cuando no llegan
porque no tienen ganas
o porque tú ya no eres cauce
te ves en un reflejo y no te gusta
eres un proxeneta un escritor
que las tortura y las explota
hasta exprimir su esencia
y marchitarlas
Obra literaria
cuando no llegan
porque no tienen ganas
o porque tú ya no eres cauce
te ves en un reflejo y no te gusta
eres un proxeneta un escritor
que las tortura y las explota
hasta exprimir su esencia
y marchitarlas
Tengo una desazón,
dos relojes que dan
las horas a destiempo,
un carné, ya en sus bordes
amarillo por el óxido
que dejaron los años
y en la cabeza planes
para llenar un siglo.
El maldito carné
dice sesenta y dos
años y en mi cabeza
apenas cuento treinta,
a lo sumo diez más,
por mi mala memoria.
No sé si echar el cierre
o sacar las maletas
y empezar la aventura,
no sé tirar la toalla
ni tirar adelante.
Carpe diem me dicen
mientras la desazón
me tiene secuestrado
y no aprovecho el día.
Difícilmente logro no mirarte
cuando pasas desnuda
a mi lado y repito:
“es un fantasma, un súcubo”.
Cuando amarré mi barco
a tu muelle, pensé
que era puerto seguro.
Y era ballena blanca,
incansable,
que, ciega, me arrastró sobre las olas
como el cabo cortado de un arpón.
Me soltaré algún día,
no es más que abrir las manos
y dejarse llevar, mientras tu estela
se aleja
buscando el horizonte.
Hace tiempo aprendí que la intuición
es más que una sospecha,
es el mismo recuerdo del futuro.
a Antonio Rómar
es oscuro y brillante murciélago y luciérnaga
descarnada alimaña de la noche horizonte
es el suelo que piso y es la nube huidiza
secuoya inmarcesible aleteo de colibrí
una flor receptiva el penetrante aguijón
no existe la pureza tampoco la quietud
los cambios son el viento dispersa las semillas
las pesadas no llegan las ligeras se pierden
quién tiene la medida si depende del viento
Claro que el tiempo pasa,
es el lógico fluir del Universo,
de todo lo que abarca materia y energía.
El tiempo pasa,
no se detiene,
un instante sucede y no retorna,
lo que aquí estuvo, ahora está en otro lugar,
es un dios o herramienta independiente
que como fina lluvia va lavando la vida,
la materia de roca o de moho son lo mismo
para ese dios metódico
que en la fórmula mágica
es variable invisible.
Pero en aquella fórmula hay otra variable
olvidada, quizás oculta,
la materia consciente, minúsculas partículas,
chispazos de dolor
que de un ascua golpeada se desprenden.
Y sufrimos tú y yo y la ballena
que se sumerge y siente como el mar la abraza
en su última inmersión.
Chispazos de dolor
que se rebelan contra el despótico dominio
del tiempo y la energía,
de la materia inerte que no nos considera.
“Me. We” Muhammad Ali
Azótame hasta que recuerde mi nombre,
no aquel que mis padres al azar eligieron
ni el que mi rango en mis tarjetas .
Azótame hasta que recuerde ese nombre
que uso en el sueño y se pierde en la mañana,
nombre desnudo de familias y títulos
nombre que es único y que olvidamos por miedo.
Es una palabra que a cada uno define,
palabra muda que adquiere su sentido
con otra, suelta es silencio y junto a ellas
es pensamiento, canción, saludo, verso.
Azótame hasta que comprenda que existo
porque soy palabra imprescindible, adverbio
quizás una simple conjunción necesaria.