Las manos

Una mano se ofrece transparente

más allá del alcance de mi brazo.

Otra que supe amante me incrimina

y si intento tocarla se desprende

su piel como corteza centenaria.

Hay otra, más cercana, que nació

entre mis dedos y ahora los rehúye.

Hay tantas otras manos que olvidé

incluso las que siempre están ahí,

las mías que inconscientemente muevo,

las únicas que tengo para alzarme.

Fugaces tus ojos

A ella

¡Ay! fugaces tus ojos,
buscando en los míos respuesta,
tatuaron tu vientre en mis noches
y ahora apenas despierto,

apenas sé quién eres
y ya mi cuerpo te reclama
como si tuviera memoria
de un éxtasis futuro.

Apenas sé qué siento
y mi boca huye de mi boca,
y mi piel me abandona, vela
que arranca el temporal

y vuela sobre el cauce
de tu espalda. Sueño y tu cuerpo
sueña con lenguas que recorren
tus entrañas, con hojas

de acanto que eyaculan
en tu nuca, con sueños húmedos
que te hipnotizan y disfrazan
la estrategia del celo.

Joker

cuando meten a Dios por medio
siento que me hacen trampa
que sacan de la manga un comodín
incontestable como la sonrisa
beatífica en sus rostros

y no es ése mi juego en mi baraja
no existen comodines
trío y pareja es full y no hay un joker
en el que refugiarse

Nieve

A Ana Gutierrez-Semprún Urdiales

los sonidos del bosque se ecualizan
el idioma del cuervo es un hacha y golpea
el crujir de los pinos vencidos por la carga
no oculta el de mis pasos
y nada se interpone a los ladridos
que llegan desde un lienzo vaporoso

el cielo de las almas buenas debe ser así
pero sin frío pues nos las imaginamos
en sandalias con túnicas de lino
y rostros somnolientos
un lugar incoloro
con excelente acústica

en la nieve soñamos bien despiertos
porque no somos ángeles soñamos
como corzos atentos al peligro

Érase una vez

A Inés Estebaranz

Quieres que te cuente un cuento, un cuento
que no sea el de María Sarmiento,
que no tenga siseñores con patas verdes,
que no juegue a ni que sí ni que no
sino todo lo contrario.

Te defraudan los mayores – sus prisas,
sus ausencias, su cambiante alegría –
también ellos escucharon los mismos cuentos
y parece que olvidaron su magia.

En tus ojos asombrados no ofreces tregua.
Por favor abuelo, cuéntame un cuento
y algo tendré que ofrecerte,
una historia, una leyenda
que se cuenta al extranjero recién llegado,
y esconde la verdad con princesas rescatadas
porque si yo te contase…

Quieres que te cuente un cuento… 

                                                                            érase una vez
un país imaginario, una casa de madera,
una familia y dos gatos que hablaban.

Cuántas cosas

Cuántas cosas soy,
un bastón
un sello, una mano,
una brújula
o la laca
sobre la que el sello
imprime mi signo.
Y también soy nada
y soy vida
que lucha en el caos.
Cuántas cosas más
que nunca sabré.