la lentitud llegó
desconocida
calmó mis movimientos
dejando seco el cauce
deteniendo la rueda
hasta dejarme inerte
fósil
mis ojos húmedos
Poema leído por Jesús Urceloy
Obra literaria
la lentitud llegó
desconocida
calmó mis movimientos
dejando seco el cauce
deteniendo la rueda
hasta dejarme inerte
fósil
mis ojos húmedos
Poema leído por Jesús Urceloy
En la próxima vida
quiero ser seta, seta, seta,
para que tu figura
no me deslumbre como el sol poniente
ni tu olor me sofoque hasta perder el sentido.
¡Ay, qué dolor!
Ya no arderé, al rozarte,
como la hierba seca, seca, seca.
Y aun así,
en la próxima vida
no quisiera quemarme,
que quisiera ser seta, seta, seta
bajo un pino, esperando
que el aire me esparciese.
Sin saber qué es sentir,
sin llanto, sin fulgor.
Leído por María Nevado Caballero, actriz y gran maestra que me enseño que leer un poema es como tocar el piano, hay que aprender y hay que ensayar para ofrecer al oyente la mejor experiencia.
Esto no es lo pactado.
La vida me salió por peteneras,
su letra no ritmaba con mis sueños.
Rompí su partitura,
minúsculas partículas
que volaron: espíritus nonatos
atraídos por la luz de las estrellas.
En solitario haría mi acrobacia
allá en el territorio de la nube.
Y cuando me dispuse a descansar
sobre su húmedo vientre,
la horrible partitura estaba allí,
unidos sus pedazos con artes invisibles.
Miré hacia arriba, donde el negro espacio
refugia a los arcángeles.
Miré a derecha e izquierda
buscando algún espíritu bufón.
Miré abajo esperando una risa.
Nadie.
Nadie.
La noche era propicia
y me ofreció una estaca
de espino blanco.
Atravesé mi pecho.
Te buscaba ¡vampiro, ángel, bufón!
Atravesé mi pecho y
la herida no sangraba.
La vida no usa negros
ni ángeles ni demonios,
ella escribe sus propias partituras
y rara vez incluye otras canciones.
Sin salidas, aullé
a la roja crisálida
hasta quedar dormido.
Me despertó
el canto de una ninfa que, alzada en lianas de ébano,
bendecía los múltiples caminos
nacidos con el día.
A cada uno cantaba una canción.
Yo tomé uno cualquiera
y caminé silbando
las notas de la ninfa
mezcladas con el viento.
En esta ocasión, el poema lo lee el actor Borja Gutierrez-Semprún.
El I Ching me aconseja ser modesto
y generoso para compartirte.
Soy la línea más débil que soporta
las cinco fuertes vigas de tu karma.
Si el deseo murió en ambas orillas
el río por su cauce fluye manso
y se construyen nuevos puentes
con materiales perdurables.
Mas si queda el deseo en una de ellas
el río se transforma en mar
que embravecido arrasa
las bahías y los puertos.
Ya no hay muelles ni puentes
solo una playa sucia
por la que nadie quiere caminar.
Las piernas son mercurio
cuando llega el fracaso,
aurora silenciosa
que con mil toneladas de cascotes
oprime el pecho
y hace que el fracasado tenga ese aire
de hombre rendido.
El fluir del pensamiento cesa
cuando llega y se estanca,
las ideas se posan
sobre un fondo enlodado.
Sólo las huellas de los dinosaurios
darían sentido a ese limo,
pero no,
es el alma de cieno
del fracasado.
Ya no siente.
De no querer sentir,
el fracasado ya no siente.
Se entera de su vida
si se la cuentan en la radio
mientras friega,
mientras suda,
mientras fracasa.
Pero en la silenciosa aurora,
aún queda el hombre invicto,
un samurai acorralado
que no duda y envaina su katana.