Los pájaros

Los pájaros que pierden las alas ya no vuelan
y siguen siendo pájaros,
igual que el visionario que un día se deslumbra
todavía conserva
el hábito del vuelo.

En los tiempos vacíos la duda debilita,
y por esa razón, queremos ver,
queremos distinguir en las visiones
una luz, una sombra omnipresente,
queremos componer
con palabras cercanas un canto general.

Y qué mejor manera de sestear la tristeza
que volver a intentar lo nebuloso,
el pulso de los pájaros
que sostienen el mundo.
¿Quién no busca el extraño vendaval
que asciende y se distancia?
¿Quién, si no murió ya, duerme en sus sueños?

Esperancitas

Esperanza por qué, si no hay razones
y sin embargo, vivo de esperanzas,
esperancitas, más bien, para el viaje,
encontrar lo perdido, que ella esté,
que la lluvia se atrase y llegué al cine.

La vida es un casino
y nadie hace saltar la banca.
Entran despreocupados,
seguros de su suerte
y si aguardas afuera, cuando salen
desnudos, sin mirada, todo es pérdida.

En un casino sobran los curiosos
¡abran juego, señores!
un jugador juega aunque le hagan trampas,
se sabe perdedor desde un principio
y le aburren los juegos sin ardides.


Esperanza por qué, me voy contento
si sorprendo a la vida en un renuncio

Diáspora

Mis hijos son valientes,
capitanes de naves singulares,
decidieron surcar océanos diversos.

Una, la más temprana, navegó de grumete al oscuro norte
donde aprendió del aún más oscuro corazón de los hombres.
Se amotinó contra un capitán tuerto del alma y manco de compasión.
Lo lanzó por la borda y cambió el rumbo en busca de aguas tranquilas,
donde hay islas feraces
que alientan a construir palacios de madera,
sin puertas y rodearlos de auroras.

La segunda navega en solitario,
capitana de sí misma persiguió una estrella,
y atada a lo más alto del mástil acarició su destello,
su barco la seguía despegando de las olas.
En las cantinas húmedas de algunos puertos,
corre de boca en boca la leyenda
de un navío que corta las olas del céfiro,
con velas que parecen bandadas de albatros.

El tercero, dudó en perseguir su destino
hasta una noche en que anidó en sus sueños.
Salió de madrugada al bosque,
sus brazos eran hachas,
y con ellos cortó madera de tejo para construir una nave
que cruzara los mares que separan a los hombres.

Mis hijos son valientes, eso es indudable,
hoy ofrecí a los dioses más ancianos
cien piedras recogidas en cien playas
para que protejan su rumbo
y no pierdan su destino.

LUMBALGIA

             

no me extraña el diagnostico lumbalgia
el doctor no lo entiende es la cabeza
insisto y me sonríe tontamente
la cabeza y no solo su tamaño
que es notable también su densidad
después de tantos años acumula
recuerdos de montañas y de auroras
boreales estallando en la ventana
de un vuelo comercial y una pirámide
y templos muchos templos a los dioses
y también el sabor de los manjares
que existen en Oriente y Occidente
y el del melocotón que cae del árbol
y de todas las músicas que afirman
los recuerdos de viajes y de amores
ay de amores su tacto su fragancia
un fragmento de piel de su textura
son quintales de iridio sobre el hombro
también hay mucho fango oscuro y denso
que aunque es mejor dejar que se composte
no hay que olvidar que pesa como un ancla
doctor es la cabeza si no mire
los ancianos no crecen disminuyen
se encorvan y se arquean sus andares
y no es falta de calcio en su esqueleto
es el peso creciente en su cabeza

EL PÉNDULO MÍSTICO


(Glosa a Pseudo Dionisio Aeropagita)

no es ánima ni mente

no es carne

no es número ni es orden ni grandeza,
pequeñez, igualdad, desigualdad,

no hay nadie al otro lado
de la puerta que impida el tránsito

no es imaginación ni pensamiento
ni opinión ni razón, no es fuerza

no hay puerta ni hay pared
ni nada es blanco

no es luz, ciencia o milagro, potestad
o sabiduría

no hay nadie, no hay palabras
ni alguien que las escuche

tampoco es filiación, paternidad
ni hermanamiento

no hay nadie, nadie ni nada

no es uno, no es bondad, divinidad
ni espíritu

no hay palabras

no es sustancia ni edad ni tiempo

no hay nadie

no es error ni engaño

acaso nada

no es tiniebla ni luz

nadie

no es verdad

nada

Fotografía de Alfonso Arias Parera

CHERNOBYL

A Pedro Díaz del Castillo 

                                                               

Me recomienda un libro, es mi amigo Pedro.
De Lovelock, como siempre, ni idea de quién es.
Desde que lo leyó, ya no se siente ombligo,
ni siquiera ano. Ha de ser buen libro.
A mí también me cansa la ombliguez,
nuestra ombliguez de mono sabio
que imagina que sabe la verdad
y eleva a los altares su ignorancia,

que cree que contando los años atrapa al tiempo,
y le pone principio cuando nace un dios
y comienza a contar, cien, quinientos, mil años
y cada mil espera el fin del Mundo
y se suicida en grupo
o se reúnen al son de una campana
implorando a los dioses.

Y cuando habla del mundo
se lamenta del daño que hemos hecho,
cree que ya está muy cerca su fin.
Y solo es un suicidio, el nuestro.
El planeta suspira por librarse de esta plaga.
Todas las bestias saben
que peor que Fukushima o Chernobyl
es la huella del hombre.


Del libro “Mudanza” Ars Poética, 2019

Imagen de Alfonso Arias Parera