«629 vidas» de David Torres

esta poeta nacida en Kenia de padres refugiados somalíes y afincada en Londres, no me emocionaban tanto. Si lo acompañan con «las  fotos terribles de Yannis Behrakis (van a llorar, se lo aseguro)» escribe David Torres y yo me adhiero.

 

Stranded Iranian migrants on hunger strike, some with their lips sewn together, sit on rail tracks at the borderline between Greece and Macedonia near the Greek village of Idomeni November 25, 2015. REUTERS/Yannis Behrakis

 

 

Sólo abandonas tu hogar

cuando tu hogar no te permite quedarte.

Nadie deja su hogar

a menos que su hogar le persiga,

fuego bajo los pies

sangre hirviendo en el vientre.

Jamás pensaste en hacer algo así

hasta que sentiste el hierro ardiente

amenazar tu cuello.

Pero incluso entonces cargaste con el himno bajo tu aliento,

rompiste tu pasaporte en los lavabos del aeropuerto,

sollozando mientras cada pedazo de papel te hacía ver

que jamás volverías.

Tienes que entender que nadie sube a sus hijos a una patera

a menos que el agua sea más segura que la tierra.

Nadie abrasa las palmas de sus manos bajo los trenes, bajo los vagones,

nadie pasa días y noches enteras en el estómago de un camión,

alimentándose de hojas de periódico, a menos que

los kilómetros recorridos signifiquen algo más que un simple viaje.

Nadie se arrastra bajo las verjas, nadie quiere recibir los golpes, ni dar lástima.

Nadie escoge los campos de refugiados

o el dolor de que revisten tu cuerpo desnudo.

Nadie elige la prisión, pero la prisión es más segura que una ciudad en llamas,

y un carcelero en la noche es preferible

a un camión cargado de hombres con el aspecto de tu padre.

Nadie podría soportarlo, nadie tendría las agallas,

nadie tendría la piel suficientemente dura.

Los “váyanse a casa, negros”, “refugiados”, “sucios inmigrantes”,

“buscadores de asilo”, “quieren robarnos lo que es nuestro”,

“negros pedigüeños”, “huelen raro”, “salvajes”,

“destrozaron su país y ahora quieren destrozar el nuestro”.

¿Cómo puedes soportar las palabras, las miradas sucias?

Quizás puedas, porque estos golpes son más suaves

que el dolor de un miembro arrancado.

Quizás puedas porque estas palabras son más delicadas

que catorce hombres entre tus piernas.

Quizás porque los insultos son más fáciles de tragar que el escombro,

que los huesos, que tu cuerpo de niña despedazada.

Quiero irme a casa, pero mi casa es la boca de un tiburón.

Mi casa es un barril de pólvora,

y nadie dejaría su casa a menos que su casa lo persiguiera hasta la costa,

a menos que tu casa te dijera que aprietes el paso,

que dejes atrás tus ropas, que te arrastres por el desierto,

que navegues por los océanos,

“Naufraga, sálvate, pasa hambre, suplica, olvida el orgullo,

tu vida es más importante”.

Nadie deja su hogar hasta que su hogar se convierte

en una voz sudorosa en tu oído diciendo:

“Vete, corre lejos de mí ahora.

No sé en qué me he convertido, pero sé

que cualquier lugar es más seguro que éste”.

 

LA MONEDA

Cara

“La verdad es el prófugo que se oculta y sobrevive; la mentira habla en las tribunas y baila en los salones”. Ella y él formaban un ser único y así lo pregonaban sus actos. Se tiraron los trastos a los diez años y no volví a verlos juntos; unos meses más tarde iban diciendo que se habían cansado del engaño.

 

Canto

“Es cuestión de intensidad, la verdad y la mentira son como los grises: perla o tormenta, fraile o media”. Robé un día a mis amos para dar alimento a mi pueblo. Allí erigieron mi busto, donde acaba la avenida. He clavado una foto en la pared gris de mi celda.

 

Cruz

“La verdad se multiplica en el pánico hasta anularse a sí misma. La mentira persiste en los mentideros y se acrecienta”. Indignados, salimos del salón. Nadie había atendido a las razones del otro. Pero todos nos sentíamos respaldados por una causa justa. Mientras, el enemigo nos cercaba.

Tritón con acordeón

Juan Carlos Mestre es una sirena, aunque por razones de sexo, más bien sería un tritón, un Dios Tritón asirenado, que en lugar de caracola se acompaña con su acordeón, porque su voz calma o agita las olas por sí misma. Su sonido envuelve al espectador que entra en el poema y se pierde en la voz. Mestre sería capaz de embelesarnos leyendo las Páginas Amarillas, tal es la capacidad de su voz para atraparnos. Y cuando en un mismo ser se une la materia orgánica con un espíritu despierto y sensible, ocurre una singularidad desnuda, separada de nuestro espacio-tiempo, que se llama belleza.

Disfrutad de este juglar.

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Prima Littera

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La dirigieron, entre otros, Arturo LedradoJosé Luis Morante. Tenía un excelente diseño y contenido. En su número 10 publiqué este poema:

 LIMPIEZA ÉTNICA

 

Una calle cualquiera puede ser luminosa

o los escombros sobre los que juegan
los niños harapientos
y una playa cubrirse de sombrillas
y toldos bicolores
o estar crucificada con alambre
su arena mutilada.

Un valle puede ser verde y extenso,
un valle de trincheras,
y el puente que frecuentan los amantes,
un puente defendido del asalto.

Un nombre me recuerda una ciudad
o un campo de exterminio a sus afueras

y dos palabras limpias el éxodo de un pueblo.

 

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