El arpón

Difícilmente logro no mirarte

cuando pasas desnuda

a mi lado y repito:

“es un fantasma, un súcubo”.

Cuando amarré mi barco

a tu muelle, pensé

que era puerto seguro.

Y era ballena blanca,

incansable,

que, ciega, me arrastró sobre las olas

como el cabo cortado de un arpón.

Me soltaré algún día,

no es más que abrir las manos

y dejarse llevar, mientras tu estela

se aleja

buscando el horizonte.

Hace tiempo aprendí que la intuición

es más que una sospecha,

es el mismo recuerdo del futuro.

Dualidad

a Antonio Rómar

es oscuro y brillante                    murciélago y luciérnaga
descarnada alimaña                    de la noche horizonte
es el suelo que piso                    y es la nube huidiza

              secuoya inmarcesible aleteo de colibrí
              una flor receptiva el penetrante aguijón
              no existe la pureza tampoco la quietud

los cambios son el viento           dispersa las semillas
las pesadas no llegan                 las ligeras se pierden
quién tiene la medida si depende del viento

La fórmula

Claro que el tiempo pasa,

es el lógico fluir del Universo,

de todo lo que abarca materia y energía.

El tiempo pasa,

no se detiene,

un instante sucede y no retorna,

lo que aquí estuvo, ahora está en otro lugar,

es un dios o herramienta independiente

que como fina lluvia va lavando la vida,

la materia de roca o de moho son lo mismo

para ese dios metódico

que en la fórmula mágica

es variable invisible.

Pero en aquella fórmula hay otra variable

olvidada, quizás oculta,

la materia consciente, minúsculas partículas,

chispazos de dolor

que de un ascua golpeada se desprenden.

Y sufrimos tú y yo y la ballena

que se sumerge y siente como el mar la abraza

en su última inmersión.

Chispazos de dolor

que se rebelan contra el despótico dominio

del tiempo y la energía,

de la materia inerte que no nos considera.

El diccionario

                            “Me. We” Muhammad Ali

Azótame hasta que recuerde mi nombre,

no aquel que mis padres al azar eligieron

ni el que mi rango en mis tarjetas .

Azótame hasta que recuerde ese nombre

que uso en el sueño y se pierde en la mañana,

nombre desnudo de familias y títulos

nombre que es único y que olvidamos por miedo.

Es una palabra que a cada uno define,

palabra muda que adquiere su sentido

con otra, suelta es silencio y junto a ellas

es pensamiento, canción, saludo, verso.

Azótame hasta que comprenda que existo

porque soy palabra imprescindible, adverbio

quizás una simple conjunción necesaria.

SpainVid

un ratón no ama a un gato es cosa rara

pero cuando la casa arde huyen juntos

sólo los inquilinos del inmueble

siguen con sus disputas unos y otros

pretenden que su voz se escuche nítida

y las llamas devoran ya la casa

El anillo

a Jesús Urceloy

recuerdo el tintineo del anillo
mientras mi madre agita
el vial de la inyección entre sus manos
y el olor a Eau Sauvage de aquel beso
así son mis recuerdos un olor
un sonido que evocan una imagen
borrosa una película velada

recuerdo tu rebeca de croché
guiándome por las calles de Kioto
y el sabor a agave del mezcal
con que nos dimos ánimos
para mirar al sol en su pirámide
aunque quizá el recuerdo es más nítido
si viene de la piel como si el vello del viento
pudiera grabar sobre ella detalles
que los otros sentidos no perciben
porque no son del mundo de la física