Presentación del libro Mudanza en la Cripta del Cafetín Croché

El 20 de diciembre de 2019, presentamos el libro «Mudanzas», Alfonso Arias Parera y yo, en la cripta del Cafetín Croché de San Lorenzo de el Escorial. Reconozco que los versos de Mudanza son, las más de las veces, amargos. El acompañamiento del fondo musical, compuesto por Alfonso y la representación de ambos del tránsito poético, relativizaron esa amargura. No bien, el dolor humano visto desde las dimensiones del Universo, es indetectable. Creo que los asistentes pasaron un rato intenso y nosotros disfrutamos de conexión que con ellos conseguimos.

La experiencia fue posible por la organización de Chema Gómez Hontoria, dentro de su ciclo de Poesía en la Cripta.

 

Os ofrezco algunos vídeos y fotografías.

 


«629 vidas» de David Torres

esta poeta nacida en Kenia de padres refugiados somalíes y afincada en Londres, no me emocionaban tanto. Si lo acompañan con «las  fotos terribles de Yannis Behrakis (van a llorar, se lo aseguro)» escribe David Torres y yo me adhiero.

 

Stranded Iranian migrants on hunger strike, some with their lips sewn together, sit on rail tracks at the borderline between Greece and Macedonia near the Greek village of Idomeni November 25, 2015. REUTERS/Yannis Behrakis

 

 

Sólo abandonas tu hogar

cuando tu hogar no te permite quedarte.

Nadie deja su hogar

a menos que su hogar le persiga,

fuego bajo los pies

sangre hirviendo en el vientre.

Jamás pensaste en hacer algo así

hasta que sentiste el hierro ardiente

amenazar tu cuello.

Pero incluso entonces cargaste con el himno bajo tu aliento,

rompiste tu pasaporte en los lavabos del aeropuerto,

sollozando mientras cada pedazo de papel te hacía ver

que jamás volverías.

Tienes que entender que nadie sube a sus hijos a una patera

a menos que el agua sea más segura que la tierra.

Nadie abrasa las palmas de sus manos bajo los trenes, bajo los vagones,

nadie pasa días y noches enteras en el estómago de un camión,

alimentándose de hojas de periódico, a menos que

los kilómetros recorridos signifiquen algo más que un simple viaje.

Nadie se arrastra bajo las verjas, nadie quiere recibir los golpes, ni dar lástima.

Nadie escoge los campos de refugiados

o el dolor de que revisten tu cuerpo desnudo.

Nadie elige la prisión, pero la prisión es más segura que una ciudad en llamas,

y un carcelero en la noche es preferible

a un camión cargado de hombres con el aspecto de tu padre.

Nadie podría soportarlo, nadie tendría las agallas,

nadie tendría la piel suficientemente dura.

Los “váyanse a casa, negros”, “refugiados”, “sucios inmigrantes”,

“buscadores de asilo”, “quieren robarnos lo que es nuestro”,

“negros pedigüeños”, “huelen raro”, “salvajes”,

“destrozaron su país y ahora quieren destrozar el nuestro”.

¿Cómo puedes soportar las palabras, las miradas sucias?

Quizás puedas, porque estos golpes son más suaves

que el dolor de un miembro arrancado.

Quizás puedas porque estas palabras son más delicadas

que catorce hombres entre tus piernas.

Quizás porque los insultos son más fáciles de tragar que el escombro,

que los huesos, que tu cuerpo de niña despedazada.

Quiero irme a casa, pero mi casa es la boca de un tiburón.

Mi casa es un barril de pólvora,

y nadie dejaría su casa a menos que su casa lo persiguiera hasta la costa,

a menos que tu casa te dijera que aprietes el paso,

que dejes atrás tus ropas, que te arrastres por el desierto,

que navegues por los océanos,

“Naufraga, sálvate, pasa hambre, suplica, olvida el orgullo,

tu vida es más importante”.

Nadie deja su hogar hasta que su hogar se convierte

en una voz sudorosa en tu oído diciendo:

“Vete, corre lejos de mí ahora.

No sé en qué me he convertido, pero sé

que cualquier lugar es más seguro que éste”.

 

Poeta de cabra

poeta-de-cabra

Nació en abril de 1998 y desapareció con su número 8 en la primavera de 2000. Fue dirigida por Sonia Rincón, Juan Manuel Navas, David Torres y Julieta Valero. Guardo sus 8 números, de encuadernación y textura cálidas, tiernas, con devoción.

En Poeta de cabra publiqué los siguientes poemas:

 

El reloj que el marino Alí Bey encontró en la costa de los piratas, y los ensueños y horas desconocidas que pulen su esfera

 

a Gaspar Rey

Hoy ha llamado a la puerta el que dibuja un sueño, lo talla o lo funde, lo engarza y lo vende,
hoy ha venido el que elige el sueño en la cueva del decomiso, entre tantos otros en venta,
hoy me dijeron que vale tanto un verso como el vidrio y el cobre.

Sobre mi mesa hay pueblos de pescadores, que siguen mirando al desierto,
y hay cacatúas violáceas que comen agujas de reloj;
porque me han traído el ensueño y la hora desconocida,
y a los viajeros, sus largas historias, encantamientos y acrobacias.

Es una esfera fría en la mano y en los labios que sobre ella se posan.
Es imperfecta en su curvatura, donde le dieron un punto de apoyo,
para poder dejarla en la mesa, y mirarla y ponerse a soñar.
Es una esfera, y teje como las viejas, al descuido, extraños pensamientos.
¿ Cuál debería ser su nombre, el de alguna famosa embaucadora, o cualquier otro,
pájaro sobre el vientre de las mujeres, acaso pájaro del mar ?

¡ Oh, qué belleza había en las manos del artífice cuando trabajaban !
Cómo las imagino engarzando ensueños y horas,
nombres que vienen sin ser llamados, campos de aguas aceitosas y azules,
nombres que vuelven, y un horizonte que no pierde su color al ser alcanzado.

Hay un objeto sobre mi mesa o una multitud de pescadores,
viejas que ya no tienen un cielo en su vientre donde volar ,
sueños paseando desde las cosas a las fronteras.
Es una esfera fría que enseña cómo se fabrican la horas,
sin explicar por qué las agujas batallan,
el origen de su misterio.

 

El viaje

 

Dicen que los viajeros tienen ojos de arena,
y entre la gente fueron siempre extraños,
porque ninguna piel, ningún lugar,
les ofreció esperanza.
Dicen que cuando quedan detenidos,
sin ganas, sin dinero, o sin salud,
se sientan en cualquier rincón de un sueño,
y mueren de tristeza.

Dicen que el viaje es una gran mezquita de oro,
de donde parten
los áridos senderos de uno mismo.

 

Las murallas de Jericó

 

Os recitaré una y otra vez
las puertas de la memoria
puertas de Jericó
guardadas en su laberinto
hasta que caigan sus sellos.

a jan garbarek
Sobreponiéndose al murmullo
de la brisa, el rumor del viento
al rumor
el aullido de la galerna
al aullido
el golpear de los postigos
a los golpes
los ojos ensanchados por el miedo.

Sobreponiéndose al destello
del rayo, el contraluz del cuarto
al contraluz
la sombra del baobab en la roja sabana
a la sombra
la oscura boca del pozo de los sin luz
a la luz
los oídos asombrados por el silencio.

A la rosa
la fragancia de una judería
a la fragancia
el olor del agua balsámica
a los bálsamos
el salobre océano en los olivos
a la resina de sus troncos
como un trasiego de vino.

Al vino
el sabor de lenguas bulliciosas
a los labios
otros labios combativos
a las uvas
por sus manantiales dulces
a la sangre
el aleteo de la venganza.

A la piel
que recubre los senos las manos
a las manos
la piel sumergida
a la piel
y sólo a ella el sonido
de tu aliento malva.

 

Hexagrama

 

a Manotes

Aquí está el hombre incrédulo que malquiere a su señor, y murmura y reniega de sus símbolos, porque no hay señor que merezca respeto, si deja sus tierras en manos violentas y ambiciosas.

Aquí está el hombre, ¿o es un perro entrenado?, el que destroza la ropa, y no encuentra ni la carne, ni el hueso, ni siquiera la rabia; sólo el odio, que le une a su enemigo.

Aquí está el hombre; es ciego, y en su camino se detiene, y después de mirar al horizonte, recoge su mirada que alcanza el perfil de las hojas. Allí el hombre encuentra la luz, el color que antes no había.

Aquí está el hombre, está liando cigarrillos, que encendidos arroja a un océano nocturno, intentando que se alumbren sus límites. Pero el hombre se avergüenza, y piensa en una ruta, un faro, una estrella, un maestro que le ayude a cruzarlo.

Aquí está el hombre, hablando con los que siguen la enseñanza de un hombre venerable, mas sólo saben de ritos que enmascaran, de ritos que ordenan el vacío.

Aquí está el hombre, solo en un valle donde no quedan más lágrimas que las del rocío, ni más sendas que las holladas por otros hombres, ni más fin que añadir un trecho más al camino.

La moraleja

 

a David Torres

Estoy viviendo un tiempo antiguo, vosotros ya lo recordáis de alguna manera,
como nosotros recordamos el vuelo de un dirigible
o las viejas revoluciones de octubre y los acorazados rebeldes de Einsestein,
con la misma melancolía de lo que quiso ser y nunca terminó siendo.
Tanta rosa marchita en los fusiles,
tanta rosa acabada en anagrama,
tanta tormenta huérfana de viento.

Recordáis un inmenso valle y los hongos grises que cubrían las ciudades
y a lo lejos el mar llevándose el resto de aquel gran festín
y a los hombres contradictorios que ansiaban el sentido de las cosas
y no se conmovían con el anuncio de la extinción del tigre para el año dos mil quince.
Y a los que vinieron a la nueva Bizancio para aprender de sus códices y comer en sus despensas
– fue imparable como los ciclos que mueven la naturaleza,
nos entregaron la esperanza y ninguno la reconocimos -.
Las religiones convocaban espadas y las multinacionales compraban estados,
pero también había gente sin nombre que calmaba las heridas y el desconsuelo,
– aquellos que guardan las trincheras del hambre y la miseria,
haciéndonos sentir menos culpables -.

Cuando conoces el final de una historia, conoces su moraleja
y entonces, – si nos encontráis –
quizá recordaréis la anécdota que nos resume:
«Aquel murió colgándose de un sueño,
a ese no le alcanzó la gratitud
y esa pantera un día se hizo puma».

Esos serán, esos son vuestros recuerdos, no los míos,
y os atraen como las raíces tiran de las hojas, hasta secarlas en otoño.