Muerto de risa

cómo me gustaría seguir vivo

para poder escribir mis poemas

mientras la interminable serenata

de Sakamoto acompaña mi mano

pero hay algunos síntomas que me hacen

dudar de mi existencia

ese olor a camembert ya pasado

o al queso que compró mi padre en Francia

merde du diable se llama y así huele

las moscas familiares que me orbitan

como satélites enloquecidos

y los trozos de carne que como migas de pan

voy dejando a mi paso

es verdad que ahora sólo pienso poemas

porque solo me quedan los pulgares

una pena pues son

unos versos de muerte

jamás fui tan cachondo en vida y ahora

estoy muerto de risa

y es que una vez que mueres

acaba la tragedia

y te vuelves más cool

pues todo te resbala

Guerra

La Guerra, de Otto Dix

¿va a hacer falta aún más

para que despertemos

y la paz sea certeza?

creí que el siglo XX

nos lo había enseñado

cuando empieza una guerra

sólo hay algo seguro

el horror del horror

y la guerra es horror

pues la vida es posible

sin misiles sin tanques

sin campos de hambre y frío

en la televisión

parece una película

y de cerca también

pero el frío se siente

y no se sacia el hambre

y si oyes un disparo

un golpe te derrumba

y con suerte te mata

hay pocas guerras justas

y las que hay en verdad

son del justo deshonra

la gula del poder

alimenta a la guerra

más que el hambre de un pueblo

el poder es legítimo

sólo si representa

y nunca si se impone

ojalá despertáramos

porque estamos dormidos

cada uno a nuestro aire

ninguno con el viento

El color del cielo

El color del cielo

Sin dudar es azul, de un azul cielo,

aunque a veces sea gris, incluso arena roja,

no es ése su color, son las bajas presiones,

si el aire está tranquilo diría que es azul.

Mas al llegar la noche el aire se hace

invisible,

el aire ya no es cielo ni es azul,

el cielo es negro jaspeado de luces

que nos confortan en la oscuridad.

Gris

Gris

Pero quizá me hago ilusiones en el gris, sobre el gris.

                                    Samuel Beckett, “El Innombrable”

A José Ramón Pérez Álvarez-Ossorio en su 90 cumpleaños

qué potente es el blanco

un foco que deslumbra

y el poderoso negro

que no deja a la luz

ni perfilar la sombra

incompatibles viven

su certeza indudable

yo soy negro y tú blanco

cuando a los dos los ciega

la ausencia o el exceso

por eso me ilusiona

el gris perla o pizarra

con uno se seduce

con el otro se techa

nadie puede decir

cuál es el gris más puro

De puño y letra

De puño y letra

algunas nubes nunca llegan a su destino

avanzan decididas hasta que se evaporan

al cruzar una línea o una grieta invisible

otras ascienden desde el valle

tratando de surfear las cumbres

y se disuelven en su espuma

nada es seguro para una nube

salvo que nunca se pierde su agua

puede que sea riada o humedad relativa

las nubes son una forma del agua

una firma de puño y letra impresa en los cielos

que la gente del campo leía con soltura

Una tormenta inesperada

Una tormenta inesperada

En todas las montañas hay laderas sombrías

donde no llegan los rayos del sol

y criaturas sutiles se guarecen

presiento que conocen las respuestas que busco

o lo absurdo de mis preguntas

para qué la consciencia

acaso es parte de un diseño

o un accidente

una dolencia de la atmósfera

y esas criaturas

que viven tanto como los castaños

sabrán más que los efímeros seres

a los que alumbra el sol

hoy me apoyé en un árbol de esos que las cobijan

y creí escuchar un murmullo

que se fue con el viento

después olvidé mis preguntas

mientras corría buscando refugio

de una tormenta inesperada