,
y tiemblan y se cierran en torno de su cuerpo.
Tu pecho, el que suspira, ajeno, estremecido
de cosas que tú ignoras,
de mundos que lo mueven…
¡Oh pecho de tu cuerpo, tan firme y tan sensible
que un vaho lo pone turbio
y un beso lo traspasa!
¡Si nunca nadie dijo que así se amaba tanto!
¿Podías tú esperar que ardieran tus cabellos,
que toda cuanta eres cayeras como lumbre
en un grito sin cifra,
desde una cordillera gritada por la aurora?
¿Ceniza tú algún día? ¿Ceniza esta locura
que estrenas con la vida recién brotada al mundo?
¡Tú no te acabas nunca, tú no te apagas nunca!
Aquí tenéis la lumbre, la que lo coge todo
para quemar el cielo subiéndole la tierra.
Cámara lenta
la lentitud llegó
desconocida
calmó mis movimientos
dejando seco el cauce
deteniendo la rueda
hasta dejarme inerte
fósil
mis ojos húmedos
Poema leído por Jesús Urceloy
A Kempis
Izq. Amado Nervo, Dcha. Adolfo Marsillach
Este poema pertenece a la colección de LPs «Antología de la poesía Española», editada por FIDIAS en los años sesenta del siglo pasado. Amado Nervo, con la voz y la interpretación de Adolfo Marsillach, se queja amargamente de cómo la lectura de «La Imitación de Cristo», de Tomás de Kempis, le sumió en la depresión.
Incluyo el texto del poema y un breve apunte biográfico de los protagonistas, robado de Wikipedia.
A Kempis
Amado Nervo
Ha muchos años que busco el yermo,
ha muchos años que vivo triste,
ha muchos años que estoy enfermo,
¡y es por el libro que tú escribiste!
¡Oh Kempis, antes de leerte amaba
la luz, las vegas, el mar Océano;
mas tú dijiste que todo acaba,
que todo muere, que todo es vano!
Antes, llevado de mis antojos,
besé los labios que al beso invitan,
las rubias trenzas, los grandes ojos,
¡sin acordarme que se marchitan!
Mas como afirman doctores graves,
que tú, maestro, citas y nombras,
que el hombre pasa como las naves,
como las nubes, como las sombras…
huyo de todo terreno lazo,
ningún cariño mi mente alegra,
y con tu libro bajo del brazo
voy recorriendo la noche negra…
¡Oh Kempis, Kempis, asceta yermo,
pálido asceta, qué mal me hiciste!
¡Ha muchos años que estoy enfermo,
y es por el libro que tú escribiste!
Amado Nervo (Tepic, hoy Nayarit; 27 de agosto de 1870-Montevideo, Uruguay; 24 de mayo de 1919), fue un poeta y escritor mexicano, perteneciente al movimiento modernista.
Adolfo Marsillach Soriano (Barcelona; 25 de enero de 1928-Madrid; 21 de enero de 2002) fue un actor, autor dramático, director de teatro y escritor español.
Las setas
En la próxima vida
quiero ser seta, seta, seta,
para que tu figura
no me deslumbre como el sol poniente
ni tu olor me sofoque hasta perder el sentido.
¡Ay, qué dolor!
Ya no arderé, al rozarte,
como la hierba seca, seca, seca.
Y aun así,
en la próxima vida
no quisiera quemarme,
que quisiera ser seta, seta, seta
bajo un pino, esperando
que el aire me esparciese.
Sin saber qué es sentir,
sin llanto, sin fulgor.
Leído por María Nevado Caballero, actriz y gran maestra que me enseño que leer un poema es como tocar el piano, hay que aprender y hay que ensayar para ofrecer al oyente la mejor experiencia.
