dunas dunas hermosas dunas
que se parecen a otras dunas
siempre igual al norte al sur
allá donde mire hay dunas
¿para qué dar un paso más
hacia las dunas si ya he llegado?
Obra literaria
dunas dunas hermosas dunas
que se parecen a otras dunas
siempre igual al norte al sur
allá donde mire hay dunas
¿para qué dar un paso más
hacia las dunas si ya he llegado?
Mi casa está llena de mirtos,
la tuya está llena de rosas;
¿Has visto a mis blancas ventanas
llegar tus palomas?
Tu casa está llena de lirios,
la mía sonríe amapolas.
¿Has visto rodando en mis patios
ramas de tus frondas?
De mármoles blancos y negros
tu casa vetusta se adorna,
y mármoles blancos y negros
llevan a mi alcoba.
Si luces enciende tu casa
mi casa de luz se corona.
¿No sientes llegar de la mía
sonidos de loza?
De día, de tarde, de noche
te sigo por selvas y frondas.
¿No hueles que exhalan mis labios
profundos aromas?
De día, de tarde, de noche
te sigo por selvas y frondas.
¿No sientes que atrás de tus pasos
se quiebran las hojas?
¿No has visto regadas tus plantas,
de frutas cargadas las moras
abiertas las sendas, las ramas
henchidas de pomas?
Cuidando tu casa en silencio
me encuentra despierta la aurora.
Cuidando en silencio tus plantas,
podando tus rosas.
Tu casa proyecta en mi casa
de tarde, alargada, su sombra,
nunca miraste sus muros
cargados de rosas.
Igual a tus patios mis patios
que surcan iguales palomas,
y nunca has mirado mi casa,
cortado mis rosas.
Igual a tus lirios mis lirios
que iguales octubres enfloran…
y nunca has mirado mi casa,
cortado mis rosas…
cuando me devolvieron
mis alas
caí en la cuenta
mi soledad construida
como piel
de alguna aleación impenetrable
me había transformado
en un hombre
de acero
un hombre solitario
el único testigo
de mis propias hazañas
héroe desconocido
dentro de su armadura
del que no cantarían
juglares
mandolinas
eléctricas guitarras
ya puedo volar mis alas buscarán
la atmósfera impalpable inhabitada
o el bullicio del bosque
donde apenas hay riesgo de encontrarse con alguien
porque temo la mano
portadora del fuego
que deshaga
lo que soldé con hilo
de una materia oscura
temo mi piel descalza
su traición
se abrirá al primer rayo
como la flor hambrienta
y entonces estaré otra vez
totalmente desnudo
a merced de esa mano
que deseo
que temo
De la florida falda
que hoy de perlas bordó la alba luciente,
tejidos en guirnalda
traslado estos jazmines a tu frente,
que piden, con ser flores,
blanco a tus sienes y a tu boca olores.
Guarda de estos jazmines
de abejas era un escuadrón volante,
ronco, sí, de clarines,
mas de puntas armado de diamante;
púselas en huida,
y cada flor me cuesta una herida.
Más, Clori, que he tejido
jazmines al cabello desatado,
y más besos te pido
que abejas tuvo el escuadrón armado;
lisonjas son iguales
servir yo en flores, pagar tú en panales.
A Álvaro Muñoz Robledano
Un hombre imagina otros mundos
busca uno mejor
un mundo extenso
donde los unicornios pacen en los campos
o un mundo de agua
donde las especies más brillantes
no se refugian en los abismos
o sólo de aire
donde las aves duermen suspendidas en la nada.
Y entonces su mundo le parece bien
aunque no tiene unicornios
contiene casi todo
lo que puede imaginar.
Pero sigue imaginando
ya no le interesan bellas panorámicas
sino saber cómo son los que las habitan
si se comunican cantando
o se devoran en una cadena de mantis
intentando encontrar la forma
perfecta que compense su existencia.
Imagen: Oleo sobre lienzo de Alessandro Padovanino, siglo XVII.
Cada mañana vuelvo a respirar
renazco sin memoria y necesito
recordar aprender todo de nuevo
mi desmemoria cubre lo que sé
de una capa de cera que el calor
del día ablanda y hace casi líquida
entonces salgo a ver como despierta
el mundo cada día es distinto
lo que sucede es nuevo irrepetible
lo sé por lo que escribo reconozco
mi letra en los papeles de mi mesa
y más tranquilo al ver que no se trata
de aquella maldición de la marmota
adopto la estrategia de las flores
y mi cáliz se llena de rocío
que apacigua la sed de las abejas
siento que en cierta forma su aguijón
rasga el velo que cubre mi memoria
y por esa hendidura los recuerdos
escapan en desorden convocados
por una flor de lis pintada en piedra
el canto de los pájaros el ruido
de una granja en el valle una campana
el violento color del algarrobo
o el paso de un avión que labra el cielo.
Y camino en la niebla y me deslumbro
cuando la luz se filtra en algún un claro.