La crisálida

La crisálida

Dentro de la crisálida da tiempo para mirar hacia atrás

me sorprende la serie interminable de derrotas disfrazadas

de oropeles que fueron alimento de polillas

son heridas cerradas cicatrices que se sienten en días como éstos.

Pienso en enumerarlas y exponerlas desnudas al juicio que merecen

mas no vale el esfuerzo ni el rubor

cada uno tiene sus banderas blancas y el que no las tiene es muy joven.

Claro que me arrepiento no de todas pero hay una

todos los que han sufrido hacen sufrir

el resto son derrotas a las que volvería a abrir la puerta

porque fueron formadas de pequeñas victorias que se olvidan en el desastre final

y en una vida llena de derrotas esas pequeñas victorias no son cicatrices

bellos tatuajes que me reconfortan.

La crisálida es el mejor sitio para el cambio

solo queda esperar

si resulta lombriz o mariposa.

Sólo es sueño

Sólo es sueño

Me has dejado el vacío,

el que hay en un hotel

con ventanas tapiadas,

y en sus habitaciones me refugio

para jugar con Hypnos o con Tánatos.

Y me siento culpable, creerás

que es castigo

y, mujer, simplemente,

me has dejado con sueño, mucho sueño

y no puedo cerrar

los párpados si piensas que es venganza

cuando es sólo eso, sueño y

necesito dormir en cualquier sitio,

hasta que el tiempo cambie.

Necesito olvidarme de quién era

para que me habite otro.

Cámara lenta

la lentitud llegó

desconocida

calmó mis movimientos

dejando seco el cauce

deteniendo la rueda

hasta dejarme inerte

fósil

mis ojos húmedos

Cámara lenta

Poema leído por Jesús Urceloy

Las setas

En la próxima vida

quiero ser seta, seta, seta,

para que tu figura

no me deslumbre como el sol poniente

ni tu olor me sofoque hasta perder el sentido.

¡Ay, qué dolor!

Ya no arderé, al rozarte,

como la hierba seca, seca, seca.

Y aun así,

en la próxima vida

no quisiera quemarme,

que quisiera ser seta, seta, seta

bajo un pino, esperando

que el aire me esparciese.

Sin saber qué es sentir,

sin llanto, sin fulgor.

Las setas

Leído por María Nevado Caballero, actriz y gran maestra que me enseño que leer un poema es como tocar el piano, hay que aprender y hay que ensayar para ofrecer al oyente la mejor experiencia.

El destino

Esto no es lo pactado.

La vida me salió por peteneras,

su letra no ritmaba con mis sueños.

Rompí su partitura,

minúsculas partículas

que volaron: espíritus nonatos

atraídos por la luz de las estrellas.

En solitario haría mi acrobacia

allá en el territorio de la nube.

Y cuando me dispuse a descansar

sobre su húmedo vientre,

la horrible partitura estaba allí,

unidos sus pedazos con artes invisibles.

Miré hacia arriba, donde el negro espacio

refugia a los arcángeles.

Miré a derecha e izquierda

buscando algún espíritu bufón.

Miré abajo esperando una risa.

Nadie.

Nadie.

La noche era propicia

 y me ofreció una estaca

de espino blanco.

Atravesé mi pecho.                                                             

Te buscaba ¡vampiro, ángel, bufón!                                

Atravesé mi pecho y

la herida no sangraba.

La vida no usa negros

ni ángeles ni demonios,

ella escribe sus propias partituras

y rara vez incluye otras canciones.

Sin salidas, aullé

a la roja crisálida

hasta quedar dormido.

Me despertó

el canto de una ninfa que, alzada en lianas de ébano,

bendecía los múltiples caminos

nacidos con el día.

A cada uno cantaba una canción.

Yo tomé uno cualquiera

y caminé silbando

las notas de la ninfa

mezcladas con el viento.

El destino

En esta ocasión, el poema lo lee el actor Borja Gutierrez-Semprún.

Kou

El I Ching me aconseja ser modesto

 y generoso para compartirte.

Soy la línea más débil que soporta

las cinco fuertes vigas de tu karma.

Kou. Cielo sobre viento